Page 20 P30_WEB.pdf Full Version
							
                                TRES RASPONES
Tere Dey
Cuando las pérdidas se multiplican, la escritura se vuelve un aliado para mitigar el
profundo dolor que producen.
Escribir es siempre cavar un poco en el alma, siempre
deja un raspón en la memoria emocional porque en-
tre las palabras se reflejan nuestros pensamientos y
nuestras emociones, aunque escribamos de algo totalmente
distante. Un texto para hablar de quienes ya no están y
formaron parte muy cercana de la vida de una deja más
que un raspón, pero si mi alma queda con ambas rodillas
raspadas y algo más, no importa, vale la pena invocarlos.
Recordar duele, pero también reconforta, va una a los
antiguos correos y se encuentra con todo ese cariño que
existe, pero que una entierra entre brumas en un intento
de evasión hasta que se acostumbra una a domar la au-
sencia. Así iré recordándolos, Rocío, Francesca y Xhevdet
porque los tres han sido una pérdida personal y se llevaron
pedazos de aquello que yo consideraba mío, mis amigos
que se fueron y me dejaron la vida cotidiana como si me
acabaran de arrancar una capa de piel. Parece mentira,
pero una da por hecho que los amigos importantes que
son menores que una, tendrían que estar allí para siempre;
que la lógica de la vida debería ser ir saliendo de escena por
orden cronológico, pero por desgracia, no es así. La vida es
una mala dramaturga que no respeta espacios ni tiempos.
I
Ro, Rocío, Rocillito, así le decía su mejor amiga, Natalia,
inseparables desde adolescentes, tan parecidas y tan dis-
tintas, ambas con esos ojos de mujeres de las nubes, ambas
Tecas de Juchitán, de voz clara y aparente desparpajo, que
en el caso de Rocío escondía un ser sumamente cariñoso y
dulce. Rocío tenía dos pasiones inalterables, Ollin, su hijo
único, y la otra era el lenguaje, las palabras…
La conocimos cuando se integró a la Academia de
Creación literaria y daba clases en Cuautepec. Un día nos
avisaron nuestros compañeros de GAM que Rocío había
tenido una convulsión mientras comían en una fonda
18cercana. Quienes estaban con ella actuaron de inmediato
y llamaron a la gente que ella tenía en el celular, y allí
todo se vuelve confuso en mi memoria, lo siguiente que
recuerdo es que fue ingresada en Neurología para que
le hicieran estudios y que le dijeron que tenía un tumor
en el cerebro. Tampoco recuerdo cuánto tiempo llevó a
los médicos el diagnóstico del astrocitoma, ese que ella
describía como un árbol que echó raíces en su cerebro y
que le ocasionaba destellos como de luciérnagas que la
rondaban. Pero sí recuerdo que la operaron un miércoles y
que una de sus hermanas iba a estar con ella en el hospital;
así que al final de la junta de la academia, llamamos a su
celular para preguntar por ella, y para nuestra absoluta
sorpresa, ella misma respondió. Claro, no podían dormirla,
porque necesitaban de su colaboración para asegurarse
de no haber tocado puntos del cerebro que le significaran
impedimentos mayores, porque al astrocitoma se le había
ocurrido alojarse cerca del área de Broca donde se origina
el lenguaje. Nos respondió muy contenta, nos dijo que
habían sacado el tumor y que ella estaba bien. Creímos
conjurado el peligro.
Por razones de salud, pidió su cambio a Del Valle y le
fue concedido y nosotras lo celebramos, porque era tan nerd
como las gárgolas, así que cayó en blandito, aunque unos años
después nos tocó acompañarla en el retoño del maldito árbol.
Al leerla, tanto en poema como en ensayo fui cali-
brando su tamaño real, su compromiso con la poesía y
con el pensamiento. Recuerdo que sus correos siempre
tenían como rúbrica una cita, ya de Spinoza o de Wallace
Stevens: “la poesía es la alegría del lenguaje”.
Rocío caminaba por la vida con toda sencillez, y como
buena juchiteca, entendía los momentos importantes de
la vida a través de crear comunidad y compartirlos en
reuniones donde ella ofrecía su querencia a través de la
comida. Recuerdo especialmente dos momentos así, uno
fue la comida donde celebró su recuperación de aquella
PA L A B R I J E S 30 • J U L I O - D I C I E M B R E 2023