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días; y del que se han extendido ya en esta capital algunos que pretendían combatir, ya que tanta estigmatización,
ejemplares…”. 9 persecución y prohibición abonaron en el interés de los habi-
El semanario Ilustrador Nacional alcanzó resonancia en tantes de las ciudades por encontrar las vías para conocer lo
diversas partes de virreinato, incluida la capital, en donde causó que en los periódicos insurgentes se decía; el acoso a la pren-
mayor inquietud al Cabildo de la Santa Iglesia Metropolitana sa insurgente fue el medio más eficaz para su difusión, tal y
de México, que prohibió severamente su circulación y calificó como aconteció con todos los impresos que se prohibieron
el impreso de José María Cos “de máquina infernal, inventada por medio de los edictos. 14
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por el padre de la discordia, para desterrar del país la paz”. La También, quizá, las autoridades virreinales magnificaron
preocupación que subyace al edicto es haber nombrado como la eficacia de los periódicos insurgentes, pues fueron ellos los
soberana a la Suprema Junta Nacional Americana, instalada en primeros en nombrarlos. Tarsicio García nos dice que el mis-
la ciudad de Zitácuaro. Las medidas tomadas por el Cabildo, mo Calleja tenía la certeza de que los periódicos insurgentes
paradójicamente, fueron medios de difusión de los impresos tenían un gran tiraje y eran la chispa que seguía encendiendo
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que pretendían sacar de circulación. Las autoridades virreina- los campos de batalla. 15
les pretendían anular la influencia que ejercían las ideas verti- La alta peligrosidad que para las autoridades coloniales
das en los periódicos insurgentes en favor de la causa libertaria, representaban los tres periódicos insurgentes radicaba en las
por ello el edicto del Cabildo ordenaba: ideas de libertad, independencia e igualdad que proponían
los líderes de la revolución a través de las páginas de sus
[…] bajo pretexto de santa obediencia, y bajo las penas esta- publicaciones y, a pesar de su persecución, éstas circularon
blecidas en el derecho canónigo contra los autores, fautores y por varias vías, evadiendo las múltiples trabas que impuso el
encubridores de libelos famosos y sediciosos, cual calificamos gobierno virreinal, y nos hablan de cuando el impreso dejó de
ser el enunciado periódico; que cualquiera de nuestros súbditos ser monopolio de la autoridad virreinal.
sea del estado, calidad o sexo que fuese, que tenga, ó sepa que La fuerza de la palabra cobró impulso con los periódicos
otro tiene algún ejemplar del dicho o semejante papel, lo entre- insurgentes. No hay revolución silenciosa, el lenguaje tiene
gue inmediatamente en nuestra secretaria de gobierno y delate que nombrar a la revolución, pues sólo entonces comienza
en ella los que supiere; prohibiendo a todos nuestros fieles leer, ésta a vivir plenamente. Y los insurgentes apuestan y confían
retener y propagar tales libelos que contienen proposiciones en la utilidad de los impresos. Al uso cotidiano de proclamas,
cismáticas e injuriosa… y combatan desde el púlpito contra hojas sueltas, bandos, se unirá de forma sustancial el periódi-
esta nueva maquina infernal, que ha inventado el padre de la co, que los insurgentes llegaron a colocar al mismo nivel de
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discordia para arrancar de nuestro suelo la semilla de la paz… importancia que la estrategia militar.
La función que tuvieron las publicaciones insurgentes en
Fue así que las autoridades virreinales, civiles, ecle- ese año de 1812 fue sustancial, por el gran debate que propi-
siásticas y la Inquisición cerraron filas para combatir a los ciaron, como se muestra en el contenido que se vertió en los 74
insurgentes y sus publicaciones. Se trataba de una lucha a números editados entre los tres periódicos: Ilustrador Nacional,
muerte, ya que los escritos revolucionarios de los insurgentes Ilustrador Americano y Semanario Patriótico Americano. En
circulaban “de mano en mano”, sin que el gobierno virreinal general, hasta ahora la historiografía de la prensa insurgente la
lo pudiera impedir. había caracterizado únicamente de proselitista y de contienda,
Las publicaciones surgidas desde el poder virreinal (El sin mencionar, en el caso de la prensa editada en 1812, su pro-
verdadero Ilustrador Americano, El Anti-Hidalgo, El amigo del fundo sentido persuasivo, elemento sustancial de toda publica-
pueblo, entre otras) habían de producir un servicio a la causa ción desde entonces hasta la actualidad. ●
9 Gaceta del Gobierno de México, martes 9 de junio de 1812, facsimilar publicado en el Catálogo de la exposición El primer Congreso Mexicano. Sueño
para construir una nación, Chilpancingo. Investigación y textos de Cristina Gómez Álvarez. México, Museo Nacional de Historia / INAH / Conaculta
/ SEP, septiembre 2013 - enero 2014, pp. 20-21.
10 Idem.
11 Cristina Gómez Álvarez y Guillermo Tovar de Teresa. “IV. Censura a la revolución de Independencia de México, 1810-1815”, Censura y Revolución.
Libros prohibidos por la Inquisición de México (1790-1819). Madrid, Trama Editorial / Consejo de la Crónica de la Ciudad de México, 2009, p. 81.
12 Gaceta del Gobierno de México. Op. cit., p. 21.
13 Miquel i Vergés. Op. cit., p. 31.
14 Cristina Gómez y Guillermo Tovar. Op. cit., p. 81.
15 Véase Tarsicio García. “La libertad de imprenta, apéndice documental” y “Periódicos y periodistas insurgentes”, en La República Federal Mexicana.
Gestación y nacimiento: Obra Conmemorativa de la fundación de la República Federal y de la creación del Distrito Federal en 1824, México, Novaro, 1974.
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