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JUCHITECA


















                            En esta crónica se muestra la tragedia que se manifiesta tras un desastre
                              natural, en un espacio físico y emocional al que pocos tenemos acceso.

                                                               Tere Becker



                                 esde hace tres años trabajo con mujeres indí-  Hay un jovencito sentado a su lado, lo miro y
                                 genas, yo les enseño de equidad de género y  sonríe maquillando su tristeza. Baja la mirada y sus
                         Dderechos; ellas me enseñan que en el mundo  manos se afianzan al palo de escoba que usa para bajar
                          la otredad es igualdad.                      las prendas del altar istmeño, que se acaba poco a poco,
                              Ayer, en el mercado, lloré al lado de una mujer  porque ya no alcanza para comprar más material, lo
                          juchiteca.                                   poco que va saliendo es para comida, agua y para tra-
                              Sus lágrimas ancianas mojaban la desesperanza  tar de comprar lonas, porque en Juchitán, los hogares
                          del bordado que acariciaban sus manos.       se han mudado a las calles, donde la lluvia cala pero
                              Na Benigna, esta blusa de flores rojas, ¿a cómo la  da menos miedo que los amenazadores e incesantes
                          da? —dije, mientras mis dedos se deslizaban sutilmente  sismos. Porque allí, la lluvia no deja de caer y la tierra
                          sobre el terciopelo bordado.                 no deja de moverse.
                              Ella, sentada en su eterna silla, en la misma posi-  Mis lágrimas caían impotentes sobre mis hua-
                          ción de hace un mes, de hace un año, de cada vez que la  raches y la vergüenza de sentirme, por un momento,
                          miro al visitar el mercado 20 de noviembre en Oaxaca  más afortunada que ella, porque mis dimensiones de
                          de Juárez, me mira, sonríe y vuelve la mirada a la labor  su desgracia también eran erróneas, he comprendido
                          que sostiene entre sus manos. La aguja cargada de   que no hay una escala para el dolor que pueda medir
                          hilo dorado, de pronto es empuñada en diagonal. El  estas pérdidas.
                          bordado espera.                                   Hoy, en la escuela, volví al tercer piso. Cada es-
                              Su puesto, armado con palitos y tela, atiborrado  calón se hizo eterno y se llenó de imágenes en retros-
                          de adornos dorados y flores, parece un altar listo para la   pectiva. Al fin recuperé aquel momento perdido del 19
                          vela. Yo espero a que me dé el precio, ella espera a que  de septiembre, la memoria apareció, llena de angustia,
                          el nudo de su garganta le permita contestarme. Sus ojos   la ansiedad me recorrió las piernas, las abrazó con tal
                          se vuelven espejos y con una voz apagada, tan ajena a  fuerza que pesaban y dolían.
                          su sangre zapoteca, me dice: Dame 600 pesos.      ¡Que ya no pase, por favor! ¡Que algo así o peor
                              Estará confundida, Na Beni, esta blusa le digo —y  no se repita!
                          señalo con ahínco la blusa más bella de su puesto-altar,   Las marcas se hundieron, calientes, en la memoria,
                          de la que, por experiencia, esperaba al menos el doble  dejaron grietas en las paredes del alma; quemaron, como
                          de ese precio. Las lágrimas entonces son incontenibles.  en las mejillas, ayer, mis lágrimas y las de la juchiteca.
                              ¿No has visto lo que nos pasó, niña? Ya nos aca-
                          bamos. Ya no, no queda nada, pues. Y sus manos se
                          agitan, como dibujando los montones de escombros en
                          el lienzo de su imaginación que yo no veo, pero entiendo
                          perfectamente. ¿Y tú, estás bien? Ya vimos lo que pasó   Tere entró a las letras por la vía del drama. Da talleres a niños de la
                          en México. Se les cayó la escuela. Y entonces me doy   urbe y a mujeres indígenas en Oaxaca. Ama el chocolate, los tacos al
                          cuenta de que aunque vivimos en dos realidades pare-  pastor y teje mientras recita poesía a sus gatos. Seguidora de Rosario
                          cidas, sus dimensiones de la catástrofe son distintas.   Castellanos y Juan Villoro. Todo un cliché.

          PALABRIJES 21-22 • ENERO-DICIEMBRE 2019                                                               63
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