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                                todas “balcánico, Xhevdet, ¡no asustes, por favor!”, ya
después nosotras le explicábamos. Sí, ellos dos eran más
impacientes, menos cautelosos.
AJ: Francesca era de mecha corta, se encendía con rapidez,
pero con la misma velocidad se volvía muy generosa, muy,
muy amorosa.
CR: Era explosiva, sí, pero básicamente era un corazón
con pies, corazón que le explotaba en la cima del alma.
AJ: Estoy de acuerdo. Alguien puede escribir cosas muy
personales, muy desgarradoras, y tener una vida muy se-
rena. O alguien puede tener una vida muy turbulenta, ser
una persona más bien indeseable y tener una obra hermosa
y una obra delicada. Pero en el caso de Francesca, yo creo
que sí estaba muy en consonancia.
CR: Regresando a Xhevdet, como él mismo dijo, su obra
representaba la derrota del ser humano, en los últimos
libros, la mayoría de los poemas se los dedica a su esposa,
no lo dice, pero se entiende que son para Vjollça y son
una cosa increíble. Me acuerdo la primera vez que oí esos
poemas. Xhevdet me invitó a su casa para tallerarlos. A
veces iba sola, a veces con Tere y Adriana. Pero una cosa era
tallerear esos poemas que hablaban de la derrota; otra cosa
era tallerear los poemas que hablaban del triunfo del amor.
Cuando falleció Xhevdet, estábamos en la funeraria, y
fui a comprar flores. Vjollça me acompañó y me dijo: “¿Por
qué le compras flores? Me dejó, Carmen, me dejó”, estaba
muy enojada, qué le decía yo, sólo le respondí: “sí, te dejó,
pero también le voy a comprar las flores…”.
Tere y yo tuvimos una relación muy entrañable con
él, así como fuimos cercanas a su esposa e hijos… Pude
presenciar el desarrollo de su vida familiar, de su trabajo
y de su poesía.
AJ: Vjollça fue muy importante para que Xhevdet se pu-
diera apuntalar como poeta, porque era una personalidad
poética, pero además él lo decía: “¿qué haría yo? ¿Cómo le
haría para avanzar? Si mi mujer no me ayudará gestionando
la vida cotidiana”. Cuando se le diagnosticó el cáncer, hubo
un momento en el que se desmoronó, como es normal, y
su esposa lo sostuvo.
En el caso de Francesca y Rocío ellas gestionaban su
vida, ellas cuidaban de sus hijos, de su hija y de su hijo y,
además, hacían poesía, eran académicas y lo hacían con
suma elegancia, destreza y eficacia. Eran del tipo de artistas
que van en solitario.
Esto no significa que establezca ninguna jerarquía
respecto a todos estos casos, simplemente es algo curioso.
CR: Después de que falleció Xhevdet, pensando en esas
mujeres que se hacen solas, Vjollça empezó a escribir poesía.
Es muy buena poeta, aparte cirujana, están los poemas de
¡Ay, güey! Es una mujer muy sensible.
AJ: En el homenaje reciente a Xhevdet, hubo gente que
comentó que él podía decir todo, otros, que era un hombre
44de pocas palabras; otras personas dijeron que hablaba
caudalosamente y que confiaba cosas de su vida con gene-
rosidad, con locuacidad y elocuencia. Todo eso habla de la
misma persona y claro, me parece muy bien que Xhevdet
no haya sido igual con todo mundo, porque quiere decir
que en la amistad o convivencia respondía de manera
personal a ese vínculo y según las circunstancias.
Esperemos que la gente se acerque a la obra de estos
poetas, allí está, para que la lean, eso es lo más importante,
que lean su obra, que vean el alcance de estas personas,
estas poetas, este poeta, con quienes tuvimos la fortuna
de compartir un tramo de nuestras vidas. La obra queda.
N: Les agradezco muchísimo. Hugo Hiriart me dijo alguna
vez que cuando fallecemos queda, física o simbólicamente,
un bulto de tierra, un par de fechas y unas palabras que
dicen poco. Pero la ventaja de los artistas, y la fortuna de
estar rodeado de otros artistas, es que se deja un noble
fantasma de lo que fuimos extendiendo esa efímera
existencia. Agradezco que esta charla, como homenaje,
dibuje un poco más la silueta de esos fantasmas a quienes
amaron y nos regalen una vista de ellos desde los ojos de
ustedes mismas.
Nina gusta de las extrañezas en las letras, en los tragos y en las personas; lo insulso le aburre.
Debe ser por la brujería que le impuso su madre con aquel nombre tan insólito.
Carmen es cofundadora y codiseñadora de la Licenciatura en Creación Literaria de la UACM.
Es terca como una cabra y perseverante como otra cabra. Prefiere el monte, siempre hay que
tirar para el monte… es capricornio.
Adriana J. forma parte del equipo que diseñó y echó a andar la Licenciatura en Creación Literaria
en la UACM. Cree radicalmente en el escepticismo, pero duda de toda generalización, incluida
esta. Le gustan las hipálages y está de acuerdo con Mallarmé en eso de que la prosa no existe.
Adriana G. es doctora en Literatura Comparada por la Universidad de Nueva York y profesora
investigadora de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Le gustan los gatos, lee sin
parar, ha escrito uno que otro libro.
PA L A B R I J E S 30 • J U L I O - D I C I E M B R E 2023