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del pizarrón que no estaba car- ción hasta el final, luego, haría un reporte simulado.
comida cuando el psicólogo de la Total, no sería la primera vez que los objetivos de un
escuela me llamó desde el pasillo. curso no se cumplen y el docente maquilla los resulta-
—Venga —dijo. No se meta dos. Un poquito de cal por toneladas de arena.
mucho al salón; no les dé la es- Desde el primer momento que hablé con el psi-
palda, tampoco cierre la puerta cólogo me quedó claro lo poco que se interesaba por el
por si hay algún episodio. bienestar de los niños, las palabras de los maestros me
—¿Qué clase de episodio? han acompañado a través de los años como un recor-
—Hay una chiquilla muy agre- datorio de la tristeza que ciñe la educación en nuestro
siva, le digo para que se cuide, país. Esos jóvenes salidos de la «cárcel» se encontraron
ésta es la única escuela del Es- con una sociedad que les había dado la espalda para
tado que acepta a jóvenes que siempre. «Que los repruebe la vida». «Esos ya no se
han salido del reformatorio. salvan», decían, luego en el receso mencionaban su
Le abrió la panza a una com- sorpresa al encontrarse con que esos jovencitos risueños
pañera con un cúter, pero no de «la bodega» eran los mismos que habían orinado en
se murió. —Hizo una pausa—. el maletín del profesor de deportes y lanzado huevos
Además ésos no saben ni leer. al psicólogo.
Cuando volví a entrar Ninguna teoría ni ley o conocimiento me previno
al aula, alguien había escrito para enfrentarme con un adolescente que se desnu-
«puta» debajo de mi nombre y dara en clase. Si les soy sincera, siempre ha sido muy
adherido una toalla sanitaria sencillo hacerme reír, aquellas acciones desesperadas
en el borde del pizarrón. Los jóvenes por llamar la atención no me alteraban ni un poco, las
estallaron en carcajadas cuando la usé para borrar las dejaba pasar a veces después de una carcajada; otras,
pocas letras que cabían en una pizarra tan mediocre. como si fuera un lápiz cayendo al suelo.
Continué la clase desde la esquina del aula. «¿Cuál niña En medio de aquella experiencia, leí acerca de
será?» No quería morir apuñalada en una secundaria. las manifestaciones que se dispararon en el país
A la mitad del discurso recordé las palabras del debido a la Reforma Educativa; estuve de acuerdo con
psicólogo, los niños no sabían leer y allí estaba yo ha- los argumentos construidos meticulosamente por ex-
blándoles de Sor Juana Inés de la Cruz. Nadie ponía pertos acerca de su impacto en la vida de los agentes
atención, las palabras altisonantes volaban por todos que intervienen en el proceso educativo. Escuché a los
lados, entonces, interrumpí la clase, dejé el libro en el maestros de la secundaria hablar de lo ilógico que era
escritorio y me adentré en el salón. Qué planeación inútil. pensar los planes de estudio desde el centro del país y
—Mi letra favorita es la A. Porque es la orilla de luego distribuirlos, sin pensar en las necesidades del
las palabras, uno siempre empieza a aprender a leer y Estado y las escuelas foráneas. Si la despreciábamos a
escribir con la A. escalas nacionales, ¿por qué la adoptábamos como una
Pasé de la clase del taller de lectura a mostrar actitud en la institución? Se planteaban los objetivos
a niños de doce años cómo sujetar el lápiz. Al final, de la clase sin tomar en cuenta las necesidades de los
una niña más alta que yo, con el uniforme sucio y el grupos de la misma manera que lo hace la educación
cabello cenizo se me acercó. Me dijo que le gustaba la federal. Si hablamos de instituciones plagadas de
clase, pero no podía trabajar porque no tenía lápiz. Le procesos engorrosos, de deshumanización, de falta
regalé el mío y un cuaderno. Se llamaba Jaqueline, era de análisis del contexto, tendríamos que voltear a ver
la «apuñaladora». a los profesionales de la educación como individuos y
Las tres semanas siguientes aprendí a navegar cuestionar las actitudes que hemos adoptado consciente
entre berrinches y amenazas. No había estrategias para o inconscientemente. Un joven no debe ser el reflejo de
alcanzar los objetivos del taller, todos sabíamos que un una política pública «fallida», debe ser el elemento que
niño que no sabe leer no alcanzará en seis meses a los lleve al docente a la evaluación continua, a cuestionar
que están por egresar de secundaria. si las acciones que se están tomando en el aula son las
—Es imposible —le dije al coordinador del pro- adecuadas.
grama. Esos jóvenes no saben escribir ni su nombre, Mis «planeaciones» con bases constructivistas
permítame ajustar la planeación. son igual de perniciosas que cualquier plan de estudios
Accedió de buena gana, tampoco pensaba discutir centralizado si no las llevo a cabo con actitud humana,
con él si se negaba, seguiría con la clase de alfabetiza- sensible ante las situaciones que viven día a día mis
18 PALABRIJES 21-22 • ENERO-DICIEMBRE 2019

