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                                la respuesta era, —todavía no, igual y no viene, dijo que
iba a hacer lo posible. Llegó con unos minutos de retraso,
caminando un poco a prisa y con una gran sonrisa y atinó
a decir algo que hasta la fecha no olvido: “disculpen la
tardanza, pero anoche después de las clases me desvelé
leyendo poesía”. Ese comentario me reveló su compromiso
y el conocimiento de su oficio; sentí una gran emoción y
las ganas de replicar aquel modelo del poeta que vive ena-
morado de su trabajo, haciendo horas extra en la oficina.
Él era un hombre que vivía el ser poeta todo el tiempo,
porque hay personas que dejan el oficio en un lado,
separan el momento de la recreación, el momento de
la academia y el de la producción artística. Pero Xhe-
vdet era un poeta de tiempo completo, él siempre era
poeta donde estuviera su mirada, tenía una visión muy
cautelosa, muy entrañable con la realidad, por qué digo
cautelosa, porque a mí me daba la impresión que miraba
y tocaba las cosas, con una delicadeza, con cierta cautela,
como si el mundo tuviera que ser tocado con cuidado.
Aquella reunión fue memorable, asistieron exalum-
nos del profesor, e incluso se reencontró con un viejo
alumno, el cual, por azares del destino, conocía al dueño
de la librería. Todo fue poesía, comida, risas y el brindis
que no podía faltar. Nos habló de como vivía los tiempos
de pandemia, de su visión de la poesía, de la importancia
de tener un grupo del cual apoyarse. Xhevdet no sólo era
un poeta, maestro o investigador, era un gran ser humano,
un “hermano humano” que siempre tenía la calma para
mirarte y darse cuenta de quién eras, fuera a través de la
poesía o de las cotidianidades que le compartías.
Y una cosa que no me gustaría dejar de decir, cuando
yo lo conocí, no hablaba bien el español; recuerdo que
las primeras palabras que aprendió fueron hermana,
hermano, humana y humano. Entonces cuando se enre-
daba porque no hallaba la palabra, sacaba esta muletilla,
hermana humana y hermano humano. Esto me revela
mucho, a él no le gustaba la poesía rimada, era muy claro
en su postura estética, pero cuando no se acordaba de
tu nombre, por cualquier motivo, decía, oye hermana
humana o hermano humano y esto es revelador porque
sin duda él era un hermano humano.
Al enterarme de que estaba enfermo, pensé que había
sobrevivido a una guerra, que cualquier enfermedad que
tuviera, él podría sobreponerse, pero no fue así. El 22 de
junio de 2022 su estrella se detuvo, pero su luz nunca se
fue. Él sigue en la poesía que dejó y, en todos sus alumnos;
en quienes le meten duro al oficio, quienes encontraron
en la poesía una pista para volar y disparar. El día que
PA L A B R I J E S 3 0 • J U L I O - D I C I E M B R E 2 0 2 3falleció, las redes sociales se inundaron de comentarios
para el amigo, para el maestro, para el humano que sabia
escuchar, y todos coincidían en algo: “me dio la confianza
para escribir poesía”, “me alentó a escribir más”, “fue el
primero en confiar en mi poesía”.
Cuando él veía a una persona, la miraba en su individua-
lidad, no perdía esa sensibilidad y yo te lo puedo decir,
porque hablábamos mucho de nuestros estudiantes y él
los tenía presentes, a todos, sabía en qué andaban, tenía
muy presente cómo escribían y comentaba de manera
muy específica, muy puntual, las claves de la escritura
de cada uno.
Xhevdet Bajraj llegó a México como refugiado, a causa
de la guerra en su país, Kosovo, fue recibido en la casa Cit-
laltépetl; fue profesor e investigador de tiempo completo
para la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.
Formó a cientos de estudiantes, que, como yo, pudimos
tener la suerte de haber coincidido, no sólo como alumnos,
sino como humanos que sienten el llamado de la poesía
y están en una búsqueda constante. Alguna vez él dijo:
“el día que la poesía mexicana sea como su gastronomía,
ese día la poesía de este país será lo que tiene que ser”.
Su aporte, al formar a tantos nuevos poetas mexicanos,
fue la mejor sazón que el chamán le pudo dar a la poesía
mexicana. Con sus palabras conoció muchas vidas, y abrió
muchos caminos.
Chamán, regálame un poco de humo
		fuma unos versos más
			envuélvenos una vez más
				con tu aura mística.
Nota
1 Adriana Jiménez García (profesora e investigadora de la Academia de Crea-
ción Literaria de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México), en entrevis-
ta. El resto de las citas que aparecen en este texto provienen de la misma conversación.
José Luis es chiapaneco. Sus actividades favoritas son caminar en la ciudad, contemplar
el ajetreo y a la vez encontrar rinconcitos donde escuchar sus pensamientos. Todo lo lleva a
la espiritualidad.
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