casado, sus premios y reconocimientos acomodados en un escritorio, Fadil me dice que si quiero puedo dormir ahí, le digo que sí. Esa noche sueño un apocalipsis en caballo blanco, sueño que todos los hombres y mujeres hacen lo que no harían sin el apocalipsis, salir desnudos, engañar a su esposa o esposo, aventarse de edificios, incendiar librerías, asesinar, robar, pero en medio de todo sueño una pareja, un hombre y una mujer hacen el amor al centro del caos. Despierto, me pongo una boina de Xhevdet, he soñado sus sueños y escribo, escribo las últimas líneas del poema para su homenaje en tres días. III Traigo la misma ropa desde hace tres días. El Hardhfest empezó antier, hoy es el homenaje a Xhevdet, ayer pude lavar mis calzones, una camisa y calcetas en el baño de la casa de Fadil, todos los días nos emborrachamos y conoz- co a quienes he decidido llamar los señores de la guerra, hombres que perdieron todo durante los 90 y que, a pesar de eso, tienen unas ganas profundas de vivir. Conozco poetas, escritores, pintores, periodistas, fotógrafos, al presidente de Rahovec (Fadil le hace una seña obscena después de presentármelo), llegan a la casa de los poetas donde desayunamos café, cigarrillos, cocacola y algunos pastelitos que Fadil compra en los markets y que vienen de Macedonia o Polonia. Cuando las visitas nos ven con esos desayunos nos miran raro, pero no dicen nada. También conozco a gente normal, gente trabajadora, que deja un cigarrillo, se toca el corazón con la diestra y te da la mano, te miran a los ojos, algunos se quedan hablando con Fadil. Esta mañana Vjollça ha traducido mi poema al albanés, me lo envía y recomienda que Fadil lo lea y haga correcciones, él lo envía a su esposa, me llenan de felicitaciones, es un gran poema, Gustavo, si quieres lo lees en español y Betim (un poeta de Prishtina) en al- banés. Para mí es un honor. Esa mañana llegan la prima de Fadil, mujer que se convierte en mi madre albanesa, y su esposo, de nombre Fadil. La noche pasada, en el stand de The doors, en el Hardhfest, me cuentan que Xhevdet creó el festival, era un festival diferente, siempre convocó a muchas personas para realizarlo, ahora es muy grande y a las juventudes les sigue interesando, es un gran legado; yo conocí a tu profesor, una vez estuve con él dos horas y fue una gran oportunidad, no me imagino todo lo que pudo enseñarte, aquí todos hablan de ti, todos te respe- tan, gëzuar (salud) y bebemos, bebemos como si el mundo fuera a terminar; Gustavo, estás sentado donde se sentaba Xhevdet, te pareces mucho a él. Me siento conmovido. En el homenaje, su hermana Drita Popaj presentará su libro. Me llevaron a la parte más alta de Rahovec, hay estatuas y placas en honor a los soldados kosovares, me comuniqué con algunos albaneses a señas porque no hablan inglés, es PA L A B R I J E S 3 0 • J U L I O - D I C I E M B R E 2 0 2 3interesante romper los límites de comunicación porque nos entendemos perfectamente. Tomamos raki y café antes del homenaje, cuando llegamos a la casa de la familia Bajraj hay muchas personas en el patio, me entero de que vendrá el primer ministro de Kosovo, Albin Kurti, pienso, seguro llega con guardias y autos blindados. Afuera nos esperan Brikena, Anton, Afrim, Betim, él me da unas hojas con mi poema, está toda la familia, Drita, Besa, Avdil, su hijo Korab, las sobrinas y nietas de Xhevdet, los amigos Zeqir, Agron, Skender, Shkëlzen y otros que no conozco, pero me saludan. En la calle recojo dos plumas de lo que me gustaría pensar es el águila bicéfala de la bandera albanesa y me las coloco sobre las orejas (Mercurio), fumamos los últimos cigarrillos. Llega el primer ministro, con su mujer y un guardia, viste ropa humilde, saluda a todos, me quedo al lado de la familia Bajraj, el homenaje ha comenzado. Fadil no puede escuchar el homenaje porque se pone muy triste, sale y me dice, quédate a la derecha de Drita. El homenaje inició con una breve presentación, Drita lee un poema y luego sus sobrinas, escuchar los poemas de Xhevdet con voces dulces es grato, la lengua albanesa es como un río, un árbol florido que da frutos sabrosos. El presentador dice un par de palabras, luego escucho mi nombre, mi corazón late con fuerza, estoy emocionado, tanto que quiero llorar, paso al frente, me presento y empiezo: Los trabajos del poeta. Mi voz se quiere romper, pero no la dejo, gesticulo con las manos, diferentes modulaciones de voz, grito, trino, rasgo y termino, faljmderit (gracias). Betim lee mi poema en albanés, es muy bello, algunos me voltean a ver y me sonríen, una pluma cae de mi oreja y una niña de la familia Bajraj me la da en la mano. El primer ministro da su discurso, un discurso sobre la ética y el arte, sobre la guerra y la memoria, sobre la estética y el valor, lee algunos poemas de Xhevdet, cuenta algunos diálogos que tuvieron en esa misma casa, y al finalizar cita mi poema, como dijo Gustavo en su poema, el tamaño del dolor tiene la talla de Xhevdet, yo agregaría, también el tamaño del amor. Todos aplauden. La familia se queda, yo los acompaño, nos tomamos fotos, agradecen mi presencia, mi corazón está contento, mi misión en Kosovo ha terminado, y termina con un águila bicéfala y un águila real volando sobre el cielo, bajo la noche kosovar, con la mano en el corazón y un cigarrillo en la boca, escribiendo, siempre escribiendo. Gustavo es poeta y antipoeta, bestia teatral y animal audiovisual, viajero por convicción y detective salvaje de profesión. Ha dado sus mejores cantos desde lo efímero. Partidario de la lucidez y de la revolución, encuentra satisfacción en la naturaleza o arriba de un escenario, desplegando como un canario sus trinos más certeros. 53