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«objeto» al verme será siempre mi verdugo. En este  infierno no pueden ser los otros, puesto que el infier-
       sentido, me parece que de los tres personajes a Inés  no es un estado psíquico al que se entra por voluntad
       es a quien le prestas la voz de tu filosofía:  propia y en donde los «demonios» que nos castigan son
                                                    nuestras propias emociones negativas. Yo pienso,
           Inés: Estamos en el infierno, nenita; aquí nunca hay   honestamente, que el infierno es uno mismo,
           error y nunca se condena a la gente por nada […] Y no   la cadena de nuestros deseos mutilados, las
           ha de venir nadie. Nadie. Nos quedaremos hasta el fin,  necesidades coartadas o insatisfechas, pero
           solos y juntos. ¿No es así? En suma, alguien falta aquí: el  no naturales, sino creadas por nuestras
           verdugo. […] El verdugo es cada uno para los otros dos.  pulsiones. El infierno es la culpa, el de-
                                                    seo desordenado, una débil voluntad,
           Aquí una de las sentencias que sustenta casi toda  la inconsciencia, la venganza, los
       tu obra: somos seres sociales inevitablemente «conde-  celos, la apatía y un largo etcétera.
       nados» a relacionarnos entre nosotros, y toda relación   Pero es más cómodo decir
       es una especie de cautiverio que nos hace dependientes;   que el infierno es aquél que me
       la convivencia implica, pues, el conflicto, ¿no es así?  dijo que me amaba y luego
       El infierno es entonces para ti la mirada ajena que  me traicionó, que son los
       juzga, incomoda y ofende. El prójimo me interpela  padres, los maestros, la falta
       continuamente y me pide respuestas, pero nunca hay  de trabajo, la crisis mun-
       posibilidad de un verdadero diálogo.         dial, el esposo violento,
           En este sentido, te confieso que a veces me entre-  mi patrón, el gobierno co-
       tengo pensando qué pensarías y todo lo que escribirías  rrupto..., en fin, ese otro
       si te hubiese tocado vivir en este tiempo de las redes  violador de voluntades
       sociales, como Facebook o Instagram, en las que todo   siempre presente.
       se basa en «ver» y «ser visto». Ahora más que nunca   No obstante, dé-
       vivimos bajo la constante mirada que nos cosifica, nos  jame decirte que la no-
       hemos acostumbrado a una especie de «visión infierni-  ción del «¡pobre de mí!»
       zante» que nos degrada, pero que al mismo tiempo nos  es nefasta y victimista
       reafirma la existencia.                      y yo estoy en contra del
           No sé si sabías que para el budismo sólo tres son  victimismo, me parece
       los demonios que torturan al hombre: la ignorancia, el  una actitud muy «floji-
       odio y el apego; sin embargo, me parece que tú supiste  ta», siempre basada en
       encarnarlos muy bien en tus personajes. Garcín, Estelle  la esperanza de que algo
       e Inés representan el típico triángulo «amoroso», o  o alguien venga a salvar-
       el juego psicológico en el que uno desea a otro, y ese  nos. Como si no tuviése-
       otro al otro, y ese otro al primero. Son como un perro  mos otra opción más que
       persiguiéndose la cola: parece que se mueve, pero  ser caperucitas en un mundo
       nunca avanza. Su intento de posesión y control sobre  de lobos. Pero el otro no pue-
       los demás, los hace permanecer en el sufrimiento, son  de ser tu infierno si tú no lo
       víctimas de sus deseos y necedades. Están encerrados  permites, pues yo pienso que
       por siempre, inmóviles en el odio:           solo existe el infierno para aquél
                                                    que está dispuesto a comportarse
           Inés: Tú eres quien me hará daño. Pero qué puede im-  como víctima. El más fuerte trans-
           portar. Si hay que sufrir, da lo mismo que sea por ti…   grede sólo la voluntad del más débil,
                                                    por tanto, si te declaras débil estás per-
           Existe un desafío real ante la presencia del otro, en  dido; entonces somos y elegimos nuestro
       cuanto que es completamente distinto a mí, y la diferen-  propio infierno.
       cia siempre es vista como amenaza. Sin embargo, Sartre   Está claro tanto en tu obra como en
       amigo, aquí mi discordancia con la tesis que sustenta tu  la vida cotidiana que cuando los otros no se
       obra: ¿no hablabas tú tanto de responsabilidad?, ¿hay  comportan bajo nuestros estándares, se vuelven
       responsabilidad acaso en echar la culpa al otro y decir  un infierno. La paz interior se siente amenazada con
       que es la causa de mi sufrimiento? Me parece que sufrir  su presencia, pero si los otros no están en paz nosotros
       es totalmente una elección personal, por eso es que el  también podemos convertirnos fácilmente en su infier-

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