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ngresamos: Miguel adelantado en la borrachera, y jala sus calzones, deja la verga al descubierto: una
Vicente con la energía para platicar toda la ma- liga lo rodea fuertemente, lo constriñe a mantenerse
Idrugada y yo con el atuendo indispensable: mis sólido. Pero es miserable, parece que está pensando
zapatos de baile, esos que cuando camino dejan una más en las gorditas de la esquina (¡ah qué chingonas
huella que dice «¡salsa!»; una playera verde angustia, son!) que en ponerle enjundia a su número. Quizás lo
unos jeans ajustados y mi chamarra de los Pumas. El compadezco: es probable que haya recurrido al alcohol
lugar es sombrío, cierra a las siete de la mañana. Un para vencer su hastío con el trabajo. Se larga de ahí con
lugar de ambiente donde pululan asimétricos el gremio algunos entumidos aplausos.
homosexual con la comuna lesbiana, la flota transexual Hay una pausa breve. Miguel está más borracho.
con el colectivo travesti y el sindicato de curiosos. Vicente baila, y yo platico con mis comadres trans:
Hay una pista en el centro, casi improvisada; las luces amigas del ejercicio, tienen coquetas sonrisas en cada
líquidas lamen los rostros de neón. músculo abdominal, glúteos redondísimos, ágiles
Pedimos cada uno cerveza de barril. A un alegre piernas... y unas historias que van de lo sublime a
mesero le pagamos los treinta y cinco correspondien- lo Tepito, de lo Tepito a la Condesa, narradas con la
tes. Desde una mesa, unas chicas trans nos saludan adarga siempre en la lengua.
coquetas, nos levantan la ceja, súbitamente se voltean Viene el último número. Resuena una salsa de
para presumir unas espaldas fuertes y delgadas a fuerza Maelo Ruiz: pasan las horas, pasan los días. Aparece un
de dietas, gimnasio y píldoras. Bebemos despacio hombre de porte recio y agradable, un cuarentón
mientras comienza el espectáculo: se anuncia bien conservado. Pide con el micrófono que
Mariana, un mujerón de uno ochenta de bajen el volumen de la música. Trae unos
estatura: para todas las grandes señoras… calzones al estilo del Hijo del Santo con una
lenchas. Canta con una tonificada voz y erección poco disimulada. Baila un poco,
unas afinadas uñas, algunas canciones mueve sensualmente los firmes múscu-
de Jenny Rivera: vas a comprender y a los; unos gays de una mesa cercana se
respetar quién soy / si no es por las bue- emocionan, chillan enloquecidos (¡qué
nas pues será a madrazos. El público le locas!). El Santo se les acerca, les baila, les
aplaude enloquecido le arroja floridos tensa el abdomen y los bíceps en la cara.
halagos y algunos floreados condones. Con Pide que se animen, que bailen y muevan
mucha gracia y con sus noventa kilogramos el culo mientras aplaude y hace rodeos en el
de frescura se abre paso entre la concurrencia y escenario. Convoca a la pista a alguna muchacha
desaparece entre nunca hipócritas declaraciones de o muchacho. Nadie sale, tememos el escarnio. El Santo
amor y alaridos. vuelve a convocar, todos quieren pasar desapercibidos.
Luego ocupa la pista un travesti, que recién ra- El Santo toma una silla antes de que caiga el
surado de las piernas y la barba entra palmoteando. espectáculo, la coloca en el centro, luego escoge: un
Seguimos atrás, al lado de nuestras amigas trans, be- muchachito gay, apenas asomando su rostro de los
bemos complacidos pero esperando que anuncien un dieciocho años, vestido con un ridículo chaleco gris
nombre. Comienza el travesti con un playback de Thalía. y pantalones de vestir con la rayita del planchado
Renovada sensación: resalta su figura bajo el entallado escrupulosamente acentuada. El Santo lo carga, lo
vestido blanco, sus nalgas son la atención de todos. cachondea, lo eleva en el aire como en un quinceaños;
Le grita la lujuria desde el público. Algún fanático grita el muchachito sabiéndose parte, abre los brazos y echa
su nombre. Se acerca a las mesas; juguetea con la boca, su la cabeza para atrás. Luego, exhibiendo su fortaleza y
rímel permanece; se ha peinado durante varias horas y el contraste con el escuálido muchachito, el Santo lo
el maquillaje con el sudor no se diluye. Julio, el travesti, baja y lo encuatra en el suelo. El muchachito se pone
tiene una buena participación y satisfecho sale oronda, algo serio pero ahí está, cooperando a huevo. Le baja
se la han querido comer a bocanadas y flashazos. los pantalones y la ropa interior, deja ver unos mo-
Viene después un bailarín. Un fiasco, un cuerpo destos genitales, unas juveniles vergüenzas. La gente
fofo que revela entre botones a punto de la asfixia se impacta, algunos siguen gritando, la mayoría con
que no trabaja con gusto: ha dejado el gimnasio, se ha la boca en mueca siente la humillación y murmura.
dejado engordar y se mueve torpemente entre las más El Santo intuye que se ha pasado y lo levanta pero lo
cercanas mesas. Su calzoncillo blanco marca un miem- sienta en la silla. Hasta este momento el muchachito
bro endurecido. Se anima, voltea, muestra su espalda. no es sino un títere. Casi imagino su piel de pintura y
Algunos dicen: sí le doy, está dos tres. Dos tres se agacha la cabeza de madera echada a un lado. El muchachito
PALABRIJES 21-22 • ENERO-DICIEMBRE 2019 15

