constelaciones de tristeza y cariño. Cuando terminó la clase me dijo: “nos vemos al rato, mano. Claro, profe” —le contesté. Luego busqué tres poe- mas que consideraba decentes por esos tiempos, metí entre ellos el poema nuevo y fui a buscar a Muchacha-Poeta. Ella leyó atentamente. —¿Qué te parecen? —Pregunté. —Estos dos me gustaron mucho —miré qué poemas eran y sí, entre ellos estaba el que es sobre nosotros. —Me da gusto que te gusten. —¿Por qué? —preguntó con miel en su voz. —Pos, me esfuerzo en mejorar y me gusta tu poesía, está chingón gustarle a quien te gusta… su poesía —le conteste como ignorando la situación. *** Pasaron las horas del día. Terminaron las clases: Subí las escaleras con la sonrisa de Muchacha-Poeta en la memoria. En un parque conversé con ella sobre comida albanesa y Pizarnik. Desde las alturas del edificio departamental me rodeó uno de esos días en que Ciudad de México reconquista su condición de ser la región más transparente del aire. Vi llegar al profesor, luego llegó un WathsApp de Muchacha-Poeta: palabras lindas e imágenes chistosas: memes, pues. —¿Cómo qué traerá la comida albanesa? —Ni idea, ¿Crees que la cocine Xhev? Yo no me lo imagino cocinando. —Yo sí, con delantal y todo, haciendo los versos más sabrosos de esta noche. —Yo me lo imagino fumando mientras corta las verduras y platica con su esposa.—Ten mano, prueba comida de los Balcanes. “Es como una torta”, pensé de primera impresión: tenía tres trozos de carne regordetes y rectangulados; es difícil describir el aroma; porque se parece a tantos y a la vez es ninguno. Le di un trago a mi cerveza. Mordí el platillo. —Ponle salsa, así es como les gusta a los mexicanos. —Me da gusto que vayas con Xhevdet, se nota que lo admiras mucho. —Mete clases con él, le va a gustar mucho lo que escribes. El tiempo iba redactando un ambiente perfumado de tierra humedecida, de frescura, de abrazos y de un beso. Wooooaaooo qué explosión de sol en la boca sentí y en las emociones, y en el día que fue uno de esos donde se juntan en Ciudad de México, el sol y luna. *** Mi último libro ya no lo leyó Xhev. Recordar es como observarse en un espejo humeante. Hoy camino muy cerca de la universidad de escritores y agradezco tanto haber aprendido a degustar el amor de manera poética, ponerle un punto final al último verso de amor y tomando versos de cualquier segundo donde acon- tezca la poesía. Pero sobre todo haber sido de los muchos alumnos del profe Xhevdet Bajraj; nos dejó la mejor escuela de poesía México-albanesa del mundo, la única que hay. Descanse en paz, profe. JoséL tuvo la bendición de nacer en familia de mariachis y norteños que emigraron a la gran Tenochtitlan. El ambiente cultural citadino hizo que se enamorara de la literatura y tiene la fortuna de poder desarrollarse y unir ambos mundos. Lo pueden encontrar en sus redes sociales con su nombre artístico: Jose L. Tonali, Mariachi literario. PA L A B R I J E S 3 0 • J U L I O - D I C I E M B R E 2 0 2 329