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Dios te salve Tonantzin de yugular enmohecida.  dejan rastros;
                 Desesperanzas
                              Vida, dulzura y esperanzas caducas.         guías en el camino.
                              A ti clamamos los olvidados, tus hijos, los hijos   …
                              de la rabia.                                ¡Madrecita santa!
                              Nuestros huesos te lanzan gritos viejos con los   ¡Ruega!
                              que tus pies han de humedecerse.            ¡Ruega!
                              Ea pues, madre de nuestra ultrajada tierra, te   ¡Ruega!
                              pedimos,                                    ¡Ruega por nosotros!
                              vuelques tu juicio sobre las fauces de aquella
                              serpiente de plomo que nos devora a bocanadas,  Ya vienen.
                              y después de su destierro muéstranos el delito,   La hojarasca,
                              regálanos tu culpa que envolveremos en nues-  el lodo,
                              tros rostros; haznos parte de tu estremecedora   los cafetales y el platanar buscan detener su
                              carcajada de llanto y rabia.                paso.
                              …
                              …                                           ¡Ruega!
                              …                                           ¡Ruega, madre mía!
                              Pero, por ahora…                            ¡Ruega porque ya vienen!
                              Desaparece.                                 Sus pupilas se han inyectado en nuestras ropas.
                              Guárdate en aquella esquina llena de velas
                              ángeles y santos,                           Nos huelen,
                              escóndete tras sus rostros aterrados        nos oyen,
                              y sus cuerpos que se han volcado sobre la pared.  nos extinguen kilómetros a la redonda.
                              Conviértete en nada.
                              ……       …      …       …      …            …      …       …        ¡Ruega por nosotros, Madre mía!
                                       …       …        …         …     …    …           … …         Y si nos escuchas morir
                                           …       …        …         …     …    …         …        Recuerda llorar.
                              Esucha,                                     Acógenos en tu rebozo,
                              los devoradores de huellas ya vienen,       Acaricia nuestra cara
                              marchan.                                    E intercede por nuestra salvación.
                              zigzag, zigzag…                             …
                              se escuchan siseos.                             …
                              sss, sss…                                           …
                              ¡ra-ta-ta-ta-ta-tá!  ¡ra-ta-ta-ta-ta-tá!                              ¡Escóndete, ya vienen!
                              ¡ra-ta-ta-ta-ta-tá! ¡ra-ta-ta-ta-ta-tá!     El portazo los ha anunciado.
                              ¡ra-ta-ta-ta-ta-tá! ¡ra-ta-ta-ta-ta-tá!     Envuélvenos en tu manto,
                              Sss, sss…
                                                                          y que de él escurra
                 César Montelongo  …                                      Tuya sea nuestra gloria por siempre.
                                                                          la niebla que nos ha de ocultar.
                              Su piel de serpiente uniforma la selva.
                              Y sus polifónicas balas
                                                                          Amén…
                              Aúllan,
                              rugen,
                              zumban ,
                              ¡bang bang!,
                              estallan,
                              las luces
                              rayan;
                              y el silencio se destripa…             César gusta de pasar horas escuchando pláticas y albures de me-
                              El fuego,                              cánicos, tianguistas, carniceros y verduleros esperando las frases
                              la pólvora,                            precisas que lo ayudarán a preparar un buen caldo de historias.

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