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Libro a libro, logro entenderme en las preocupaciones La magia de la biblioteca es que, como en nin-
de mis amigas, en los debates y las polémicas sobre el gún otro espacio, en ella viven y conviven muchas
feminismo, en los textos que ellas me han presentado. posibilidades del pensamiento y la resistencia. Ella me
Soy lo que la biblioteca me ayuda a ser. Cada texto es conduce a otros tiempos, a otros sueños y pensares que
parte de mis arterias y mis huesos. A través de ellos me me ayudan a saber algo de este mundo que se aferra
hermano con otra comunidad lectora y, de ese modo, a caerse a pedazos. En mi biblioteca hay textos de
me hago ellos; nos construimos a la distancia, sin co- «San Carlitos» Marx y de Bakunin, y habitan juntitos
nocernos en persona, pero sabiéndonos en las lecturas. García Márquez y Vargas Llosa. Y la revolución rusa se
Entre esas lecturas, tan sin más, saltó Graffiti de junta con los barbudos de Sierra Maestra, y por ellas
mi querido Cortázar. Además de sentirme como aquel atraviesa Lezama Lima, Mayakovski y Roque Dalton.
grafitero que buscaba en los trazos el secreto lenguaje Las enseñanzas de cada uno de ellos, la historia de los
de la resistencia, me reconocí en las sensaciones, en otros que construyeron o teorizaron, son los saberes
la emoción de pintar y de existir. Y esas emociones, que, poquito a poquito, me forjan. Es cierto que uno
esa manera de sentir, no era sólo mía sino también construye su biblioteca, pero no es menos real que ella
de una compañera lectora que pinta la vida en las pa- nos construye; somos lo que de ella aprendemos, lo
redes. Éramos, sin saberlo, una lectura, una historia que queremos. Somos los acuerdos y los desacuerdos.
y un autor compartido. Éramos la otra, el otro de la Nos hace a partir de los otros reales o imaginarios que
historia; éramos la otra lectora, el otro que leía. Es decir la conforman.
que éramos, y somos, la ensoñación literaria que nos Rafael Mondragón escribió, con razón de sobra,
afianza en la vida. que la biblioteca es otro nombre de la utopía. Y Sergio
El encanto literario del otro, por el otro, en el que Ugalde, pensando en la biblioteca de Lezama Lima, la
se proyectan creencias y vivencias, fue vivido con in- describió como una cena de familia. Por eso, entre mis
tensidad por ese poeta de pensamiento que era Ernesto libros, está la elegancia ensayística de Liliana Weinberg,
Guevara, el Che. El intelectual guerrillero escribió en la irreverencia de Efraín Huerta y Elías Nandino, el
Pasajes de la guerra revolucionaria que en su bautismo amor por la tierra de Atenco y La otra historia del SME,
de fuego, tras ser herido en el cuello, se sintió morir. Si la lucidez de Néstor Kohan y Julio César Guanche; las
moría, quería hacerlo con la dignidad de un personaje tesis de Diana Roselly y de Lucía Pi, y su manera de
de «un viejo cuento de Jack London». Lenin, en pleno pensar la historiografía del Perú o la construcción de
lecho de muerte, le pidió a Nadiezhda Krupskaya que la Ciudad de México como espacio literario. Es decir
le leyera ese mismo cuento rememorado por Guevara. que mi biblioteca es lo que todos ellos han pensado y
Lenin y el Che, sin saberlo, eran el deseo y la proyección escrito, y mis irrefrenables deseos de pensar y escribir,
de la dignidad que ambos encontraron en el viejo cuen- aunque sea poquito, del modo en que ellos lo han hecho.
to de London. Eran los otros que, a pesar de tiempos, Nosotros sabemos algo de los libros y los textos
geografías y distancias, se encontraban en esa lectura, leídos, pero, sobre todo, ellos saben mucho de lo que
en ese deseo de parecerse al personaje. nosotros somos. La biblioteca nos lee, nos construye.
En mi biblioteca vive también el dolor. Éste se ha No hay, pues, un «yo» sin «nosotros», sin los «otros». La
hecho palabra y rabia. A través de Procesos de la noche, de biblioteca, incluso a través de las ausencias, nos conduce
Diana del Ángel, y de La travesía de las tortugas, escrito a los otros. En mis textos, mis lecturas, están, además,
por diferentes periodistas, he podido conocer la historia mis vecinos y valedores del barrio que no tienen una
de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, de los asesinados biblioteca porque el hambre aprieta. Por paradójico que
aquel 26 de septiembre del 2014, de Julio César Mon- resulte, mis libros, sus saberes, me ayudan a sentirme
dragón. Procesos de la noche, mediante las letras y la más del barrio, más el otro. Así, con las lecturas, los
incansable labor de su autora, le ha devuelto el rostro textos, la música, me hago entre el barrio, con el barrio
a Julio y ha hecho que me sienta como uno más de los y para el barrio. Porque mi biblioteca es, sencillamente,
miles que en este país exigimos justicia, como uno más todo lo otro que no soy y que puedo ser: la ensoñación,
de sus familiares. Los testimonios recogidos por Diana la poesía, la teoría, la historia, el dolor y, por lo tanto,
del Ángel, los gritos de los familiares, la voz genuina la vida misma.
de Julio, me construyen. La biblioteca es, pues, lo que
dolemos y nos duele; lo que alegramos y nos alegra. Y
mi biblioteca está compuesta, además, por mis notas José es marxista erótico de la línea radical utopisteante. Aprendiz
de estudiante, mis libretas y los mensajes que en ellas de palabrero que sueña, pobrecito, con que algún día el Cruz Azul
me dejaron las amigas, los amigos. será campeón. Imparte clases en la UACM.
PALABRIJES 21-22 • ENERO-DICIEMBRE 2019 25

