recuperación de ese horroroso covid de las primeras épocas, le detectaron un cáncer de colon, en una zona inoperable; al aplicarle las quimioterapias tuvo una trombosis en una pierna y se le complicó, impidiendo que recibiera más quimios. Ella quería quedarse y seguir luchando, pero el cuerpo se dio por vencido y la insigne doctora Pancha Gallo nos dejó huérfanas o como se les diga a aquellas que han perdido una hermana que además ha sido mentora y guía. Te queremos viva y libre decía el pendón que colgaba de la pared de la casona aquella tarde-noche que fue velada, rodeada de mujeres de todas partes y de todas las condi- ciones. Viva y libre es porque ahora se ha vuelto eterna. III Xhevdet Bajraj llegó de la guerra de los Balcanes, lo había becado el Parlamento Internacional de Escritores para sal- varle la vida. Llegó a México sin apenas saber otra cosa que aquí era la tierra de Pancho Villa y Pedro Infante. Cuando le dieron a elegir entre París y la Ciudad de México, él y su esposa Vjollça con sus dos hijos, Gent y Lórik niños, se decidieron por México, querían estar lo más lejos posible de la guerra. Llegaron con lo que traían puesto, nada más. Fueron recibidos en la Casa Refugio de la calle Citlaltépetl en la Colonia Condesa con una beca de dos años para que el poeta escribiera. Xhevdet contaba que estaba bloqueado de tanto horror, de tanto dolor. Durante un tiempo no escribió y ni siquiera tenía fuerzas para llorar. Un día comenzó a escribir y a llorar la monstruosidad de la guerra, de allí nació su poemario El tamaño del dolor. Después de los dos años tenía la opción de volver, pero las cosas todavía no se habían ordenado y decidieron quedarse, entonces ingresó a la UACM y se quedó con nosotros. Allí lo conocí, allí nos hicimos amigos y descubrimos que vivíamos a media cuadra de distancia. A mí me parecía muy curiosa su manera de ver la realidad mexicana, casi nunca estábamos de acuerdo, pero eso sí, discutíamos por horas, él se burlaba de mí y yo de él. Tomábamos café, revisábamos nuestros textos y yo me sentía tan contenta de tener un amigo tan bohemio, y tan buen poeta. Recuerdo que en alguna ocasión que vino a visitarme mi hijo menor con un amigo, les dije que quería presentarles a mi amigo más raro, que además vivía a media cuadra, lo llamé y le pregunté si podíamos ir, él encantado nos invitó. Estaba trabajando con Pedro Reygadas en la traducción al español de El tamaño del dolor. Yo sabía que Xhevdet había trabajado en la película “Aro Tolbukhin, en la mente del asesino” que está filmada como un docudrama, pero tam- bién eso es un subterfugio. La película trata de un húngaro que fue detenido por quemar vivas a siete personas en un refugio en Guatemala. Los directores estaban buscando a 20alguien que hablara con acento eslavo para la parte del supuesto documental y descubrieron a Xhevdet y él fue Aro Tolbukhin en la pantalla. Como buenos comunicó- logos del TEC, a mi hijo y su amigo Toño les encanta el cine. Y no se me ocurrió comentarles de la película, en cuanto llegamos a la casa de Xhevdet y Vjollça, me llamó la atención que Toño, el amigo de mi hijo, que suele ser muy sociable, se sentara en la orillita de un sillón de la sala, visiblemente nervioso. Tras presentarlos, porque una quiere que la gente importante para una se conozca, después de un rato, vi que tenían que seguir trabajando y me despedí. Salimos por el largo corredor del conjunto hacia la calle. Toño me detuvo justo en la reja y me preguntó: Oye Tere, ¿viste “en la mente del asesino”? Y como supuse que me iba a preguntar si mi amigo había filmado allí, me adelanté y le respondí: Sí, sí es él. Cuando vi que abría bien los ojos y me tomaba del brazo para preguntar cómo había salido de la cár- cel… Toño pensó que Xhevdet era el verdadero Aro, no un actor. Me reí mucho y por supuesto se lo conté a Xhevdet, con la broma de que era obvio que tenía esa mirada de loco asesino. Le gustó tanto la anécdota que la adoptó como una de sus favoritas. Le gustaba fingir fuerza, pero era un corazón de pollo. Hacia principios de mayo me envió un mensaje para preguntarme si nos tomábamos un café, por supuesto que acepté. Cuando me dijo que iba Vjollça comencé a sospechar que algo no andaba bien, allí me contaron de la protuberancia del cuello y que le iban a hacer una biopsia. Quería decírmelo él mismo, la verdad es que creo que quería desahogar el inmenso miedo y la tristeza que sentía. La biopsia dio noticias desastrosas, era metástasis, y nunca encontraron el tumor princi- pal; a él también la quimioterapia le ocasionó algunos trombos que se fueron al cerebro, pero en pocos días estaba casi como si nada, pero en la segunda quimio, el trombo eligió su corazón y le ocasionó una muerte instantánea el 22 de junio, cuando estaba totalmente esperanzado en volver a su amada Rahovec junto con su amada Vjollça, sus hijos y su nieto Arban. Lo cierto es que regresó para quedarse, llegó en una cajita de cenizas y se fue a tomar café con su mamá que había muerto tres años antes. Habló tanto de muerte en su poesía que de seguro conocía cada meandro del cami- no al infinito. Nos dejó con la palabra en la boca y los brazos tendidos para despedir al loco kosovar que nos regaló la guerra. Tere, gárgola orgullosa, escribidora en tiempos libres y poeta de clóset. PA L A B R I J E S 30 • J U L I O - D I C I E M B R E 2023