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los niños, les dirán marimachas, si cuando crezcan son
poco femeninas, poco adornadas, seguro les dirán que
son lesbianas o tortilleras. Y todo esto empieza con un
mameluco rosa y uno azul.
Los mandatos y los relatos
Se nos programa, desde que nacemos, para acatar
ciertas reglas de comportamiento. A las niñas nos
mandan mensajes muy precisos por todos los me-
dios: cuentos clásicos y modernos, películas, series,
telenovelas, canciones, religión, etcétera, mensajes
orientados a convencernos de que tenemos que ser
bonitas, agradables, atentas, amables, buenas, calladas,
tiernas, pasivas y delgadas.
Y se nos enseña que agradar es ser simpática y
amable para gustar, es pensar siempre en las necesi-
dades de los demás antes que en las tuyas, agradar
es sonreír ante todo. Agradar es no confrontar, no
discutir, no pelear, no decir groserías, no pegar, no
utilizar la violencia; es mantener silencio para no ge-
nerar conflictos, no denunciar. Agradar es perdonar,
es siempre estar dispuestas a hacer más agradable la
vida de los demás, principalmente la de los hombres,
o la de cualquier persona adulta cuando somos niñas,
y la de la autoridad en general durante toda la vida.
El mandato es tan fuerte y se ha dicho con tanta
insistencia por la gente que nos rodea, por la familia, en
la escuela, y en los mensajes que recibimos por todos
los medios de comunicación posibles, que terminamos
pensando y sintiendo que lo que hacemos y cómo nos
comportamos es una elección voluntaria. Ellos las rescatan de los castillos, les dan un beso mientras
Los cuentos clásicos que todas y todos hemos escu- duermen (un beso por cierto dado sin consentimiento
chado o visto en las películas, también ayudan a determi- mientras la mujer duerme o está ahí medio muerta) y ellas
nar nuestras formas de ser y pensar. Como el cuento de entonces deben de agradecer la completitud que ocurre en
La Bella y la Bestia, que enseña que el amor lo cura todo y sus vidas cuando por fin son salvadas.
que las mujeres tenemos que soportar el abuso de un tipo Actualmente hay películas donde las princesas al
que nos maltrata porque está herido y traumado pero que parecer rompen con el esquema de la princesa tradicional,
llegará el día que cambiará y por ello vale la pena soportar tal es el caso de Mérida en Valiente, Elsa en Frozen, Moana
sus desaires, o que nos tenga encerradas; nos enseña que y Mulán. Ellas no son del todo pasivas, aparentemente se
tenemos la obligación de amar. rebelan contra los mandatos que les han impuesto, apa-
Los cuentos tradicionales como La bella durmiente, La rentemente no necesitan a un héroe que las salve, aunque
cenicienta, Blanca Nieves, muestran un tipo de mujer siem- siempre rondará alguno por ahí, y además todas son bellas,
pre hermosa, si no es que la más hermosa de la región, con hermosas, guapísimas, no tienen un gramo de grasa de más,
características pasivas. Siempre son víctimas del mal que les no tienen pelos en las piernas… entonces cumplen, al final,
hacen otras mujeres, desde los celos, la envidia o el rencor, con el mandato de belleza y con el de agradar porque su
y deben ser salvadas por un varón, un príncipe, un héroe. rebeldía termina siendo parte de un orden común, donde
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