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Más tarde, nos ubicábamos afuera del hotel vibrar la sangre de todos los presentes. En mi interior,
Mazatlán, famoso por los incontrolables encuentros una locura incontrolable estaba danzando al son de los
sexuales sin protección entre hombres de toda la ciudad. mantras en otro dialecto. Una señora, jugando a ser
Era casi el atardecer y el cielo se estaba pintando de un ciega, cantaba una canción en nombre del desamor.
color fuego, de forma automática. Armando Baena y Y justo detrás de ella, venía otro actor de la ceguera.
yo nos despedíamos. No sé por qué. Él vivía con una Pachipedos. Vino y mota. Calzones blanco y negro. Un
mujer en el hotel Mazatlán, pero no participaba en hotel de época. Estábamos en otro lugar. En un pueblo.
ninguna de las orgías que se llevaban a cabo ahí dentro. El pacto. Lealtad. Hicimos el amor pachipedos. Cogimos
Fernanda y Paco ya no estaban y solo me acompañaba como bestias. Sin condón. Sin barreras. Piel contra
David. Me compré una chamarra usada de Jimi Hendrix, piel. Salían de nuestras bocas sonidos de otro mundo.
justo afuera del hotel y justo a tiempo para emprender
nuestro camino a pie. Ya era el atardecer y yo rompí D
en lágrimas. Estaba madreado. Tal vez mis lágrimas se Los sueños cesaron y la locura se calló, tan solo para
debían a mi despedida con Armando Baena; tal vez se dar paso a algo más surrealista que el surrealismo y a
debía a que ya iba a entrar a mi organismo el síndrome algo más loco que la misma Ciudad de México. En una
de abstinencia; tal vez no sé. Mi llanto sonaba horrible vecindad, donde familias enteras habitan, y esposos
por mis heridas internas y externas. David y yo nos follan frente a sus hijos debido a la falta de espacio, ahí,
perdimos en las calles abarrotadas de garnachas, de donde los olores de milanesa y arroz batido se mezclan
puestos de chácharas, de esquinas de basura y de gente con los de la basura y la humedad, justo ahí fue que me
ignorante, pero feliz, dentro de todo. enamoré de Ernesto. Y precisamente en un cuarto, en el
que hicimos el amor, frente a Carlos Monsiváis, frente
C a Alejandra Pizarnik, frente a Robert Mapplethorpe
El metro de la Ciudad de México. Surrealista. Mucho. y Homero, frente a ropa que se vende a veinte pesos
Demasiado. En el camión, un fulano con cara de ratero en Pino Suárez, justo ahí, fue que nos reconocimos.
se subía a cantar en nombre de todas las madres, con Estábamos envinados. Estábamos pachecos, pero eso
una música distorsionada e incontinua, por culpa de me hizo entender que quizás estaba frente a un gran
la grabadora. En el metro, tambores africanos hacían amor. Nos desnudamos. Nos tocamos. Nos besamos.
68 PALABRIJES 19-20 • ENERO-DICIEMBRE 2018

