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él, el Segundo Verano del Amor acompañado por el sin- desmadrito que nos traíamos con los feminicidios ocu-
tetizador Roland TB-303. El Acid House era un respiro rridos en toda la periferia de la ciudad, y últimamente,
a esas guitarras distorsionadas de los 70 y 80 que se dentro de las universidades. La capital chilanga andaba
fueron borrando dentro del paisaje musical al parejo cachonda; había marchas por todos lados, y eso, a los
de los sindicatos mineros. empresarios no les gustaba.
En la década del 2010, poco a poco dejaban de Hablábamos mal de las películas de Xavier Dollan,
existir los contratos, es decir, no eras empleado de nadie, pero todos traíamos su mismo corte de cabello. Íbamos
sino de ti mismo. Nos cortábamos el cabello en barberías a los saunas mixtos algunos domingos por la mañana
con hombres musculosos y tatuados, teníamos posters de y teníamos novios españoles; la movida madrileña fue
cortes de cabello noventeros en el baño y nuestros padres nuestro manifiesto.
nos seguían comprando los calcetines a los treinta años. Las colonias progres de la Ciudad de México nos
En el verano del 2015, las pantallas de televisión amaban: La Condesa, La Roma, La Santa María, La Del
se vieron inundadas por las tomas aéreas de las televi- valle, La Narvarte…
soras: los cabellos de colores invadían los monitores. Al sueño le pelábamos los dientes. Arrullábamos
Ahí íbamos todos, trepados en las bicis acompañando a a nuestros clientes entre risas y vasos que desbordan la
una marcha gay a manera de estrategia de mercado promesa de la noche: les mostramos al sueño sin sueño;
para inaugurar el servicio en la Ciudad de México de una inhalábamos cocaína en espejitos chinos de Hello Kitty.
transnacional. Los teléfonos inteligentes comenzaron Habíamos crecido mirando las películas de Ta-
a vibrar, estábamos listos para repartir. rantino, todas queríamos ser Uma Thurman. El ca-
La compañía transnacional se había cambiado pitalismo salvaje nos pelaba la verga; aprendimos a
tres veces de razón social en menos de cinco años, de tomarle gusto a las secuencias hiperviolentas en los
Market Express, a Market Exprés, y después a Zapa Exprés, filmes de los gángsters. Propusimos a la transnacional
el logo de la marca también había cambiado tres veces, que inaugurara los viernes de Uma Thurman, los jueves
terminó siendo unos bigotes gigantes. La transnacio- de Rosario Dawson y el domingo de Tomy Lee Jones.
nal quería otra rebanada grande del pastel: la capital Entonces, cada viernes nos travestíamos de Uma, casi
chilanga. El largo camino de la transnacional fue como todas lo hacíamos con el outfit de Tiempos violentos.
llegar a Ítaca. Nuestros Cavafis eran: Ian Curtis, Xavier Las pedas a fin de mes eran infernales, todas las
Dollan, Nik Cave, Uma Thurman, Zygmunt Bauman, devoluciones de vinos, cervezas abolladas, «chicharrones
Simone de Beauvoir, la Woolf. abiertos por el bamboleo de las bicis», etc., las ocupá-
Se empezaba a rumorar de lo dudoso en los bamos para rellenar las piñatas que nosotras mismas
recursos de la transnacional. Nunca se sabía cómo hacíamos para las fiestas de fin de mes. La forma de
es que la empresa, muy a menudo, hacía para que el las piñatas casi siempre era el logo de la empresa: los
consumidor pagara la mitad del precio por el producto bigotes gigantes. Aparte de con cervezas abolladas,
entregado. Lo más lógico: lavado de dinero, de las miles rellenábamos las piñatas con lubricantes, peróxidos,
de toneladas de droga que Latinoamérica exportaba tintes para el cabello, ligueros. El premio mayor, aparte
a Europa. Tampoco se sabía, a ciencia cierta, dónde de las bolsitas de perico, y de tachas, eran las bárbaras:
había comenzado sus actividades: unos decían que en esas barbies fakes mexicanas que lucían como prosti-
Colombia, otros que en Brasil, muchos decían que tutas calvas. Recuerdo que un día llegué a cambiar mi
en Los Ángeles, lo cierto es que la transnacional llegaba bolsita de perico por una bárbara que no tenía. Eran
a la Ciudad de México y comenzaba con el pie derecho. como condecoraciones para nuestras bicis, les hacíamos
Nos gustaba la moda, las series de televisión y la ropa punk, y las amarrábamos al volante. Los espacios
política internacional. El regreso de las series televisi- noticiosos nos comenzaron a llamar «las bárbaras».
vas marcaba el regreso de lo fantástico; pero con una Interveníamos las portadas de Joy Division y las
mezcla de realismo sucio, digamos, lo maravilloso sucio. hacíamos stickers; las pegábamos en las bicis y en nues-
Levantábamos la guerra y nuestro caballo de Troya era tras cajas de reparto. Después nos sacábamos la selfie.
un shot de mezcal con nombre kitsch. Nuestro caballo Nuestra persona era un concepto. Uno horripilante,
tenía los cascos ligeros: tacones de charol, cabellos pero a fin de cuentas rebelde.
desparramando peróxido, y claro, el estandarte con el Había pasado casi un año de la entrada de Zapa
rostro de Ian Curtis. Exprés a la ciudad, las protestas y las marchas seguían en
El peróxido se nos salía por la nariz, por la boca, ascenso por los feminicidios. La empresa había resultado
por los ojos. Es probable que los empresarios hayan embarrada en un lío que las televisoras se encargaron
dejado a la Ciudad de México hasta el último, por el de difundir: a las repartidoras se nos vinculaba con
48 PALABRIJES 21-22 • ENERO-DICIEMBRE 2019

