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Esperanza: Es viernes y voy para mi casa a bordo de este  mientras más vulnerable, más fácil de atacar, y cuando lle-
          microbús, el mismo que tomé en la mañana… ¡Ay! (Gesti-  gamos a casa nos ponemos a llorar. (Sorbe su nariz.) Pero te
          cula como si le hubieran dado un empujón, mira a su derecha.)  decía que eso… eso que me sucedió fue cambiando… (Mueve
          ¡Anticipe su bajada!, ¿sí? (Voltea con recelo a su derecha,  violentamente su cuerpo, como si el microbús hubiese dado un
          sacude la cabeza de lado a lado y tras un par de segundos vuelve   repentino freno.) Una vez mi mamá me dijo: no uses la falda
          a dirigirse al público.) Es que la gente no se fija: te echan el  tan corta, ni la blusa tan transparente, pero la verdad es que
          cuerpo, te empujan y ni piden permiso para pasar, y yo, con  así son las blusas del uniforme, delgadas, para que todo se
          esta mochilota repleta de libros que ni usamos en clase. Me  nos vea, entonces tuve que usar una playera debajo, aunque
          duelen los pies y no se ve para cuándo me pueda sentar. Me  en verano me acalorara, y si me dejaba el suéter puesto,
          choca viajar a esta hora, porque… porque… (Mira a ambos  mejor. Y la falda… la usaba arriba de la rodilla, porque todo
          lados lados.) Tal vez no deba decírtelo, pero me urge que lo  el tiempo subo escaleras: para salir de casa, para subirme al
          entiendas… me han estado pasando cosas, cosas que no le  camión, para la escuela, todo tiene escalones, y no podría
          puedo contar a mis papás, ni a ninguna otra persona. Ya casi  estar recogiéndome la falda a cada rato, ¿no crees? ¡Ay, por
          cumplo quince y… la gente… los hombres… me molestan.  favor! No es por coquetería, ni descaro, si por mi fuera, usaría
          ¡No, no exagero!, no digas que lo estoy inventando, porque  pantalones todo el tiempo. (Hace una pausa y súbitamente
          me siento bien buena y la gran cosa. Es la verdad. (Mira a su  grita.) ¿Tú crees que nos gusta que nos agarren, que si en la
          izquierda y sacude la cabeza, negando. Vuelve al público.) Ese  combi pasamos un cambio nos rocen los dedos, que debajo
          me quería ver la cara, usan el típico: “¿no te quieres sentar,  de los puentes nos miren entre las piernas, aunque muchas
          mijita?”. ¡Viejo verde! Me miró a los ojos y sonrió, se aco-  llevamos shorts? ¡Pero me harté! La semana pasada un tipo
          modó en su asiento meneándose como víbora hambrienta.  me tocó la pierna, “accidentalmente”. (Marca con los dedos
          (Cambia el brazo con el que sujeta el pasamanos y se acomoda  unas comillas, enfatizando el “accidentalmente”.) ¿Qué hice?
          de nuevo.) La última vez que me pasó, acepté. Yo de mensa  ¿Tú qué harías? Obvio… le di un codazo en las costillas que
          dije que sí y me deslicé hasta la ventana, sentí una caricia  hasta le sacó el aire, le grité “¡¿qué te pasa estúpido?!”, y me
          sobre la falda, pero creí que no era nada. Acomodé la mochila  bajé, aunque no era mi parada… me hubiera gustado marcar
          sobre mis piernas e iba muy feliz, porque estaba cansada  su frente con tinta permanente: “degenerado”, ver su cara,
          y entonces… me di cuenta que el sujeto estaba más cerca,  que lo juzgaran. Y no soy violenta, ¿sabes?, soy tímida,
          rozaba su pierna contra la mía, se movía insistentemente y  pero… una tiene que pasar por eso para saber que no tenía
          me quedé en blanco. Estaba asustada. ¿Tú no te pondrías  que callarme por la vergüenza, porque no soy yo la que está
          así? En ese entonces tenía trece años y apenas me dejaban  mal, no soy la culpable… y ni mi falda, ni mis minúsculos
          viajar sola a la escuela. Temblaba y mi boca estaba cerrada,  pechos tienen la culpa.
          imposible gritar, decirle algo, porque temía la reacción de los   Y por eso empecé a cuidarme, a caminar rápido, a
          demás, y que la gente me señalara y dijera: “Mira, a esa niña  mirar en todas direcciones, a nunca salir sin licras debajo
          la están tocando, y no hace nada, ¿por qué será?”. Miraba el  de la falda, y también a mirar con odio a quien me diera un
          respaldo del asiento de enfrente, con tal de distraerme, para  mal presentimiento, esté donde esté… ya no me fío de la
          fingir que no pasaba nada, que ni me daba cuenta y así todo  amabilidad de los extraños. En serio… aprendí a la mala…
          acabara más rápido. Corazones dibujados con plumón negro,  pero lo hice, y ya no tengo miedo de callar, aunque sí de
          nombres, y también recados, amenazas, vi lo siguiente: “La  vivir por siempre así… llámame grosera, creída, paranoica,
          Maru es bien piruja, la Monse es más puta”.       exagerada, como quieras, porque si te topas conmigo en la
                Y yo tenía a un tipo frotándose contra mi pierna, podía  calle, me niego a ser una víctima, y a que mi cuerpo, como
          imaginar lo siguiente: “A Esperanza le gustan los señores,  mi nombre, aparezcan mancillados en cualquier lado… no
          si la tocan se las…”.                             quiero que me vuelva a perseguir un hombre masturbándose
                Y pensar que mi mamá confió en que no me pasaría  dentro de su auto… Eso te lo cuento otro día, me bajo en el
          nada, solo me advirtió que me cuidara de los extraños, que no  siguiente semáforo. (Su brazo desciende suavemente y se aleja
          hablara con nadie y esas cosas…  y yo pensaba que exageraba…  caminando. Oscuro.)
          (Hace una pausa y traga saliva, su voz se corta.) Ese hombre se
          bajó y ya, pensé que nunca volvería a suceder algo igual, pero
          estaba equivocada, y mucho… y es que… (Molesta, el tono de
          voz se eleva.) ¡Las apreturas, las malditas apreturas! Hay quién
          se aprovecha de eso para tocarte las piernas, para pellizcarte
          una nalga; a unas chiquillas, con trece o catorce años como
          yo… yo que ni siquiera me siento mujer. ¡Mírame!, me falta   Carmen es experta en gatos, acumuladora de recuerdos y bibliotecaria de la vida. Practica la siesta
          mucho por crecer, pero así se calientan esos asquerosos…   extrema: su reto personal es de 19 horas, cinco minutos y trece segundos.

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