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El Despertador Americano. No obstante, la rápida derrota de   Fue así como la ciudad de Zitácuaro se convirtió, a
          Hidalgo en la Batalla de Puente de Calderón (17 de enero   finales de 1811, en el centro rector de la revolución de inde-
          1811) dio al traste con la iniciativa del criollo Francisco   pendencia. Los insurgentes liderados por el general Ignacio
          Severo Maldonado, que no era tan adicto a los insurgentes   López Rayón lograron “establecer un gobierno, que regulari-
          como había dicho, pues cuando el ejército realista tomó la   zara la revolución y fuese el centro de todas sus operaciones:
          ciudad de Guadalajara, también les ofreció su labor de im-  que le diera respetabilidad y vigor, y la confianza conveniente
          presor. En cualquier caso, las publicaciones insurgentes ape-  para acercarla a su triunfo”. 2
          nas habían iniciado y tendrían un desarrollo importante en   La instalación de la Suprema Junta Nacional Americana,
          los años siguientes.                               realizada el 19 de agosto de 1811, reactivó el movimiento re-
                                                             volucionario y dio un empuje renovado a sus propuestas. En
          Una nueva estrategia                               el acta de conformación se observa la relevancia dada a los
          Aunque la vida del primer periódico insurgente fue breve (a   impresos, ya que mandataba que la instauración de la Suprema
          lo mucho un mes con sólo siete números publicados), resultó   Junta fuera del conocimiento de todos los pobladores: “se pu-
          ser una herramienta ideológica muy efectiva, más que los   blique en bando y se fije, según estilo de la época en los lugares
          sables mismos. Los insurgentes lo habían podido corroborar   acostumbrados para su observancia y debido cumplimiento”. 3
          por la respuesta tan virulenta que tuvo el gobierno virrei-  La instalación de la Suprema Junta atrajo a personajes
          nal de prohibir su lectura y penalizar a todo habitante de   como Andrés Quintana Roo y José María Cos, hombres muy
          la Nueva España que tuviera un ejemplar. ¿A qué le temía   hábiles con la pluma que se convirtieron en los voceros del
          el gobierno virreinal con esas publicaciones que no todos   gobierno insurgente. Respecto de la participación de las mu-
          podían leer, pues la mayoría de la población no hablaba es-  jeres en la prensa insurgente, hasta ahora no se puede afirmar
          pañol? Todo indica que temía que su clase intelectual criolla   su participación, pues la mayoría de los escritos tenían seudó-
          se infectara de esos pensamientos de libertad e indepen-  nimos, aunque sí está la voz de las mujeres en algunos textos.
          dencia que, con mucha claridad, pregonaban los periódicos
          insurgentes; además, también temía que surgieran nuevos   La imprenta de la nación
          simpatizantes de la causa. Los escritos de los insurgentes   Con esta frase cerraban cada uno de los ejemplares de los
          expresaron opiniones y pensamientos que no pasaban por la   periódicos, mas producir un periódico en pleno campo de ba-
          censura virreinal. Así, al margen de ésta y del poder virreinal,   talla tenía sus complicaciones. Para abril de 1812, la Suprema
          se desarrolló una prensa periódica vocera de los insurgentes,   Junta tenía la urgente necesidad de informar sobre los avan-
          medio que dio a conocer las propuestas de renovación políti-  ces de la guerra y el ejercicio de gobierno, convencer sobre los
          co-social que proponían los líderes del movimiento.  propósitos y dar a conocer las propuestas políticas, así como
                                                             debatir con las publicaciones realistas que habían encontrado
          Un gobierno con voceros                            en este medio una forma de desvirtuar el movimiento rebelde
          La derrota de Puente de Calderón, la captura y los juicios de   en los centros urbanos donde éstas eran distribuidas: Ciudad
          los líderes del movimiento en la ciudad de Chihuahua (1811),   de México, Guadalajara, Guanajuato, Oaxaca, entre otras.
          dejaban ver que el movimiento estaba derrotado, o por lo me-  Sin embargo, hacerse de una imprenta era un asunto
          nos el gobierno virreinal así lo valoró y estaba convencido de   difícil. En la Nueva España se debía contar con el privilegio
          ello. Por cierto, tal análisis político fue muy equivocado, pues la   real para imprimir, es decir, había que tener la licencia del
          mecha de la insurgencia había prendido y, en diversos lugares,   rey: una vez obtenida ésta, las tipografías y el papel eran traí-
          surgieron grupos en apoyo a Hidalgo y a la lucha revolucio-  dos de España pues aquí no se fabricaban. Estas circunstan-
          naria, sumándose mujeres y hombres que, bajo la dirección de   cias resaltan la proeza realizada por el insurgente José María
          Ignacio López Rayón y María Morelos y Pavón, darían conti-  Cos al darse a la tarea de fabricar unos tipos de madera,
          nuidad a la insurrección, siendo esta etapa la más sublime y de   destacando el ingenio americano: “Una imprenta fabricada
          claridad política sobre la lucha de independencia. Todo ello se   por nuestras propias manos entre la agitación y estruendo
          puede ver a través de la prensa insurgente.        de la guerra y en un estado de movilidad, sin artificios, sin





          2   Ignacio Rayón hijo, Ignacio Oyarzábal e Ignacio Rayón. La independencia según Ignacio Rayón. México, Secretaría de Educación Pública, 1985, p.
            38.
          3   Moisés Guzmán Pérez. La Junta de Zitácuaro, 1811-1813. Hacia la institucionalización de la insurgencia. Morelia, Universidad Michoacana de San Nico-
            lás de Hidalgo, Instituto de Investigaciones Históricas, 1994, pp. 175-176.

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