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                                el 98 empezó una batalla en Rahovec, donde vivíamos,
tuvimos que abandonar la ciudad Xhevdet, los niños
y yo, nos refugiamos primero en las montañas, luego,
no recuerdo de qué manera, me fui con los niños a
Prishtina, Xhevdet se quedó en un pueblo, él viajó en
automóvil con los internacionales, a quienes los serbios
no les hacían mucho caso, así que era más seguro viajar
a su lado, cuando los soldados serbios detuvieron el
auto sólo revisaron los documentos de ellos, Xhevdet
tuvo mucha suerte, lo imagino en el asiento de atrás,
asustado, fumando, temblando de miedo, poniendo una
sonrisa falsa frente a los militares. Era invierno cuando
él llegó a Prishtina, fue un invierno muy duro, rentamos
una habitación sin calefacción, los tubos del baño se
congelaban, no podíamos bañarnos, no teníamos nada,
perdimos el trabajo, no sabíamos de nuestras familias,
comíamos muy mal, los cuatro dormimos en una cama
matrimonial, él escribía todas las mañanas y todas las
noches. Empezó a redactar para una revista, le daban
100 o 200 euros al mes, con eso comprábamos comida.
En primavera parecía que las cosas iban más tranquilas
en Rahovec y decidimos regresar, era muy difícil vivir y
pagar la renta en Prishtina.
Termina el primer audio con la voz quebrada, yo le
doy un par de besitos al vaso de mezcal, tengo la cara llena
de lágrimas, no me siento solo, me siento acompañado por
Vjollça y sé que ella, en su mañana mexicana, se siente
acompañada, reproduzco otro audio.
Mientras estábamos en Prishtina el Parlamento Inter-
nacional de Escritores en Francia eligió a Xhevdet para
darle una beca. El parlamento funcionaba así (creo que
así sigue): seleccionan a un escritor o a un poeta exitoso,
sin condiciones para trabajar por estar en riesgo, lo sacan
del país y lo apoyan económicamente. Había posibilidad
de viajar a 85 países, nos preguntaron si queríamos Ve-
necia, México o Montecarlo, era la primera vez que en
México se abría una casa de refugiados. Xhevdet pensó
que ésta era la mejor opción por su lejanía, dijimos a
México, pero empezaron los problemas grandes en Ko-
sovo: quedamos atrapados. No podíamos salir, ni realizar
trámites porque empezaron los bombardeos de la OTAN
y los serbios lo aprovecharon para hacer masacres en los
pueblos. El 24 o 25 de marzo de 1998, en Fortesë, muy
cerca de Rahovec, donde yo nací, los serbios mataron a
85 personas, mataron civiles, niños, mujeres, mataron a
mi papá, a mis tíos, a mis primos, desperté esa mañana y
vi que mi pueblo estaba en llamas, se podía ver desde la
casa donde estábamos refugiados, (no nos quedábamos
en la nuestra porque los vecinos eran serbios). Un tío de
Xhevdet los refugió a él y su madre, yo me quedaba con
PA L A B R I J E S 3 0 • J U L I O - D I C I E M B R E 2 0 2 3mi hermana y con los niños en casa de una amiga, decían
que no estaba bien que nos quedáramos juntos para que
no nos mataran a todos. Un día no comimos, se acabó
el agua, Lórik mi niño pequeño tenía 4 años, le estaban
saliendo los dientes y le dolían las muelas, por las noches
lloraba todo el tiempo y yo tenía que cerrarle la boca para
que no lo escucharan los militares que patrullaban en
la calle… con todo el riesgo, decidí dejar Rahovec e ir a
Prizren, una ciudad más grande y de ahí salir a Albania
donde recibían refugiados, hablé con Xhevdet quedarse o
irse eran decisiones riesgosas, así que tú toma la decisión,
me dijo… y un día mis hijos y yo nos despedimos de Xhe-
vdet sin saber si nos volveríamos a ver. Yo, mi hermana
y nuestros hijos salimos en un autobús de los serbios de
Rahovec a Prizren, 45 minutos en el infierno, detenían el
autobús con armas, lo más triste fue pasar por Fortesë,
les dije a los niños que no tenían que llorar, que todo
estaba bien, que los adultos estaban jugando a la guerra
y nada más. En Fortesë vimos vacas muertas, pedazos
de zapatos, restos de ropa, casas incendiadas… Perdón.
El audio termina, hay un par de mensajes escritos:
“me regresé en el tiempo y no puedo hablar… Estoy llo-
rando...” Yo me termino el mezcal, con lágrimas en los
ojos, pago la cuenta y camino hacia el puerto de Bari, luna
roja en el cielo.
En el barco fumo un cigarrillo de marihuana con
tabaco, han llegado los demás audios de Vjollça, mañana
llegaré a Durrës, en dos días estaré en Prizren, después
en Rahovec.
Día 23/24/25..:
Lo que sucedió durante estos días parece más un sueño,
una especie de relato onírico donde la casualidad y el azar,
la fortuna y la causalidad, las borracheras y mi nulo enten-
dimiento del albanés, luchan constantemente para permitir
que el destino se manifieste. Quizá deba continuar donde
me quedé: escuchando los audios de Vjollça en el ferry.
Una mañana, en Rahovec, desperté en la cama donde
Xhevdet y Vjollça dormían, la habitación de las noches
hermosas, inolvidables, (comenta ella cuando le envío
una foto de la recámara) después de una pesadilla sobre
el apocalipsis, los sueños del poeta.
Estoy en Prizren, son mis últimos días aquí, quizá
mañana o pasado mañana iré a Prishtina. En la cubierta
del ferry los últimos audios de Vjollça son crueles, pero
al final esperanzadores, recuerdo terminar el cigarrillo y
escucharlos sentado, viendo el negro mar Adriático refle-
jando la noche y la luna roja. Yo sonreía y lloraba, parecía
un loco, uno de los trabajadores del ferry se quedó muy
cerca de mí para evitar que me lanzara al mar ¿cuántos se
habrán lanzado pasando un mal momento?
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