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DESDE LA SOLEDAD















                     Un poblado donde la ira que
                     emana de los abusos de
                     autoridad induce a los civiles
                     a tomar la justicia en sus
                     manos, sin antes confrontar
                     las distintas versiones de los
                     hechos.



                    Luis Arnulfo Medina Lira










      O          tra vez estaba caminando por «Mártires de la conquis-  como se quiso hacer creer. Venían por algo fuerte. Varios vecinos


                 ta» a la misma hora de siempre. Se estaba haciendo  dijeron ver un vehículo circulando la loma del pueblo. A veces
                                                            detenido en la tienda, unos tipos bajaban para comprarse un
                 tarde y pronto los niños saldrían de la escuela.
                     «Mártires» es la calle que de norte a sur baja  refresco, a veces estacionado bajo la sombra de algún alcanfor,
       desde la parte más alta, más arriba del panteón, hasta los ejidos   a veces disimulando con sus celulares, pero ya habían llamado
       comunales, regados con agua que fluye en un largo camino desde  bastante la atención y siempre acababan en la escuela.
       el deshielo de los volcanes. Parado ahí, en lo alto del pueblo de   Y el rumor iba y venía, subía y bajaba hasta que se regó
       La Soledad Tierra Blanca, podía ver de nuevo la misma fumarola   frente a su casa. Él tenía desde hacía algún tiempo, cierta au-
       del Popocatépetl, un enorme cono nuboso que se abría desde la  toridad en el pueblo y siempre le gustó la política. Su esposa,
       punta de la montaña como una sombra disuelta en el atardecer  originaria por generaciones y generaciones de Tierra Blanca,
       colorado, del mismo color que la flor de su cigarro.   había sido años atrás coordinadora territorial, una especie de
           Por más veces que lo hubiera vivido, a estas alturas del  representante de la voz del pueblo ante el gobierno de la ciudad.
       pueblo y de la tarde, poquito antes de las seis, le volvía de nuevo  Él, que había llegado ahí cuando se casaron, no pudo por esta-
       la ansiedad de lo que estaba por venir. Fumaba y sabía que al  tuto ocupar el cargo, pero como compañero de la coordinadora
       terminar el cigarro llegarían de nuevo los vecinos, llamados por  se aprendió las calles y las manos de la gente que cruzaba diario
       la emergencia a campanazos. Algo había que hacer. No lo vamos  por la plaza, rumbo al mercado, que pedía apoyo para sembrar
       a permitir, llegarían diciendo, con insultos y mentadas.   maíz en su milpa o necesitaba algún oficio firmado para enterrar a
           Y es que la corrupción en el gobierno no es algo nuevo en  su difunto. Su figura alta y robusta como de viejo pirul se había
       este país, pero que un grupo de policías ocupe su posición para  vuelto un busto de confianza.
       secuestrar niños supera cualquier límite. En esas circunstancias,   Tal vez por eso cuando oyó el rumor de los secuestradores
       pensaba, el pueblo debía tomara la culata con las dos manos.   sintió el compromiso de tomar el frente, por algo lo habían busca-
           Él se convenció durante cada tarde, cuando esto se repetía,  do. Nada le podía parecer más ruin que aprovechar una posición
       que aquellos hombres no habían pasado tres días seguidos ron-  de servidor público para afectar a aquellos a quienes se debía
       dando la zona a escondidas en busca de narquitos mariguanos  servir. Eso le dijo al cura de la iglesia horas antes, cuando fue a

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