últimos en hacerlo, y me dormí de inmediato. Cuando terminó la clase, Xhevdet me despertó Muchacho, ¿ése es tu poema? Sí, profesor, disculpe. Acompáñame. Pensé que me iba a llevar a la dirección, caminamos por los pasillos del segundo piso del plantel Del Valle, entramos a un cubículo, dijo Siéntate. Me gustó mucho tu poema, creo que fue el mejor de la clase ¿quieres un tequila? Sirvió dos vasos, me puso uno enfrente y brindamos, dijo, Tu mirada me recuerda la mirada de mi mejor amigo, pero aquí no hay ninguna guerra o ¿es una guerra interna? Asiento con la cabeza. Está bien, toda guerra tiene un final, hay que saber cuándo termina. Así fue como conocí a tu hermano, Fadil. Reímos. Pide 2 rakias, el licor tradicional albanés, brindamos. Me siento afortunado de estar aquí. Esa noche vamos a la casa de su hermana Besa y su cuñado Avdil. En el patio fumamos y hablamos de On the Road y The howl, él es un gran traductor de literatura norteamericana del siglo pasado, literatura que yo he seguido como fiel súbdito; a pesar de que no hablamos la misma lengua, nos entende- mos. En la puerta de la casa me dice, Ésta es tu casa, tienes un cuarto arriba, yo duermo aquí abajo, si necesitas algo sólo dime, siéntete cómodo, mañana iremos a Rahovec. II Despierto emocionado, en el librero que hay en mi cuarto veo libros de Xhevdet y me pongo a leer el único bilingüe Los años que no trajeron primavera, me sorprenden las líneas de un poema: si alguna vez te vas a Kosovo/ corazón de mi corazón/ visita nuestras tumbas/ y por favor no olvides probar/ pan, queso y uvas de Rahovec. Bajo las escaleras de la casa, Fadil me espera con un café turco y cigarrillos (yo no fumaba hasta que llegue a Kosovo). El sol nos pega en la cara. A lo lejos se escuchan los cantos de la mezquita, cantos que a mí me parecen hermosos y a Fadil abomi- nables, como lamento de borracho. Adentro su hermana cocina pan, desayunamos: la hospitalidad albanesa es una joya. Al terminar tomo mis cosas para ir a Rahovec, mi laptop para terminar el poema, un libro y un poco de dinero. Brikena pasa por nosotros en un automóvil azul, en el camino duermo. Al llegar vamos a un bar donde solía ir Xhevdet, The doors, nos reciben con rakia, vino, cerveza, cigarrillos y çevapi, es como estar en el Valhalla. Todos saben que estoy ahí y me preguntan la razón, por la poesía y por Xhevdet, les respondo, me miran con una cara diferente, se tocan el pecho y me dicen respekt, yo sonrío, me siento bendecido. En The doors conozco amigos de Xhevdet y Fadil, conozco al fotógrafo de guerra y de las calles kosovares, Afrim Hajrullahu, conozco al dueño del bar Bekim, él me dice, bebe rakia la cerveza es para las mujeres, hay una gran tradición masculina que me recuerda México a principios de los dosmiles, me invitan todo, conozco al hijo de Afrim, se llama Lumi, es menor 52que yo, pero muy sabio, es fotógrafo como su padre, me enseña su trabajo y yo le enseño el mío. Después de no sé cuántos rakis, vinos, cervezas y cigarrillos, me preguntan ¿Quieres ir a la tumba de Xhevdet? ¡Claro! Nos montamos en dos automóviles, yo voy con Brikena y un señor con rasgos árabes que sólo me dice motherfucker-motherfuc- ker, escuchamos hip-hop, me emociona ver la tumba de Xhevdet, él fue mi Virgilio. Llegamos y caminamos como familia, dispersos por el sendero, riendo, borrachos, hay una lluvia muy suave, el color del cielo es amarillo, todo es perfecto, voy hasta atrás, ellos se han detenido, mi corazón late muy rápido. Brikena y Lumi limpian la tumba de la yerba que ha crecido alrededor, es una tumba blanca, es aquí, Gustavo. Me acerco, sobre la lápida están grabados los típicos lentes de Xhevdet (como los de John Lennon) y una pequeña frase Jam hiri që refuzno të arroje se njëherë ishte zjarr… (soy la ceniza que se niega a olvidar que al- guna vez fue fuego). Enciendo un cigarrillo, saco un libro de poemas, la lluvia empieza a caer, el cielo se empieza a abrir, me miran con respeto, no entienden los poemas en español así que cuando termino de leer les doy el libro para que lean el mismo poema en albanés, le leemos poemas enteros a Xhevdet, digo uno largo, al terminar me dicen detrás de ti hay dos arcoíris, los miro, empiezo a llorar. Empiezan a regresar, yo me quedo, necesito un momen- to a solas, me quito un collar con un peyote de jade y lo dejo en la tumba, me espera Afrim, de regreso a los autos hablamos sobre Fadil, me dice que gracias a él Xhevdet pudo escribir y conocer mucha literatura, que fue una especie de maestro para él, los respeta profundamente, se conocen desde hace más de 30 años. Nos lleva a su casa en Rahovec, donde vivía la familia Bajraj. Es una casa hermosa, la puerta roja da a un jardín lleno de vides, de yedras, de árboles de manzanas y peras, de flores, rosas de Siria blancas, rojas y lilas, un pequeño cuarto de servicio al fondo a la izquierda y la casa de dos pisos a la derecha. En el piso de abajo están la cocina y dos cuartos con li- bros y fotos de Xhevdet y Fadil, el piso de arriba es más interesante, son cuatro cuartos, uno donde dormía Fadil, otro de sus padres, uno de Xhevdet y Vjollça y uno que es su estudio-biblioteca, cuando entramos Fadil me enseña libros que van de Homero a Pasolini, de Snyder a Kadaré, todo Burroughs, todo Ginsberg, todo Pound (Fadil ama a Pound, ha traducido todos los Cantos al albanés), todo Bukowski, poetas mujeres beatniks, y ediciones hermosas de Pushkin y Lérmontov, fuera de los libros tiene posters de Lennon, Hendrix, Morrison, cd´s, películas, ceniceros, banderas albanesas, mexicanas, algunas fotos de él o Xhevdet, un globo terráqueo, Fadil nos cuenta que cuan- do lo serbios buscaban a Xhevdet, entraron y rompieron algunos libros y algunos posters punks. Me lleva al cuarto de Xhevdet, veo los sombreros del profesor, sus fotos de PA L A B R I J E S 30 • J U L I O - D I C I E M B R E 2023