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El oficio de poeta de San Juan de la Cruz (en adelante
SJC) responde a la necesidad de expresar su propia
experiencia, a la tarea de dirigir almas, a la usanza
literaria de la época y a la de su orden religiosa. De tal
modo, en nuestro autor, escribir es el resultado de una
tradición espiritual, estética y cotidiana donde se juega
con el significado de las palabras, transformándolas
no sólo en representaciones del mundo fáctico, sino
también en figuras simbólico-literarias. Al referirse a
de la vida cotidiana la obra poética sanjuanista, Eulogio Pacho cuenta: “Ex-
periencia mística, inspiración poética y doctrinarismo
a la mística profunda teórico forman la tríada de factores que, […] marcan
el sello […] del Doctor místico”.[1]
La poesía de SJC posee vertientes que pueden
leerse desde ámbitos tan diversos que incluso parecerían
contradictorios: hay quienes se enfocan en el erotismo
y sensualidad de los versos; en la profundidad del len-
guaje apofático; en las metáforas provenientes de la
Biblia; en la herencia del lenguaje platónico, tomista,
musulmán o pastoril. Como es sabido, la abundancia
Beleguí Gómez de figuras poéticas, teológicas, lúdicas y cotidianas
han convertido a San Juan en uno de los bastiones de
la poesía del Siglo de Oro español. Al respecto Ramón
Acompáñanos a explorar los versos de San Xirau comenta:
Juan de la Cruz, arquitecto de puentes entre San Juan no se limita a la complacencia que pue-
dan ofrecerle las imágenes poéticas. Más allá de ellas,
lo sacro y lo profano, a través de su poesía.
indecible está su significado verdadero. Las imágenes
más que espejos, son así ventanas. Esta transmisión
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