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Consejo editorial Palabrijes
n autor nos pidió que sacáramos su texto de nues- basura y botellas con mensajes”; cuando un escrito llega
tra revista. Debía estar justo en esta página. La a su lector entonces se convierte en otra cosa y ya no es
Uinédita solicitud nos recordó la frase de Alfonso nuestro. En el momento en que los enviamos a un editor,
Reyes sobre cómo podemos corregir infinitamente un tex- los textos dejan de pertenecernos (si es que alguna vez
to y que por eso “los textos no se terminan, se abandonan”. lo hicieron) para volverse de los lectores.
De la inesperada petición nos ha nacido un pensa- Dejar ir es tener fe en el azar del encuentro, en que
miento: hay personas que no saben cómo soltar cosas, nuestra voz genere esa anónima amistad que llamamos
ya sea un hijo, una pareja o un escrito. No sabemos el literatura. Borges lo dijo así: la literatura “ya no es de na-
porqué de su demanda, y, a pesar de que transgrede die, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición”.
nuestras normas editoriales, consideramos pertinente Decirle adiós a las propias palabras es darle la bienvenida
dejar ir ese texto cuyo destino no era -ser abandonado a esa cosa sagrada que hay en el encuentro profano con
en- este espacio. un lector y que sólo existirá si nos decidimos a confiar.
El duelo que genera este texto es un duelo triple, La escritura (como la lectura) es un asunto de com-
para quien publica, para la revista y para quienes leen plicidades. También lo es la edición. Esto que escribimos
Palabrijes. Solemos pensar que un texto que hemos escrito es el modo en que, como revista, le decimos adiós a un
nos pertenece. Pero no. Ya lo decía José Emilio Pacheco texto. El duelo es parte de este oficio.
en su “Carta a George B. Moore para negarle una entre-
vista”: escribir es lanzar una botella a un mar “repleto de
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