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Consciente de que su tiempo en esta tierra se sabía que no sería placentero. Sabía de la promesa
terminaba, e inundada por la nostalgia de reunirse firmada con sangre por sus progenitores pero no se
nuevamente con su padre, estudiaba con frenesí el amedrentó. Llegada la hora y el lugar convenidos,
broche de oro con el que cerraría su misión, pudiendo se desnudó, preparada para todo. Llegó el Arcángel
mostrarse ante él y llenarlo de orgullo. Sólo anhelaba Mensajero, que se apiadó de ella, aunque no tenía
una cosa: la vendetta máxima. Aunque las leyes del alma. La belleza de Helena lo había eclipsado desde
conjuro le tenían estrictamente prohibido actuar el momento de su nacimiento, así que, cubriendo
fuera de tierras aztecas, la sed de sangre vengadora con sus alas negras su cuerpo blanquísimo, la asfixió
inundaba sus venas. Le excitaba el simple hecho de un tirón para que no sufriera; y sólo entonces,
de pensar en ultrajar... la regla máxima. El castigo cubrió su cuerpo ya sin vida de fuego, y no cuando
podría significar no poder regresar y ser condenada aún estaba respirando, como dictaba la ley. Luego,
a vivir entre los terrestres... sin poder alguno, y sin devoró sus huesos para que nunca nadie más la
comunicación con el más allá... encontrara, ni quedara rastro de ella en esa tierra
Preparó sus maletas, pretextando un viaje con ingrata y pérfida.
los Legionarios de Cristo. En su pecho colgaban dos Helena abrió los ojos y desnuda, obediente,
cruces: una al derecho, y la otra... de cabeza. Besó siguió a Xólotl, y con él, atravesó la orilla del mundo.
ambas y subió al avión. En sus más dulces pesadillas Su padre la esperaba al otro lado, y ambas
se le apareció el Arcángel Demian, quien provocaría entidades se fundieron en un abrazo. Durante varios
un accidente para desviar su destino y la llevaría a días se celebró un aquelarre mixto para celebrar
salvo a la tierra salvaje para llevar a cabo su última la llegada de la misionera. Se le condecoró con la
fechoría. Esto le daría el máximo reconocimiento máxima orden entre los vampiros: la de Asesina
entre los seres de las sombras. Escarlata Inmortal.
El avión sufrió un accidente del que Helena sa-
lió intacta. Se había anunciado una visita inesperada Lilke juega a ser bipolar, devora libros y también pozole vegetariano. Ama a sus
del presidente vecino. Helena preparó sus mejores perros y se autonombra misántropa. Si pudiera, viviría en una sala de cine o cuidando
armas. Saboreó el regreso con su padre y pensó en murciélagos bebés o elefantes marinos.
la celebración de su retorno. Era peligroso, pero
entre más arriesgada la tarea, más emocionante le
parecía y más la tentaba.
Unas semanas más tarde, la noticia había
recorrido el mundo entero: las plagas del antiguo
Egipto habían azotado la máxima potencia mundial,
arrasando con la población. Era un apocalipsis local
de proporciones catastróficas. La primera víctima:
el presidente, conocido también como el idiota más
odiado del planeta. China, la potencia en turno,
celebraba su llegada indiscutible al poder, sin ima-
ginarse siquiera que después correría con la misma
suerte, sólo que entonces sería otra hermafrodita
la que seguiría el ejemplo de Helena. En Rusia, los
rezagados comunisto-socialistoides se embriagaban
con vodka. En Cuba, los santeros no se daban abasto
para dar gracias a las fuerzas de Shangó.
Como las leyes del conjuro dictaban, el día de
su cumpleaños número doce, Helena no debía dejar
rastro de su cuerpo humano. En el amanecer de ese
día, marcado con un círculo rojo en su calendario
religioso, contrario a su nocturno nacer, el sol
despuntaba ante un cielo despejado y azul, como
en muchos años no se disfrutaba en la ciudad. El
suicidio le estaba prohibido. El Arcángel Demian iría
a encontrarla en el bosque para llevársela. Helena
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