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de reventar. “Puje más fuerte”, dice el viejito y el cara de una jirafa”, exclama alguien más. A nadie le importa
niño puja, y Emilia lo alienta: “Ya casi, gordito, échale que el cara de niño tenga el ano desgarrado y se esté
ganas”. El Cruz Azul y el del traje le echan aire con un desangrando. “Esto se podría vender en una galería de
fólder y un cuaderno respectivamente, la doña que va arte y ganar millones de pesos”, dice alguien. El gordito
al lado del gordito tiene cara de que se va a vomitar en se ha desmayado.
cualquier momento; la de rosita tiene los ojos cerra- “Servidos, señores”, dice el chofer. El seguro cede,
dos, no sé si duerme, si reza, o si tiene asco, o las tres; y la de rosita, al estar recargada sobre la puerta se escu-
yo tengo ganas de un elote; el chofer está fumando y rre cuando ésta se abre. El viejito se quita las bolsas y
enrarece el ambiente. Me dan ganas de decirle que me se baja detrás del Cruz Azul, luego bajan dos gorditos.
dé las tres. Emilia está desolada y llora, toma por las axilas al
“Puje, puje”, le animan todos, y el cara de niño cara de niño para bajarlo. Lo recuesta sobre la banqueta.
puja tan fuerte que se le sale el primer gas mortífero Bajo yo y luego el resto de los que iban en la combi. En
y la primera en sorberlo es la doña, que cae fulminada el vehículo se quedan el del traje, la de rosita, la doña y
al instante. La de rosita empieza a vomitar y todo el la gordita ojete que no me dejó sentar bien; ahora son
vómito le cae al Cruz Azul y a Emilia, pero ésta no se problema del chofer.
enoja, es más, le ayuda a la de rosita a limpiarse. No Me apresuro porque son ya cuarto para las doce
es sufi ciente: el cara de niño sigue aullando de dolor. y si no “No cenas y no tomas”. Volteo a ver a Emilia
El viejito pregunta si alguien tiene guantes. “Es por última vez. No se escucha ya que el cara de niño se
que hay que meter mano”, advierte. La gordita que lamente. Emilia lleva la bolsa con las cacas en la mano
va a mi lado le tiende dos bolsas, de esas de Aurrera. derecha, con la izquierda arrastra, o intenta arrastrar,
“Ni modo, aunque sea con esto”, dice el viejito. Se las al cara de niño. Desiste. Abandona el cuerpo y la pierdo
pone y pide que alguien le ayude. “¿En qué te ayudo, de vista.
maestro?”, pregunta el Cruz Azul, estoico: aún tiene Seguramente mañana cuando encuentren el
vómito sobre la espalda. “Ábrele las nalgas cuando yo cuerpo dirán que fue un ajuste de cuentas: “Matan al
te diga”, ordena el viejito y el Cruz Azul se dispone a líder de una célula que trafi caba en la zona”. Y el cara
obedecer. La doña, al lado del cara de niño, va cabe- de niño será El Gordo, o El Mai, o El Bolillo, probable-
ceando contra la ventana luego de desmayarse, pero mente sea… ¿y mi cartera?
el más cercano a ella, otro gordito, la auxilia, aunque Pinche madre. Trato de recordar, pero no, sí.
se está pasando de lanza porque ya van dos veces que Seguramente se me cayó en la pinche combi, y ahora
le mete mano en el escote. es problema del chofer. Cinco mil pesos a la mierda.
“Muerde esto, gordito”, le dice Emilia al cara de Mierda con forma de elefante.
niño y le pasa un suéter para que lo muerda a manera Me duele el estómago y parece que escucho al cara
de mordaza. A un mismo tiempo y coordinados, el Cruz de niño burlándose de mí. “Paciencia”, dice Grimes, pero
Azul abre las nalgas del cara de niño y el viejito mete sé que Grimes no puede decir “paciencia”.
mano. El gordito aúlla, pero el suéter apaga el alarido. El cielo se llena de pirotecnia. Son las doce. Mejor
Sale otro gas mortífero que tunde y desmaya a la de camino despacito.
rosita y al del traje, pero no sale nada más.
“Ya viene”, grita el viejito, y cuando escucha esto,
el cara de niño puja más fuerte y los ojos parece que se
le van a salir. Sale otro gas mortífero y la gordita que
va a mi lado se desmaya, la empujo y cae al suelo, por
fi n puedo sentarme cómodamente.
“Ya falta poquito”, grita el viejito. El cara de niño
puja con todo lo que tiene y se escucha que algo se
rompe. Un sonido rarísimo.
“Ya está saliendo la caca”, dice el viejito. Y la caca
se estrella contra la bolsa de plástico.
“Pues con razón no podía, miren el tamaño de
esto”, exclama el Cruz Azul. Todos miran sorprendidos
las cacas gigantes del cara de niño. “Estas cacas son del
tamaño de mi puño”, dice un primero. “Miren, tienen Jorge escribe cuentos de gallinas y mongoles, le gusta el pay de limón, la cerveza y las
forma de elefantes”, dice un segundo. “Esta parece películas de Wes Anderson, aunque siempre se queda dormido.
62 PALABRIJES 19-20 • ENERO-DICIEMBRE 2018

