Iliana Rodríguez Antes aquí éramos tres: impartíamos los talleres de poesía en el Plantel Del Valle. No fui amiga de Rocío González ni de Xhevdet Bajraj, pero los dos me simpatizaban. Cuando conocí a Rocío le invité un café de Chiapas en el patio. Y a Xhevdet le quedé a deber otro que nunca nos tomamos. Me gustaban sus personalidades, tan distintas a la mía. (A veces también me disgustaban). Rocío, morena, inteligencia, aretes de camarones de oro. Xhevdet, albano, tristeza, humo de cigarrillo tatuado en la piel.Él escribió un libro de poesía por su país herido. A ella le dio cáncer en el cerebro. Ella escribió un libro de poesía hospitalaria. A él le descubrieron un cáncer final. Muchos libros escribieron. Auténtica poesía. A mí me dio miedo cuando supe de la muerte de Rocío. Me dio miedo cuando supe de la muerte de Xhevdet. Dicen que de tres en tres nos lleva. No me ha llevado aún, pero cuando llegue el día, en el lugar donde de algún modo se existe (según dicen mis ancestros), ella, él y yo podremos hablar largamente frente a otra taza de café o mezcal o lo que mis compañeros apetezcan. Iliana (no la confundas con sus homónimas) nació en el año en el que el ser humano pisó la superficie lunar. Es tlatelolca-coyoacanense, gentilicio único, propio y amado. Ha publicado poemarios y otras locuras. Dicen que da clases en el plantel Del Valle de la UACM. PA L A B R I J E S 3 0 • J U L I O - D I C I E M B R E 2 0 2 359