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La quijada de Marco Antonio Muñíz cede ante el José José parece tomar conciencia de lo que acaba
asombro, sus ojos abstraídos miran al vacío. Y es que de hacer, luce avergonzado, ríe con discreción, aún baja
para él no hay nada que ver, sabe que lo trascendente la mirada. Un hombre con traje rojo, de ésos que sólo
viaja por ondas sonoras. No puede comprender —quizá pueden portar unos cuantos con dignidad, emerge del
nunca pudo hacerlo— cómo ese chico ha sido capaz de público, es Andrés García, que lo abraza con la sonrisa
crecer tan alto frente a su presencia. más que con los brazos.
Alberto Vázquez, enfundado en un traje azul, Un lacayo que ha decidido tomar muy en serio su
sostiene con la boca un cigarrillo, son los setenta. De papel de guardián del orden, sujeta del brazo derecho
pie aplaude contagiado por los demás seres que llevan al príncipe. En un ataque de cordura lo suelta. El prín-
casi ciento ochenta segundos flotando. Sonríe, es de los cipe de la canción debe despedirse por última vez de
pocos que tiene conciencia de lo que está presenciando. esos asistentes que envidio sinceramente. El guardia
Sabe que podrá decir: “yo estuve ahí”. desaparece tras la puerta.
Después de un escalofrío que permanece en mi Incluso el hombre del pandero alcanza su frag-
espalda. Frente a la pantalla de mi iPad, observo con- mento de gloria. Y es que el príncipe toca su hombro
movido el video en YouTube. Finalmente sé que soy El con la mano izquierda antes de perderse tras la puerta
triste. Esta navaja atravesada en mi garganta es todo mientras la orquesta sigue tocando, el público sigue
lo que necesito por ahora. Soy triste por haber nacido aplaudiendo y yo... sigo escribiendo.
en 1980; por no haber acudido al teatro esa noche; Y escribo porque quizá debí decir antes que se
por Angélica María; porque ya no es posible fumar trataba de un concurso, no entre cantantes sino entre
en lugares cerrados; por las últimas fotografías del países representados por cantantes. En el que, como
príncipe de la canción; pero sobre todo porque la voz suele ocurrir en céspedes destinados al balompié, más
de ese muchacho, que en ese momento lo ignora todo, aún en ese 1970. Brasil le ganó a México, a través de
se entierra lentamente en mi estómago. Lo observo, Claudia, con la melodía: “Canción de amor y paz”.
firme sobre el escenario, con las piernas abiertas, las ¿A quién le importan las historias de éxito, de
manos juntas que terminan en puños que se balancean vencedores, de sonrisas rodeadas de trofeos? Esos días
contra su pecho, los ojos cerrados lamentándose como no merecían festejos. El oscuro cielo mexicano cubierto
sólo Cantoral tenía derecho a hacerlo. Y soy triste, por palomas maculadas y halcones infames. Ni hoy ni
soy... el triste. nunca hemos requerido de las victorias. No, a nosotros
Y el príncipe continúa, cambia de grave a media nos impulsa el subsuelo. La tragedia de la que somos
y a agudo sin tomar un respiro, despedaza las reglas capaces de reír. Las desgracias que producen héroes.
de la interpretación, no las necesita pues sabe matizar, Por eso, desde el tercer lugar, desde la derrota,
sabe crear una atmósfera. desde el bronce, me pregunto por el príncipe ¿triste?
Se acerca al final. Así nos lo hace saber la música, No y mil veces no. Porque precisamente ese fracaso
así parece gestarse en los ojos cerrados del cantante. cubre de gloria su figura.
Y se prepara. Suelta la nota, es un agudo, lo sostiene, Lo veo retirarse del recinto en medio de aplausos,
vibra unos compases y baja, reserva un poco de aire. que estoy seguro, resuenan hoy mismo en sus oídos.
La orquesta sube el volumen; él acompaña, alarga la Cuarenta y ocho años después de la investidura,
nota final durante esos 30 segundos exactos que aún cito textual al poeta Alfonso Valencia: “¿Un premio?
no terminan. ¿Qué significa un premio?... Díganme: ¿alguien ha escu-
Yo... no lloro. chado Cançao de Amor e Paz, de una tal Claudia? ¿Hay
Agradece inclinándose ante su pueblo, a su nuevo recuerdos de ella en youtube?... ¿Cómo pudo ganarle a
reino que no solamente se extiende por América Latina, José José el OTI del 70? ¿Premios? No: yo quiero ver
el mundo entero se rinde vía satélite. Por fin una sonrisa flores estrellándose contra mi traje”.
escapa de sus labios, se baja del escenario mientras la Y así será. Así será, José José, Príncipe de la Can-
música sostiene a las almas enloquecidas que no cesan ción. Flores se estrellarán por siempre contra tu traje.
de aplaudir y de gritar y que, si pudieran, devorarían
por completo a ese chico, antes de comerse los unos a Christian. Abogado: Benito Juárez. Escritor: Juan Rulfo. Yo nomás soy el Negrete.
los otros, como vaticinó Cortázar.
Una joven que bien podría ser el estereotipo de la
época por su cabello y por su vestido, logra evadir la “se-
guridad”, rompe el protocolo, se acerca al que antes era
un simple cantante y lo abraza para no soltarlo jamás.
16 PALABRIJES 23 24 • ENERO DICIEMBRE 2020

