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de aquella piel multicolor. Le beso los labios. Mis dedos
                                                         navegan por todas partes. Yo aún sigo vestido. Él ya está
                                                         desnudo. Ahora el tacto se transforma y deja de ser piel.
                                                         Tampoco es seda, ni un pelaje animalesco. Es el cariño,
                                                         el sabor dulce del amor. Mi boca baja hasta su pubis y
                                                         él mantiene los ojos cerrados. La V de sus oblicuos es
                                                         exquisita. Y yo sólo beso esa V, a ese muchacho. Hasta
                                                         que me fundo en su piel y abro los ojos.

                                                         14 de enero de 2018.
                                                         Affection. Una canción rebota de ningún lado y es inevita-
                                                         ble el recuerdo ligado a la melodía inmerso en la memoria.
                                                         La canción se oye en un teléfono que está dentro de un
                                                         vaso para que toda la habitación se perfume de la melodía
                                                         más triste y bella de todas. Las bachas de yerba quedan
                                                         en el fondo de una pipa, con una mezcla de olores entre
                                                         quemado y dulce como la menta. Sólo se necesita de una
                                                         llama ligera para encender la entrada al lugar donde no
                                                         existe el tiempo. En un colchón viejo destilamos inmor-
                                                         talidad, sexo y poesía. La habitación tiene el eco de una
                                                         vibra extraña, como si el sonido mismo de la canción se
                                                         extendiera hasta el infinito. Luego se mezcla la yerba con
                                                         vino y el resultado es la sensación de ser dioses, dentro
                                                         de una vecindad húmeda y hedionda.
                                                              Nothing’s gonna hurt you baby. Ha pasado un año
                                                         de aquella época que me hacía respirar poesía en cada
          Sobre lo sagrado                               rincón deplorable de esa calle donde se encuentra el cine
                                                         Ópera; donde solía cruzar el umbral hacia el no tiempo,
          6 de enero de 2018.                            hacia las confesiones sin ropa, hacia la fantasía amoro-
          Hoy amanecí con una seca pesadez que casi me hace  sa de un joven tonto y humillado. Ahora, el tiempo se
          vomitar. Anoche hubo un momento en que todo me  traga ese lugar y ya no queda nada de lo que se fumó, se
          daba vueltas, al punto de que ver tanta gente me provocó  habló, se besó, se bebió, se comió, se chupó, se lamió y
          náuseas. Era el apogeo de la superficialidad, con actitudes  se eyaculó dentro de esas cuatro paredes. Quizá se trate
          de borrachos, estereotipos racistas sobre lo que es bello y  de una vivienda más dentro de la vecindad, donde una
          la jotilencia a flor de piel. No sé cuántos litros de alcohol  familia de seis vive en un cuarto tan diminuto, donde
          pasaron por mi garganta para que me pudiera sentir tan  antes se respiraba una dulce humedad. A decir verdad,
          relajado, tan yo. Ahí estaban Roberto, con su feminidad  ya no he pasado por ahí. La última vez que estuve cerca
          tan amena, tan jovial; Mauricio, con su sed por tocar  de Serapio Rendón fue con Eduardo, mientras íbamos a
          piel masculina y saborearla; Eduardo, con sus miradas  una entrevista de trabajo que él tenía. Sólo vi los puntos
          hacia mí, con sus besos y sus palabras tan dulces; y ahí  en los que hubo fotografías tomadas de mano y besos
          estaba yo, derretido de amor, idiotizado por las palomas,  despiadados. Sin apenarme por la memoria, le pregunté
          interesado por cada detalle de la vida nocturna. Y todos  a Eduardo si le gustaría vivir ahí. No. Está horrible. Y yo
          nos fuimos de ahí, de allá y de acá; zigzagueando por las   solté una risa.
          calles, tomados de la mano.
                                                         I M P R O M P T U S
          9 de enero de 2018.
          Acostados sobre la cobija azul, mientras que el atardecer  Con una dulzura sabor menta que se me desborda de las
          está en su preludio, beso su pecho desnudo. Su piel es  fronteras, de las manos, de los sentidos, me ruboriza
          de bronce, a veces blanca, otras, morena, y en ocasiones  cada poro abierto del rostro, para dejarme un bronceado
          se vuelve roja. Las cortinas amarillas encierran la luz  sutil; con aquel sabor, o aquel encanto, no por llamarlo
          del sol, y el interior se convierte en un santuario de lo  anestesia, inclusive alucinante, que me hace vibrar, mien-
          bendito y lo espiritual. Recorro con mi boca cada rincón   tras me acuesto en un suave colchón de ternura y amor.

          PALABRIJES 23 24 • ENERO DICIEMBRE 2020                                                               59
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