Playa en Montenegro Ulcinj. Vjollca, Xhevdet y el pequeño Gent. 1989. ¡Nosotros agarramos fuerte nuestras manos, para juntos poder nadar en este océano llamado México! México nos abrazó con fuerza, nos rea- comodó hasta los huesos, ¡nos dio el amor que habíamos dejado lejos en nuestra tierra! Éramos sólo nosotros y nuestros dos hijos, no teníamos familia aquí, pero encontramos amigos que se hi- cieron nuestra familia, que lloraron con nosotros y trataron de sanar nuestra alma herida. Llegamos aquí un 22 de junio de 1999, era un día lluvioso y nosotros sólo cargábamos una bolsa de plástico con unas playeras que nos habían regalado mientras fuimos refugiados en Albania. Xhevdet tiene un libro en albanés que se llama Me zemër në qese najloni/Con el corazón en una bolsa de plástico. En la bolsa traíamos dos álbumes pequeños de fotos que alcancé a salvar el día que dejamos la casa, eso fue lo más valioso que pudimos sacar de Rahovec; fotos de nuestros familiares, muchos de ellos fusilados en la guerra, fotos de algunos días felices... ¡cuando el mundo nos era bello! Salíamos a caminar por las calles de la ciudad de México, sin saber hacia dónde íbamos, así matá- 70bamos largas horas, sin tener información de si existía aún nuestra casa, sin saber qué pasó con los cuerpos de nuestros familiares muertos. México fue como llegar a un paraíso, salir de la guerra y llegar a un lugar precioso, con tanta gente cálida, con parques bonitos llenos de pájaros, con una de las mejores comidas del mundo. Nos sentábamos a mirar a los gorriones que nos recordaban a nuestro pueblo. Pero, ¡cómo duele tanta belleza, si estás tristemente herida, si dejaste un pedazo de corazón tan lejos, si tienes el alma rota! Luego aprendimos español, y nuestro mundo se hizo grande. Leer en su idioma original toda esta literatu- ra, que es la mejor del mundo, ¡es como un regalo de Dios! ¡Comer nopales, tortilla, chile, tacos!, ¡escuchar la música de los mariachis! Ir a Xochimilco, conocer el día de muertos, tomar tequila, y aprender a bailar como los latinos (aunque no aprendimos muy bien). Pero nunca nos recuperamos totalmente; todavía duele lo que pasó en nuestras vidas. La poesía de Xhevdet lo dice mejor que cada palabra mía Él se fue de este mundo con un dolor no superado por estar lejos de su tierra, lo obligaron a dejarla mientras vivía, y su deseo de descansar allá, en su Kosovo, en su querido Rahovec se ha cumplido, él ha regresado, ¡aunque muerto! BPO. Vjollça, volviste a abrir la puerta a tu poesía, tus versos son un crisol para el dolor… VB. Nunca más escribí poesía… Hasta ahora que murió Xhevdet, siento la necesidad de escribir, me ayuda a soportar su ausencia. ¡Mi poesía es un grito de dolor! Vjiollca, Xhevdet, Lórik y Gent. Un mes en México, 1999. PA L A B R I J E S 30 • J U L I O - D I C I E M B R E 2023