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caujiltiaia, qujtecajtiaia.” (Idem) hasme burlado y egañado. Y de la misma manera hacían
Aun estando en campo de batalla, Tezcatlipuca cuando se les ausentaba un esclavo o cautivo y así
ponía en serias dificultades a los combatientes, ya que al acontecía que el esclavo se libertaba y venía a prospe-
tener capacidad de transformarse en objetos, animales ridad ma motelchioanj, in tinechmaca malli, ca çan notech
o personas, ponía frente a los guerreros el espejismo otonmoqueuquelo.” (CF, IV: fol. 24 v)
de haber capturado un prisionero cuando en realidad Incluso si a su capricho quería dar rienda, Tez-
no había capturado nada o lo que tenía en mano era catlipuca era capaz de hacer uso de sus artilugios para
simplemente uno de sus compañeros de batalla. Ante cambiar el destino del guerrero y de las personas debido
tal descontento, el guerrero no tenía más que alzar a que “el dios [era] malicioso [y] podía intercambiar las
reciamente la voz expresando a la deidad: “Tú, Tezcat- condiciones respectivas del amo y del esclavo. [Y] esos
lipuca eres un puto y cambios de estatus suscitaban al parecer la hilari-
dad de Tezcatlipuca”. (Olivier, Tezcatlipoca: 40)
No hay que olvidar que Tezcatlipu-
ca tenía presencia nocturna, que era
considerado la deidad patrona de los
hechiceros, cuya intervención en la
tierra era en forma de “hombres-bú-
hos” que en lengua indígena eran
nombrados como tlacatecolotl; bajo esa
apreciación podía causar cualquier tipo
de anomalías sobre la tierra y, además,
como parte de su influencia divina,
podía dejar entre los hombres ciertas
enfermedades que él podía hacer brotar,
y que ahora podemos reconocer como
la lepra, el prurito, las pústulas, etc., y
que conforme a un “lenguaje oculto”, o
sea el nahuatlahtolli, podía retirar.
Se decía entre los antiguos mexi-
canos que al ser Tezcatlipuca entre los
hechiceros quien poseía alto grado de
transfiguración, los hombres tenían
que enfrentarse a sus repentinas apa-
riciones. Podía aparecer en forma de
animales, de fantasma, de hombres
decapitados con el pecho abierto, en
forma de gigantes o de cadáver gi-
miente. Ante tal manifestación,
los indígenas podían desfallecer
o salir huyendo frente a tal
encuentro; ello también es
manifestación de un nue-
vo destino. Podía anunciar
algún tipo de enfermedad,
la muerte y, para los guerreros,
el aviso de ser capturado a manos
de enemigos.
Y quando acontecia: que algún sol-
dado valiente y esforçado, via estas visiones,
no temja: sino assa fuertemente de la estantigua,
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