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Inés. Garcín «elige» finalmente quedarse, aparentemente libertad misma; es decir, «no somos libres de dejar de ser
para convencer a Inés de que él no es un cobarde: libres». Pero si mi libertad no involucra al otro entonces
no sirve para nada ¿cierto? Por eso es que Garcín decide
Garcín: Tú sabes lo que es el mal, la vergüenza, el miedo quedarse, porque necesitamos de los otros para existir.
[…] Y si dices que soy un cobarde es con conocimiento En ese mismo libro dices también que el camino
de causa […] A ti es a quien debo convencer […] tú que de la interioridad propia pasa necesariamente por el
me odias, si me crees me salvas […] otro; es decir, debo reconocer lo que hay de mí mismo
en los otros (otra vez la teoría del espejo). Generalmente
Debo confesarte que, cuando leí por primera vez cuando aborrecemos a alguien es porque inconsciente-
la obra, esto me pareció una contradicción excesiva, mente identificamos características nuestras en ellos,
pero luego me hice entender lo siguiente: los demás son vemos fallas que en nosotros perdonamos fácilmente
nuestro infierno porque al no hacernos responsables de y hasta las justificamos, pero que en los otros nos re-
nuestros actos y no saber hacer uso de nuestra libertad, sultan insoportables. Al otro lo toleraré únicamente si
nos alienamos y entramos en juegos egoístas que nos no traspasa ciertos límites o sólo mientras yo pueda
hacen sentir más cómodos. ¿Para qué salir? Es más conservar el predominio de mi ideología. No obstante,
duro enfrentarse a la responsabilidad de mirar hacia a veces para crecer y encontrar nuestro lugar en este
nuestro interior y construir una mejor alternativa, que mundo es necesario encontrar a la némesis, como en
resignarse estoicamente al castigo. Es decir, traiciono la película de El protegido, buscar a ese «otro» que me
mi existencia y mi libertad de elección, es por eso que redefina negándome, contraponiéndoseme física, moral,
estoy muerto, inmóvil y en el infierno. intelectual y hasta sensiblemente.
En fin, amigo Sartre, para despedirme quiero
Garcín:[…] La estatua está ahí, la contemplo y com- decirte que estoy de acuerdo contigo en que no hay
prendo que estoy en el infierno […] ¿Recordáis?: el necesidad de azufre y parrillas para experimentar
azufre, la hoguera, la parrilla… ¡Ah! Qué broma. No el infierno, pues todo en esta vida es una elección y
hay necesidad de parrillas; el infierno son los demás. también una lección. En los otros puedo ver lo inferior
y lo más bajo, pero también lo más sublime y divino
Aquí el decreto más importante en voz de Garcín, del ser humano. La cuestión es qué voy a elegir mirar,
el cobarde, ¡quién sino él podría decirlo! Sin embargo, hacia dónde dirigiré las velas de mi barco para cruzar
insisto, cher Sartre, no creo que el infierno sean las otras el inevitable mar de la otredad.
personas, ni tampoco su mirada oscurecida que trata de
poseerme; el infierno es sólo un estado de sufrimiento À bientôt, cher ami!!
al que yo mismo tengo la libertad de acceder o salir. De
esta manera caí en cuenta de lo que esa «angustia» que 1 Jean Paul Sartre, A puerta cerrada. La puta respetuosa,
nombras en El ser y la nada implica: estoy condenado Buenos Aires, Losada, 2007.
a existir siempre, más allá de los móviles y los motivos
de mi acto: estoy condenado a ser libre. Y ello significa Ireri se tituló en Creación Literaria en la UACM y, aunque trabaja
que no se pueden poner límites a mi libertad más que la en lo que le gusta, ¡afortunadamente no se ha muerto de hambre!
62 PALABRIJES 21-22 • ENERO-DICIEMBRE 2019

