Nina (N): Mientras sus células se multiplicaban sin control diseminándose por todas partes; Rocío González, Francesca Gargallo y Xhevdet Bajraj se mantenían en pie; caminando entre estudiantes, amigos y poetas, cuidando de sus seres amados y regalándonos la energía que sigue plasmada en sus versos. En esta charla, queremos dibujar a nuestros poetas y ponerle a su obra un rostro que perdure. Carmen Ros (CR): Quiero comenzar hablando de Rocío González; no solamente fue una gran compañera, es una poeta con una altura, con una gran estatura artística. En el doctorado tuve compañeros españoles y canadien- ses, me sorprendió que uno de ellos estudiara la obra de Rocío como trabajo recepcional. Él me acercó a la obra de Rocío. Entonces, creo que Rocío merece un gran lugar. Adriana Jiménez (AJ): Hablar de Rocío es hablar de una académica muy sólida, tenía un perfil mucho más acadé- mico de lo común. Era doctora en letras y cuando entró aquí estaba en el posdoctorado. Vivió becada toda su vida, siempre fue una estudiante de excelencia y una persona muy refinada, de una gran elegancia natural y muchísimo amor por la región donde nació. Era una académica muy rigurosa y una poeta muy valiente. Adriana González (AG): Rocío fue una gran amiga mía. Nos queríamos muchísimo. Compartimos el cubículo y forjamos una amistad que iba más allá de la universidad: íbamos al cine, paseábamos, hablábamos por teléfono… estábamos en contacto constantemente. Más que hablar de su trabajo poético, deseo apro- vechar esta oportunidad para acordarme de cosas muy importantes de ella; como su entrega al trabajo, su en- trega a la universidad, a la que entró en el año 2009. Me acuerdo muy bien porque en ese momento yo era el enlace general de la academia. Me tocó recibirla y fue contratada para trabajar en el plantel Cuautepec; por lo lejano, en la primera época tuve poco contacto con ella. AJ: Yo tuve la fortuna de participar en la dictaminación de Rocío, con la que se quedó acá en la Universidad. En las dictaminaciones, cada candidato y candidata tenía que dar una clase muestra y la de ella fue verdaderamente sobre- saliente. A la hora de hacer la deliberación era indudable que tenía que ser ella, por la claridad de sus ideas y por la estructura con la cual organizó toda su exposición. Hasta después de su presentación, con la que ya era muy claro que ella se quedaría con el trabajo, vi sus documentos; su currículo me impresionó muchísimo porque para ese momento ya tenía varios premios, ya tenía el doctorado y era muy joven. Esto resultó interesante, ya que se suele decir que si eres poeta probablemente no utilices con frecuencia tu parte más intelectual sino la sensible; pero en el caso de Rocío iban a la par. Ella era la muestra de que esa teoría no tendría por qué existir; ya sabes, que si PA L A B R I J E S 3 0 • J U L I O - D I C I E M B R E 2 0 2 3eres poeta entonces tal vez no tengas tan sólida la parte académica o que si tienes muy sólida la parte académica, probablemente no tengas tanta sensibilidad poética. Es falso, no tiene base y Rocío fue la muestra de ello. AG: Ya en la UACM, yo casi nunca la veía; sin embargo, simpatizamos y de pronto nos hablábamos por teléfono y teníamos algún contacto. Desgraciadamente, al poco tiempo de estar trabajando en Cuautepec (2010), sufrió un ataque convulsivo. La llevaron de emergencia al hospital y le diag- nosticaron un cáncer cerebral. Fue muy impresionante, le dijeron que la tenían que operar de inmediato. La operaron y a la semana estaba como si nada, estaba sana, fuerte, volvió casi inmediatamente y así siguió hasta el final, hasta que llegó el momento en que realmente ya no pudo dar clases. Debido a la enfermedad le dijeron que no podía trasladarse hasta Cuautepec porque tenía riesgo de volver a convulsionar en cualquier momento y no podía manejar; entonces se cambió al plantel Del Valle y trabajo aquí, porque le quedaba más cerca de su casa. A pesar de su enfermedad, para ella cumplir con el trabajo fue siempre lo primero. Tuvo excelentes relaciones con distintos estudiantes: le podían pedir prestados libros, ir a asesoría, hablar con ella de asuntos personales. Luego supe que Rocío había sido maestra de niños, había estudiado para ser maestra, vocación que siempre conservó. Le importaba mucho la calidad de sus clases, se empeñaba en la claridad de lo que estaba exponiendo, al leer lo que estaban haciendo sus estudiantes se entregaba y trataba de salirse de lo que hoy se espera de una clase, porque para ella era muy importante que hubiera una participación lúdica de los alumnos y que tuvieran acceso a distintas formas de aproximarse a la literatura: caminaba con ellos por el plantel, oían música, hacían cosas que en otras clases no se hacen. Mucha gente la recuerda con cariño. Cuando murió le hicimos un lindo homenaje: hubo gente que escribió y leyó poemas para ella. Fue una profesora muy querida aquí. CR: Rocío tenía maneras insólitas y hermosas de enseñar. Caminaba con sus alumnos por todo el plantel, les mar- caba el paso y empezaban a recitar, casi como a rezar; no en términos religiosos, sino para marcar cierto ritmo al decir una frase en coro. Por eso insisto en que tenía for- mas innovadoras para que los estudiantes tuvieran una aproximación insólita a la poesía. AG: A raíz de su operación, Rocío escribió un poemario sobre la enfermedad; “Neurología 211”. Es un libro impresionante en el que habla de su experiencia y de la muerte. Lo escribió mientras trabajaba en el plantel del Valle de la UACM, fue un libro producido en estos patios, en estas aulas. Rocío, que era originaria de Ixtepec, un lugar cerca- no a Juchitán, no hablaba zapoteco, pero tenía un gran conocimiento de la cultura, la comida, las tradiciones, los atuendos, y era parte de lo que comunicaba. 37