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sólo queda desatar este embrollo, antes de que de aquel sentimiento de plenitud post coital,
termine por ahorcarme y romperme el cuello. donde la luz del sol y el canto de las palomas
que permanecen escondidas son la ilusión de
la más perfecta autorrealización. Aún no te
Un domingo del 2016 (trío de aves). puedes ir, queremos cogerte de nuevo. Y los
Puedo imaginarlo. Un domingo del 2016 por labios nuevamente se mezclan entre sí, frente
la tarde, donde la calma se percibía en el aire, a lenguas y sabores dulces del sexo. De nuevo
en las calles casi fantasmales. Un muñeco de las penetraciones, las ensalivadas con los dedos
porcelana sale del cine y recibe una propuesta índices, y las inhalaciones a un frasco pequeño
a través de un mensaje sin emisor. Se trata de con olor a barniz de uñas. Todo se mezcla para
una puerta para compartir la lubricidad; él, dar vueltas sin parar, no sin antes eyacular otros
despreocupado, accede sin más preámbulos. fluidos ajenos dentro del depósito del deseo.
Basta de palabrería y de pretensión. Navega
por la ciudad, hasta llegar a las Américas. Otras No puedo imaginarme todo ese descontrol,
Américas. símbolo de la libertad y la lujuria, donde cada
Puedo visualizarlo, estacionando su auto frente día es una posibilidad nueva, un par de cas-
a un portón verde, en una calle tranquila, donde cabeles grandes nuevos, una golondrina con
prácticamente nada extraordinario pasa. Y un bellas plumas, una sesión de lujuria donde las
hombre feo −de baja estatura y con barba de identidades quedan en el anonimato, y sólo
candado− le abre la puerta. Se dan la mano, un importa la presencia, el cuerpo, los fluidos
leve abrazo y desaparecen de la tranquilidad de y los besos, con personas que nunca volverá
la calle que no tiene nombre. a ver en su vida. No obstante, eso es lo más
En el segundo piso de esta casa amarilla y cu- hermoso de todo esto, recibir el bálsamo de un
bierta por el verde de las plantas, el muñeco de desconocido, como un bautizo a la madurez, al
porcelana y el sujeto se encuentran desnudos, cuerpo y a la vida.
besándose sobre una cama matrimonial, pese a
que no hubiera signo alguno de un matrimonio.
El más joven se mete a la boca el albatros del Eduardo es un voyerista que gusta de los tugurios para inspirarse. Escritor y
hombre con mirada perversa y sucia, succionan- fotógrafo, ha encontrado una nueva forma de hacer arte a través de la mundana
do y chupando su piel, rozando con el plumaje, cotidianeidad y el absurdo clasismo de la sociedad.
hasta que de la nada percibe el tacto de una
lengua recorriendo su perineo, deslizándose
por gran parte de sus nalgas, para alcanzar
rápidamente el punto oscuro más sensible.
Esto es un trío entre hombres.
Puedo sentirlo, gozando la plenitud sexual de
ser penetrado, mientras su boca se encuentra
ocupada con otra de las aves que se le ofrecen.
No hay presencia del condón, y la piel se me
eriza de imaginarlo orgasmeado, entre las sába-
nas desordenadas por la pasión de los sentidos,
frente a un espejo donde él mismo se visualiza
mamando y montando dos hombres, que hasta
hace unos instantes se trataba de un par de
completos desconocidos, y luego ver cómo las
embestidas eran a pelo, sin la presencia de un
látex premeditado. Vinimos a coger, no a plati-
car. Hasta que finalmente uno de ellos deposita
parte de él dentro del muñeco de porcelana,
y luego viene el turno del otro. Un verdadero
batidero de vida.
Puedo imaginarlo, el éxtasis del nirvana, o
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