Ilustración de Alberto Saucedo 38AJ: Rocío se atendía en el Instituto Nacional de Neurología y por eso escribió ese libro, son poemas sobre lo que le estaba pasando, el largo y doloroso proceso que la llevó a la muerte. Lo vivió con una enorme presencia, con mucha valentía y sin dejar nunca de lado su compromiso con su trabajo, con sus estudiantes. CR: Poco antes de que la operaran la primera vez, Rocío nos envió unos capítulos de una suerte de autobiografía, de la que nunca hemos hablado y que seguramente nunca se publicará, eso dependerá de su hijo, Ollin. Todas enmudecimos. Digo todas porque lo mandó a Adriana, a Tere, a Adriana Jiménez, a Karla Montalvo y a mí. Me acuerdo de que en el WhatsA- pp escribimos: “¿Y ahora qué hacemos?”, pues sabíamos que la iban a operar, y es que en el mensaje del texto nos decía: “Por si no las vuelvo a ver, aquí está mi vida”. Todavía se me hace un nudo en la garganta. Tenemos por lo menos unas 50 páginas de la autobiografía de Rocío. Nunca lo hemos hablado con Ollin. AG: Entiendo que es una obra inacabada; precisamente la mandaba pensando en tallerearla. Regresando a su enfermedad. Constantemente se tenía que hacer análisis, sabemos que es una enfermedad que puede regresar. Durante mucho tiempo los análisis resultaron negativos y ella estaba bien, seguía trabajando, hasta que llegó un momento en que le dijeron: “el tumor está activo de nuevo”. Se sometió a un tratamiento de radiaciones y estuvo un poco mejor durante algún rato, hasta que llegó el final. CR: Rocío hablaba con frecuencia de su muerte, con gran en- tereza y presencia de ánimo, yo diré que hasta con optimismo. A casa de Tere Dey llegamos a comer con ella y con su amiga Clara. Ahí Rocío puso sobre la mesa el hecho de su muerte, aun cuando estaba contenta porque su enfermedad remitió como diez años después del primer diagnóstico. Para ella era muy importante resistir lo más posible para que su hijo, Ollin estuviera listo para cuando su mamá ya no estu- viera, lo preparó. Una vez nos invitó a su casa a comer comida oaxaqueña, cocina del Istmo. Le pidió a su cuñada que llevara la comida, también llevó mezcal. Ese día volvimos a hablar sobre su muerte. Ella estaba decidida a que no fuera algo trágico, sino algo que tu- viera esa especie de gloria oscura; tenía una fuerza enorme, una fortaleza, entereza, una mirada impresionante para colocarse en el mundo frente a la muerte. Desde la primera cirugía, empezó a acercarse a las técnicas budistas de meditación y a hacer todo lo que pudo para llegar al final dispuesta a atravesar esa puerta negra, la muerte, sin saber qué hay al otro lado. Poco después de que Rocío falleció, Karla Montalvo subió a Twitter una foto de un pie de Rocío con una sandalia dorada, el texto decía “El pie de una diosa”, vi la foto, le di like y me vino a la mente la voz de Rocío. No tenía nada más el pie de una diosa, también tenía la voz de una diosa. AG: Me acuerdo de que luego de la comida que mencionas, Rocío me invitó a un viaje con otras de sus amigas; quiso que PA L A B R I J E S 30 • J U L I O - D I C I E M B R E 2023