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sin que esto quiera decir que no hay secuelas emocionales. son mínimos; aunque el autor refiera serias consecuencias
El mismo hecho de vivir a la defensiva es una situación para la vida de las mujeres, en el lenguaje empleado para
desgastante tanto emocional como físicamente. Las vio- el término queda la percepción de que no es así.
lencias nos afectan a todas. Por otro lado, al hablar de machismos, sugiere que
Pero ¿cómo podemos identificar la violencia de género? sólo los que son machos ejercen ese tipo de violencia y
Se trata de todo acto u omisión que busca causar daño, te puede haber muchos hombres que, al no identificarse
incomoda y hace sentir mal, va en contra de tu voluntad con el término, sientan que en este tipo de violencias no
y viola alguno de tus derechos humanos. Es decir, es una están incluidos.
expresión del ejercicio de poder, control o dominio. Otra clasificación, difundida por instituciones de go-
Una vez que hemos identificado la violencia, es impor- bierno y algunas universidades es el violentómetro. Éste
tante que sepas que la academia ha clasificado la violencia hace una clasificación de acciones violentas, para que se
de muchas maneras, algunas de esas formas han sido im- pueda identificar si se está sufriendo violencia, se invita
portadas de otras latitudes con nombres en inglés como a la reflexión y a pedir ayuda cuando ésta ya es grave, de
mobbing, para hablar de la violencia laboral, o bullying para acuerdo con lo que se juzga que es verdaderamente peli-
hablar de la violencia escolar; dichos términos hacen pare- groso. (Ver imagen)
cer que los problemas son nuevos, cuando en realidad no
lo son y sólo tienen una reciente forma de ser nombrados.
El problema de la elaboración de las clasificaciones es que
muchas implican una jerarquización acerca de cuál violencia
es más grave que otra. Es decir, así como socialmente se
piensa que hay espacios seguros para las mujeres, también
que las violencias y las conductas de sus perpetradores se
pueden medir, que algunas son menores y otras más graves
en función de sus manifestaciones y del “supuesto daño”
causado, toda vez que algunas resultan imperceptibles.
Sin duda, se trata de la herencia positivista que nos hace
pensar que lo subjetivo es medible.
Dentro de estas clasificaciones, surge un término en la
década de los 90, que es el de micromachismos. Luis Boni-
no, psicoterapeuta y autor del término refiere que éste se
basa en la teoría de Foucault para visibilizar ciertos tipos de
violencia que son imperceptibles. En ese sentido, él define
los micromachismos como “…prácticas de dominación y
violencia masculina cotidiana, del orden de lo “micro”, al
decir de Foucault, de lo capilar, lo casi imperceptible, lo
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que está en los límites de la evidencia”.
Bonino, a partir de esta categorización, identifica diver-
sas variables como son los micromachismos coercitivos,
encubiertos y de crisis. Analiza los efectos que pueden
provocar en las mujeres. Refiere, para hablar de los micro-
machismos, palabras como “pequeñas tiranías”, “violencia
blanda”, “imperceptible”, entre otras, que cumplen el
propósito fundamental de ejercer el control y el dominio
sobre las mujeres, de perpetuar la desigualdad de unas/
os sobre otras/os.
Al respecto, consideramos que hablar de lo micro, lo
pequeño o lo blando sugiere que no tiene un impacto en
las personas, es inofensivo, o que los daños que se ejercen
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