diseño de una licenciatura y promoverla, para escribir sobre feminismo, para dilucidar sobre filosofía y para decirles a los filósofos: “¡Ay, bájale!”. Yo sé, por mi hija, que Frances- ca se hablaba de tú con los filósofos más importantes en términos de hermenéutica, como Jean Ferrari. Otro día salió de una juerga con Luis de la Torre, cerca del Excélsior, y se encontró a una mujer durmiendo en la calle que tenía a su alrededor huipiles cubiertos con periódicos. Francesca la despertó y le preguntó qué hacía ahí; la mujer no hablaba bien en español, pero Francesca entendió que la mujer estaba vendiendo huipiles, no te- nía nada, por eso estaba ahí dormida. Francesca le dijo: “¡De ninguna manera! Te vienes a mi casa”. Guadalupe se llama. Francesca ayudó a Guadalupe a organizar a las bordadoras de la Sierra Mixteca de Oaxaca. ¿Qué significa organizar? Pues que todas bordaran y que una viniera a la Ciudad de México a vender los huipiles para que no tu- vieran que dispersarse. Entonces Guadalupe venía una o dos veces al año y parte del mercado éramos nosotras, lasestuvieron presentes y otras por vía remota desde Italia, gente que en algún momento vivió en su casa. Uno de ellos, un joven activista, dijo que alguna vez había llegado a “la verde morada”, –por supuesto jugando con el verde y el morado en alusión a los colores feministas–, que no conocía a nadie y que de pronto Francesca salió y sin preguntar nada le dijo que tomara un costal de cemento porque iban a reparar algo. Se puso a trabajar y después ella le preguntó qué estaba haciendo allí. CR: Cuando empezó a remodelar la casa de Santa María la Ribera, lo hizo un poco con sus propios medios, y parte de sus medios eran sus brazos, que ya empujaban las carretillas, trabajaban con tierra, con cemento, con lo que podían. Ella iba dirigiendo la orquesta con un albañil, porque no podía pagar más. El departamento en el que vivía antes también lo fue transformando. Llegaba a un lugar y enseguida comenzaba a imaginar cómo transformar el espacio, tenía talento también para las artes decorativas y arquitectónicas. profesoras. Guadalupe se quedaba en casa de Francesca… Así era Francesca Gargallo, tenía esta capacidad de hacer proyectos sociales, proyectos culturales e intelectuales. AJ: Hablando de la hospitalidad de Francesca, no sólo fue con Guadalupe. Tenía una casa en Santa María la Ribera, “La verde morada”. Cuando falleció le hicimos un homenaje y hablaron personas que vivieron en su casa. CR: Es una casa del siglo xix, modelo inglés. Francesca la compró muy barata, estaba muy deteriorada y la arregló muy bien; lo que sería la sala le quedó como una bibliote- ca enorme, preciosa y había dos cocinas. la casa era muy amplia, tenía habitaciones: ahí, Francesca tenía mucha gente. colectivos de artistas. AJ: Francesca nos contaba todo el trabajo que hacían, pero cuando fue el homenaje algunas de estas personasEra una amiga a toda prueba porque nos podíamos desgreñar –y mira que nos desgreñábamos–, nos gritá- bamos, imagínate que de qué tamaño eran los gritos que Rosina Conde me detenía “¡Carmen, espérate!”. AJ: Rosina se asustaba, yo me quedaba congelada. Luego les decía “¿Por qué? Cálmense, si son amigas, ¡por favor!” pero así se querían, era su manera de quererse. AG: También hay que decir que en realidad fueron dos las carreras que Francesca creo en la UACM, Creación literaria y Filosofía e historia de las ideas. CR: El chisme de Filosofía e historia de las ideas es bien bonito, bien padre y bien peligroso. El papá de Francesca, Gioacchino Gargallo di Castel Lentini, escritor y filósofo, también era académico y estableció la cátedra de Historia de las mentalidades. En Europa, si alguien quiere hacer una PA L A B R I J E S 3 0 • J U L I O - D I C I E M B R E 2 0 2 341