la llevara un poco más allá. De otro modo, es muy similar la actitud de Perlongher con la lectura de Góngora, él por su parte leyó detenidamente los estudios de Dámaso Alonso sobre el poeta del Siglo de oro, pero esa lectura la consideró escolar y aunque necesaria, menos viva en comparación con la actitud creativa que se apropiaba de las lecturas en un fondo nutricio para la escritura. Algo más vital, otra coincidencia que unía a Per- longher y a Huerta fue el año de su nacimiento: 1949. La última vez que platicamos, David me preguntó de qué mes era Néstor Perlongher, él estaba seguro de que era setembrino (lo cierto es que Perlongher nació el 25 de diciembre). A ambos les roía el versículo multimetafórico Lezamiano (al menos en alguna etapa efervescente), y ambos se detuvieron a leer a Luis de Góngora. Quizás más allá de sus lecturas, coincidieron en algún momento con sus convicciones políticas y, ahí dentro, con los cambios de ruta. David Huerta fue un efímero militante del Partido Comunista Mexicano, Perlongher también fue simpatizan- te, lector asiduo de Marx e integrante del Partido Obrero de Argentina, también durante un tiempo casi efímero. El año en que nacieron, el papa Pío XII excomulgó a todos los comunistas “pasados, presentes y futuros”. Así es que, de alguna forma, Néstor Perlongher y David Huerta nacieron excomulgados. En “Aguas aéreas” hay múltiples testimonios de esa inclinación de profesor de David Huerta. En “Diez versos de Fray Luis” hay una nota que en especial me gusta y me honra: “El pequeño grupo de estudio con el cual me reúno cada quincena a los pies del monte rojo de San Lorenzo Tezonco, en los salones de la UACM, en el marco de un seminario de análisis de textos, también tuvo, a raíz de los problemas planteados por el “resplandor egeo”, una buena dosis de frayluisismo y de astronomía medieval y renacentista. No se aburrieron. Por lo menos, eso me gustaría creer.” (115). A ese grupo del monte rojo acudía- mos algunos estudiantes, sobre todo de las carreras de Creación literaria y de Comunicación y cultura, pero va más allá, porque es una muestra de que las inquietudes de David Huerta estaban lo mismo en sus consultas con los eruditos de la academia, con los amigos de la poesía, con sus estudiantes de la universidad; es decir, inundaba todo, como aguas aéreas, invisibles afluentes que llenan cada aspecto de la vida. En el artículo “Paseos con Juan Ramón Jiménez” escribe algunas notas interesantes sobre la docencia: “Hay en Juan Ramón características de poeta total, de poeta cósmico. Al mismo tiempo, es un maestro, es decir: un hombre en incesante experiencia de dar ejemplo a los demás, con sus palabras y con su quehacer, dos veneros de PA L A B R I J E S 3 0 • J U L I O - D I C I E M B R E 2 0 2 3fidelidad exigente.” Y más adelante, como su ser estudian- te, alumno: “A uno de mis viejos maestros mexicanos de poesía le gustaba citar al malhumorado filósofo alemán, el de los ditirambos dionisiacos (es decir, un filósofo-poeta), confesión extraordinaria sobre las tomas o préstamos poé- ticos (otros los llamarían, con lenguaje abogadil, plagios o robos): ‘En mi palomar hay palomas ajenas; pero cuando yo las acaricio, se estremecen’”. Y así, por el estilo, en sus artículos para “Aguas aéreas” constantemente están aso- mándose algunos rasgos de su labor docente. La metáfora, la traslatio o evidentia, tiene entre sus cualidades la de ser un instrumento para la cognición del mundo, a través de la analogía o semejanza entre dos ideas, o dos conceptos. Aguas aéreas es una metáfora que en Per- longher dice mucho del mundo místico, pero que en David Huerta resulta una metáfora de su cariño docente y de su fascinación por la poesía. Si algo posee aún la metáfora es su poder evocador de realidades que a veces sólo se dan en la imaginación. Acaso David era así dando clases: flexible, transparente, inquieto, complejo y ligero, como las aguas aéreas. Nota 1 El capítulo 28, al que pertenece este pasaje, el editor lo ha titulado: “En que trata las grandes mercedes que la hizo el Señor y cómo le apareció la primera vez. —Declara qué es visión ima- ginaria. —Dice los grandes efectos y señales que deja cuando es de Dios. —Es muy provechoso capítulo y mucho de notar.” José fue estudiante de David Huerta en la UACM-San Lorenzo Tezonco; ahora se dedica a investigar la obra de Néstor Perlongher y ha descubierto que estos dos poetas se conocían y que tenían mucho en común. 57