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Aquí se sugiere cuándo pudo haber sido el momento exacto de la transición
            de un siglo a otro. Cada generación tiende a marcar a las más próximas;
            distintos elementos interactúan rápida y violentamente, gestan tendencias
            que han de ser particularidad de un grupo y, a la postre, sirven como
            referentes contextuales y hasta emocionales de un momento en el acontecer
            histórico.


                 ubo dos días en los que posiblemente haya  esa de llamar a la serpiente para que lo devolviera a
                 comenzado el siglo XXI, el primero fue el día en   su planeta. De cualquier manera, lo que sí sabemos
          Hque a Margaret Hilda Thatcher se le ocurrió  es que prefería el mundo kafkiano que el realismo. Es
          llevar hasta el extremo su locura de libre mercado,  posible que no le hubiera gustado leer a Carver, quien
          ese día, el mundo ya no fue el mismo: ¡Mira que dar  un año después de la muerte de Ian, daba un nocaut a
          luz verde para soltar a los locos de los psiquiátricos de  los años 80: definió la manera de escribir para muchos
          todo Londres! La instrucción era muy clara: si quieren  jóvenes que nacimos en esa década, el realismo sucio,
          medicamento, tienen que pagar por él. Londres debió  personajes proletarios, hundidísimos en el alcohol, con
          haber lucido bellísima ese día. Otra posible pista para  sueldos miserables y familias fragmentadas. Y que, de
          rastrear el inicio del siglo XXI, es la mañana del domingo  alguna manera, también fue un regalito de la Thatcher.
          18 de mayo de 1980. Ian Curtis estaba viendo el filme   La respuesta de Curtis al motivo de sus letras
          Stroszek; al terminar, puso el disco The Idiot de Iggy Pop  oscuras es la siguiente: «el lugar donde vivía de chico,
          y, tras escribir una nota a su esposa, se ahorcó en la  donde tengo mis recuerdos más felices, desapareció.
          cocina de su casa con una cuerda para tender la ropa.  Todo lo que queda es una vieja planta química. Me di
          Curtis era epiléptico y padecía agorafobia (fobia a las  cuenta de que nunca iba a poder volver atrás, recuperar
          masas, que en algunos casos, desemboca en ataques de  esa felicidad. Entonces está este vacío. Para mí, Joy
          pánico). El medicamento había dejado de funcionar;  Division era acerca de la muerte de mi comunidad, y
          había un músico loco suelto en las calles de Londres,  de mi infancia. Era completamente irrecuperable».
          del mundo. A la muerte de Curtis, Sumner, Hook y Mo-  Pensar que la genialidad de un loco como Curtis
          rris (Joy Division) formaron New Order; el capitalismo  tiene que ver con la ruptura de su comunidad, y ya el
          radical había llegado, y con él, el siglo XXI.  colmo, quedando como testigo una planta química,
               Los que nacimos después de 1979, cuando La  hace más redondo el chiste que Thatcher se aventó
          dama de hierro subió al poder, ya habíamos nacido en el  para inaugurar su libre mercado.
          siglo XXI sin saberlo. Curtis nos parió en una noche, así   Hacíamos infinidad de tesis académicas sobre teo-
          como la Coatlicue parió a Huitzilopochtli, nomás que,  ría Queer. La comida, también se había vuelto de autor.
          en vez de una pluma de Quetzal, a Curtis se le metió un  Se armaban los putazos en las marchas feministas, en
          bajo, letritas depresivas y un montón de Fenobarbital.  los debates… El nuevo modelo empresarial pululaba por
               Habíamos crecido, nos tatuábamos el cuerpo con  todos lados. Era ya el 2015: repartidores trepados en
          frenesí. Los cuerpos lucían desparpajados; violenta-  bicicletas con disidencia de género. Capitalismo radical
          mente andróginos. No nos dejábamos de mover por  disfrazado de economía colaborativa que funcionaba
          toda la ciudad. Las bicicletas y el peróxido nos habían  a través de Apps.
          cambiado la vida. Ahora representábamos una tendencia   La Ciudad de México me recordaba mucho al
          en los círculos intelectuales de las grandes capitales   cuento de Cortázar, ése: el de la Casa tomada. Lo pa-
          del mundo; disidencia de género por aquí, disidencia de  recido con ese texto era la ausencia de un rostro que
          género por allá… El mito del nuevo siglo se instalaba  toma la casa. Había mujeres muertas por todos lados,
          poco a poco en las cabezas progres y citadinas: «abajo  pero no había culpables, había trasnacionales que
          las fronteras, bienvenidos los migrantes y los pastelitos  ofrecían trabajo, pero no había un nombre de quién te
          orgánicos». La cultura de lo trans era el tema del día.  contrataba. Había obligaciones, pero no un contrato,
               El niño Curtis leía a Kafka desde los 12 años, hay  la justificación de la «economía colaborativa» era que
          una fotografía que lo comprueba: se mira en la sala de su  tú eras tu propio jefe.
          casa con una mano en la barbilla, sosteniendo su cabeza,   El enemigo número uno de Thatcher para que
          y con la otra el libro. Esa foto me recuerda al Principito,  funcionara su jueguito del libre mercado fueron los
          siempre con su libreta de dibujos misteriosos. Tal vez  fuertes sindicatos mineros de la Gran Bretaña de la
          Curtis haya cachado la idea del libro de El principito,  posguerra. Ya en los 90, el éxtasis había llegado, y con

          PALABRIJES 21-22 • ENERO-DICIEMBRE 2019                                                               47
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