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Los procesos del caos son más definitorios
         que cualquier determinismo positivo, pues la
         fuerza de lo vivo radica en la renovación de
         sus componentes.





          cosas como la llamada “XEQK La hora exacta”, donde un   sus contenidos controlados, había sido una fuente para ello,
          locutor de voz mecánica disparaba comerciales en cápsulas   claro. Pero también ese remolino de verdades contradictorias,
          de cinco apresurados segundos, hasta que llegaba la hora   inscritas en cada pequeño acto de la vida cotidiana, me estaba
          en punto. Luego de pasado el minuto completo, de manera   enseñando a adaptarme a un cosmos, sí, hasta cierto punto
          lapidaria la voz sentenciaba como dictando el momento de   siniestro, pero a la vez pletórico de señales. Dejarse afectar
          un sacrificio: “siete de la mañana veinticuatro minutos, sie-  por ese exterior implicaba, si bien cierto peligro asumido, a
          te veinticuatro”, después un pitido sonaba, como la espada   la vez la posibilidad de escuchar la voz de todo aquello que
          entrando en el cuello de un animal, para indicar eso: la hora   clamaba su derecho a la existencia, dejando ver a la vez una
          exacta. Y ahí arrancaba de nuevo la retahíla de apresurados   red compleja de sucesivos triunfos o fracasos.
          mensajes banales, galopando hacia el siguiente minuto.
             Creo que tal desmesura, esa suerte de avidez señala, para   Lo vivo y el caos
          bien o para mal, algo que perduró en mis actos de lectura:   Si vemos con atención, todo está llegando a su fin. Los pro-
          cuando me convertí en comprador compulsivo de libros,   cesos del caos son más definitorios que cualquier determinis-
          casi todo cabía en mi canasta. No quiero decir con ello que   mo positivo, pues la fuerza de lo vivo radica en la renovación
          no seleccionara lo que podía entrar en mis libreros pues,   de sus componentes. Toda entidad en evolución necesita de
          por supuesto, el bolsillo y el espacio tenían límites. Sucede,   la ruptura. Ian Hacking, por ejemplo, —científico y filósofo
          en todo caso, que mi mirada era abierta cuando se trataba   de la ciencia— en su libro La domesticación del azar (1991)
          de elegir qué me podía servir para entender algo más del   dice, justamente, que las ideas del azar dieron cabida a inves-
          mundo que me rodeaba. Filosofía o tratados de cómo criar   tigaciones referentes a los problemas del caos. Es la indaga-
          gallinas; poesía o el “Calendario más antiguo de Galván”;   ción sobre sus posibilidades donde se encuentra la evolución
          física (para principiantes) o libros de mecánica automotriz,   de la ciencia moderna. El ordenamiento de lo que aparente-
          etc. El fundamento era aquello que había sido el desarrollo   mente está desorganizado, más que la determinación unila-
          de mi existencia: una constancia en rupturas y nuevos co-  teral del orden, promete mayor certeza en las decisiones. Y
          mienzos. Todo texto, incluso el del reverso de una lata de   es que, aunque lo que se deriva de ello puede revisarse, pues
          conservas, tenía información no literal para descifrar enton-  tal cosa implica también un control de los datos que apuesta
          ces las transformaciones del espacio. Se trataba de encontrar   por la “normalidad”, al menos se precisa ahí una lección que
          coincidencias, claro, pero también disidencias. Pienso que tal   puede tomarse en cuenta: lo vivo se mueve hacia lugares en
          amplitud lectora era una manera de medir el tiempo en las   los que es posible morir mejor.
          voces de otros, según los golpes de realidad que ellos mismos   Esto se corrobora también en los territorios de las hu-
          han recibido: el recuento de las frustraciones que le hacen a   manidades. Aquello que parece no productivo e incluso
          cualquiera, finalmente, ir perdiendo paulatinamente la ino-  caótico, en términos de eficacia en el sostenimiento de las
          cencia y comenzar a describir cómo ven el mundo (¿se han   mitologías modernas del trabajo y el esfuerzo como motores
          fijado, por ejemplo, en la belleza de los dibujos de máquinas,   del cambio, ha cabido también en las sociedades en las que
          en su perfeccionamiento cuasi-poético cuando se enumera en   el intercambio de mercancías rige el comportamiento de la
          ellas la función de tornillos colocados en lugares especiales?).   mayoría. Con esto quiero decir que las artes, a pesar de todo,
          Leer era, pues, reconocer las múltiples soluciones a proble-  han sobrevivido porque han sido capaces de hacer prevalecer
          mas concretos, lo que se consigue cuando tal o cual noción ha  su propio nicho, por más que le pese a cierto pensamiento
          sido afectada o, incluso, tergiversada. Así, el aumento de mi   conservador que intenta funcionalizarlas o, en los casos más
          capacidad de comprensión no radicaba en el hecho de haber   radicales, eliminarlas. ¿Por qué? Pienso que sus operaciones,
          creído en algo de manera esencial, sino en permitir que en los  que son dinámicas y nunca enteramente medibles, nos ha-
          poros de mi subjetividad entraran nuevos mensajes aleccio-  blan de lo otro que se ubica fuera de la norma (estadística).
          nadores. La educación formal, desde sus formulismos hasta   Y esto, que parece un lugar común cuando se habla de la

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