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y muy fina, apenas una tela que dejaran caer sobre los personalmente. Por ahí tengo la foto, ya se la mostraré.
huesos sobresalientes. Me sonrió con pesar y se dirigió No sé cuánto tiempo transcurrió desde mi llega-
a un huacal colgado de la pared de donde asomaba la da, pero al escuchar el estruendo de los cohetes, sabía
punta de la flauta de carrizo. Se la dio y al instante que tenía que regresar rápidamente donde estaban los
Mariano sonrió. Cuando lo miré de frente parecía dos demás, empezaríamos la velación dentro de la iglesia.
hombres a la vez, su cara tenía dos expresiones fasci- −Muchas gracias por todo, Mariano −le contesté
nantes producto de la parálisis facial. con un poco de ansiedad, ya que no quería terminar
−Con tambor o sin él −dijo altivamente. ese encuentro mágico tajantemente.
Tomó con mano trémula la flauta que había puesto −¿Qué, ya se va? Pues si mi mujer ya está calen-
en un costado. tando el café.
Torpemente la colocó a la orilla de su boca. En el −Discúlpeme Mariano, pero tengo que regresar
primer intento de soplar la entonación, liberó un poco con los demás, ya sabe cómo es esto del “cumplimiento”.
de saliva que escurrió hacia su barbilla. En el segundo, Se intentó levantar para despedirme.
logró acomodarla de manera que el sonido salió casi −No se levante, Mariano, así está bien −me dio la
limpio. Comenzó la lluvia de notas, una tras otra en mano y se la apreté con mucho orgullo por encontrarme
cascada armónica; la melodía se liberó de su prisión frente a un maestro de tanta altura.
de tendones y músculos contraídos. Como efluvios −Pasen a verme en un ratito que tengan, y que
sagrados transcurrieron sones remotos, sones arcaicos, todo salga bien para San Miguelotzin. Acuérdate que es
sonidos viejos, posiblemente enseñados por un pájaro el mero patrón −dijo finalizando.
o arrancados al viento en el follaje de los árboles en el −Oiga, Mariano…
campo. Fluyó, como el ave que no se da cuenta ni se −Sí, dígame, mi amigo −respondió al instante.
pone a pensar en lo que canta. Con la mano derecha −No…nada, muchas gracias por este regalo, espero
tañía un tambor imaginario. En cada insuflación era verle antes de irnos −contesté.
evidente el sobresfuerzo a causa de su condición. Apre- −Sí, pasen por un cafecito, aunque sea.
taba la cara como un puño; la punta de la lengua salía Al salir del cuarto caminé de prisa por la calle
por un costado de la boquilla de la flauta, mientras que empinada que llevaba al camino de la iglesia. Antes de
la mano no paraba de tocar en el vacío. dar la vuelta, miré de nuevo la casa solitaria donde yacía
Me imaginé todo lo que había transcurrido en Mariano, tragado por la oscuridad, sabrá Dios con qué
su vida, hasta llegar a ese punto en el que aún con- pensamientos. Repetí en voz baja lo que no me atreví
servaba la llama viva de la pasión en la entrega total a decir, pero pensé: por favor, Mariano, no te mueras.
a una devoción.
Me sentí apenado al ver mis zapatos; me dio Josué es un obsesivo compulsivo de los deliriums del tremendismo losó co. Echa la
vergüenza mi ropa abrigadora y odié la seguridad me- concha con la devoción de su pasión de ser conchero. ¡Ah!... y a veces también escribe.
diocre de mi dinero en la bolsa. Me sentí estúpido al ver
la montaña de pretextos que anteponía para realizar
mis sueños, estando sano y fuerte para enfrentar los
obstáculos sin problemas. Qué lejos estoy de Mariano
Heredia.
Al terminar, dijo:
−¿Qué le pareció, mi amigo? Estos sones se van a
perder ¿y luego? Qué coraje me da cuando me acuerdo
de mi grupo de antes, ganamos muchos concursos en
Zacapoaxtla, en Teziutlán, en Libres, en Veracruz.
Ganábamos porque todos los demás grupos usaban
“botines” en el traje, y el vestuario tradicional lleva el
huarache “pata de gallo”, ése es el bueno para zapatear.
Yo siempre le decía a mi gente: “aquí no vengan toma-
dos, si van a tomar, si son tahuanke, mejor váyanse a
la cantina”. Éramos pocos pero bien disciplinados. Qué
orgulloso me sentí cuando mi nieto Fabián se presentó
frente al Papa Juan Pablo II con su traje de quetzal, fue
allá en mero México. Y, ¿sabe qué? Le dio su bendición
22 PALABRIJES 23 24 • ENERO DICIEMBRE 2020

