El Parlamento Internacional de Escritores me contactó en Albania, me dijeron que en cuanto supiera algo de Xhevdet me comunicara con ellos y me dieron un número de teléfono. Nos quedamos en Albania como refugiados un mes y medio. Un 16 de junio viajamos para Bucarest. Ahí nos que- damos hasta el 20 de junio y de ahí viajamos, vía Amsterdam, a Ciudad de México, llegamos aquí un 21 de junio. Nos detuvieron en migración un par de horas porque nosotros no hablábamos nada de español y ellos hablaban muy poco inglés. Afuera nos esperó el responsable del parlamento, Philip Ollé Laprune, llevaba una cartulina con nuestros nombres escritos: nos preguntó en inglés ¿Y sus maletas? No traemos. Lo único que llevábamos era una bolsa de plástico con unas playeras para los niños que nos habían regalado en Albania. Philip nos dejó en casa refugio Citlaltépetl, en la colonia Roma, una casa muy bonita, al siguiente día pasó por nosotros para llevarnos a comprar ropa de manga larga porque en México era la temporada de lluvias. Llegamos el 21 de junio en 1999 y Xhevdet se fue de este mundo el 22 de junio del 2022. Fragmentos del diario de un joven mexicano en Kosovo para hablar con Martín y preguntar por nosotros. Durante un mes, quizás más, no sabíamos el uno del otro. Martín le respondió, Vjollça y tus hijos están vivos, están en Durrës. Nos refugiamos en un edificio sobre el puerto, muy cerca de Tirana, ahí había muchos refugiados y los internacionales ayudaron con comida y medicamentos. Martín nos habló a las 11 de la noche de ese día, teníamos un teléfono fijo donde nos refugiamos, me dijo que Xhevdet estaba vivo y que pudo salir de Kosovo… ese fue el día más feliz de nuestras vidas… Un llanto diferente interrumpe este audio, un llan- to del hueso del alma, un llanto más de felicidad que de tristeza, un llanto para la vida, un llanto de esperanza. Desembarco en Durrës, camino hasta un hostal. La chica que está en el mismo cuarto que yo, es mexicana, hablamos en español y me da consejos para mi estadía en Albania. Bebemos unos tragos y compartimos un vino en la costa. En algún momento de la noche escucho el que pensaba era el último audio: PA L A B R I J E S 3 0 • J U L I O - D I C I E M B R E 2 0 2 3I Fadil Bajraj llega a la estación de autobuses de Prizren cinco minutos después de que Gustavo ha llegado. Uno piensa, parece un hippie, un beatnik, un americano, no un kosovar; el otro piensa, qué chico tan extraño ¿en serio viene de México? Ambos piensan, es un poeta. Se saludan y caminan hasta el bar Syrrush cerca de la gran mezquita Sinan, en el trayecto hablan de poesía, de Jack Kerouac, de Allen Ginsberg, de Borges, de Xhevdet de música, The Doors, Bob Dylan, The Beatles. Hablan en inglés, a Gustavo le cuesta un poco, pero puede responder con pequeñas frases certeras como de monje zen, ambos han leído mucho, su vida es una constante relación entre el ejercicio de lectura y de escritura, se entienden perfec- tamente. En el bar Gustavo conoce a Brikena, la dueña, productora de vides y licores. Le invitan cervezas y un licor especial de 127 hierbas, él piensa, me reciben como a un escritor consagrado, Fadil le pregunta ¿cómo conociste a Xhevdet? Ha contado muchas veces la historia, a veces la alarga o la corta, ahora quiere ser sincero. Mi primera clase con Xhevdet fue fugaz, Poesía I, la dinámica era anotar un poema en el pizarrón y los compañeros junto con el profesor daban notas y correcciones, uno decidía si hacía caso o no. Yo entré borracho y cansado, así que fui de los 51