Page 9 - Palabrijes 21-22
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En este cuento, la otredad aguarda el momento de transgredir el margen, a veces por medio
                       de la literatura, a veces por medio de la música, aun cuando se tiene el viento en contra.


                       sa mañana nos acribillaron al salir de casa. El  cómo fuesen los días: si en uno de ellos la cajera lo trataba con
                       tipo apuntaba hacia nosotros desde el otro lado  desprecio al querer cambiar sus monedas, si los placa daban el
                       de la calle, escondido tras la barda de una casa  levantón o si los gabachos habían sido generosos con la coperacha,
                       abandonada. Era un remedo de cholo con lentes  si las familias se habían discutido la soda y el taco; lo que impor-
          oscuros y barba de candado que no vaciló en dispararnos varias  taba es que éramos dos, dos y no uno los que contemplábamos
          veces; lo miré correr después entre los coches, trastabillando  el alba de la miseria.
          como un puñeta. Sostuve con fuerza el cuerpo de Timmy, pero   Una noche, Timmy me confió que recuperaría su yembé
          fue inevitable que cayéramos al suelo como un gran saco de arena,   robado, no me dio detalles, así que no entendí mucho, pero com-
          cubiertos con el silencio obligado que acompaña a un crimen. El  prendía que la voz de su instrumento sería distinto al que le daba
          tiempo detenido, burlesco, me obligó cruelmente a desear con  en ese momento el garrafón. No te acerques a la sexta, perro, ya
          fervor regresar atrás, a aquella noche en que nos conocimos  sabes cómo anda el pedo por allá, le advirtió un tirador vestido
          y bailamos extasiados por la cerveza y el gallo que él se había  de catrín un día que hicimos la visita. Pareció como si Timmy
          pichado, pero ya era demasiado tarde, no había remedio.  hubiera estado esperando ese momento porque dos días después
               Los ojos de Timmy fueron cerrándose poco a poco y yo no   fue a recuperar lo suyo, no quiso que lo acompañara. Llegó a casa
          tenía más que tragar a sorbos el tormentoso «hubiera» como si  lastimado, con una herida abierta sobre el párpado izquierdo y la
          con ello fuese posible borrar lo sucedido. Me culpé de no haber  camisa entintada de sangre. En la espalda cargaba el yembé que
          aceptado la propuesta que me había hecho entonces, andába-  puso sobre la alfombra y, acariciándolo como una delicada pieza
          mos cricos, podría justificarme, pero pude haber dicho que sí.  de barro que moldeara, comenzó a tocar. El sonido le devoró el
          Habríamos estado de camino a Irapuato, en algún camión que  alma, lo supe al ver su rostro encenderse a cada palmoteo, el
          nos llevara de raite, tomando una cerveza en algún lugar o sim-  corazón palpitando bajo la piel de su garganta parecía salírsele.
          plemente caminando sobre la carretera, habría sido así, tal vez.   El éxtasis terminó cuando tuvimos que salir a buscar un
          Pero esa noche todo apuntó a que fuéramos a mi casa al salir del  nuevo sitio dónde vivir, un lugar donde no nos encontrara aquel
          bar, porque aquí no se debe dejar abajo a quien se porta chido  tirador que se vengaba por haberle quitado el yembé con el que
          con la raza, que no tiene dónde caerle y menos si le ha pedido a  se había cobrado las rivo y la negra que Timmy no había podido
          una ser su jaina, es la ley en Tijuana.               pagarle un día. Lo supe después, por su madre, me lo dijo cuando
               Y así comenzó todo, fue llenando el vacío de la casa con lo  tuvo la oportunidad de cobrarse las palabras malgastadas con-
          poco que atesoraba: una mochila llena de libros y un garrafón  migo, fue el momento idóneo para acribillarme a mí también;
          de agua con el que taloneaba en los sobre ruedas. Cada objeto  me lo había advertido antes: que no desperdiciara mi tiempo
          era especial, como su dueño. Decía que en la vida había que  con un soñador como su hijo, que yo tenía futuro. Me pregunté
          tener estilo, por eso se lucía cuando tocaba; mostraba el flow al  por qué aquella mujer había parido un hijo al que ella afirmaba
          acomodarse el pañuelo rojo sobre su frente, ondeando el arete  que no le esperaba uno.
          de chaquira en forma de marihuana al marcar el ritmo con el   Por eso se lo llevó.
          movimiento de su cabeza; la camisa a cuadros, la bermuda y sus   Y yo sueño con él todos los días, con la calidez de su sangre
          tenis eran lo único que no combinaban, por sucios, roídos, por  humedeciendo mis manos, mis rodillas, con mis labios pegados a
          ser delatores del dolor, del abandono.                su mejilla, hablándole. Timmy, no mueras, eres tú el que salvará
               Era un soñador al que le gustaba volar todos los días, un  vidas, ¿recuerdas? El yembé está en casa, ¡ey! Óyelo, no dejes que
          albatros que planeaba tristemente sobre las fétidas cloacas de la  se lo coma el silencio… Sí, esas fueron mis palabras, las recuerdo
          ciudad olisqueando su muerte. A veces volaba muy alto, como si  bien. Sé que me escuchó y que está en algún sitio terminando de
          deseara que nadie pudiera alcanzarlo. «Quiero ser doctor», repetía  leer la vieja novela que lo tenía atrapado, tocando en alguna
          cada vez que aterrizaba, luego tomaba ansiosamente un viejo  calle un yembé nuevo, delante de un público que lo colma de
          libro que leía en voz alta con un inglés mal pronunciado. Amé  bendiciones mientras yo sigo aquí, enfrentándome a la mirada
          su deseo de saber en qué terminaría aquella novela de misterio  lasciva de los cerdos que se regodean en la idea de saber que está
          que en sus palabras se hacía más interesante.         muerto, que ya no seguirá robando el aliento a otros a quienes
               Un albatros no puede dejar de volar, por eso íbamos seguido  les falta para la vida que él estaba desperdiciando, pero yo, sólo
          a los tiraderos: andar por esas calles significaba ser presa de las  yo, sé que no es así.
          miradas ciñéndose sobre nosotros como pequeñas agujas afila-
          das, pinchándonos de risa, su daño de risa queriendo matarnos   Mary Cruz es de vida pecaminosamente nocturna donde gusta de excitar al
          a nosotros, los fantasmas que despertaban su curiosidad.  papel con las palabras que escribe. En un viaje de mochilazo cambiará su dieta
               A pesar de todo, solíamos vivir a nuestro modo, sin importar   de tacos, tortas y tamales por una típica «ropa vieja» servida en la Habana, Cuba.

          PALABRIJES 21-22 • ENERO-DICIEMBRE 2019                                                                7
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