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ese momento no había muchos lectores y aún menos lectoras,  Presenta también la muerte de otras tantas bibliotecas del
          pero acceso al conocimiento sí había. No sé a ustedes, pero a   mundo griego como la de Pérgamo. Asimismo, nos muestra
          mí nada más de imaginar ese control me da vértigo. Es decir,   cómo también en Medio Oriente se cocían las habas de la
          en esa “República ideal” ¿yo no podría elegir qué leer y qué   destrucción con los libros hebreos escondidos bajo tierra o
          no?, ¿nunca alcanzaría yo la madurez intelectual como para   deglutidos por la orden “divina” de la bibliofagia como méto-
          discernir lo que conviene emular de lo que no? Claro, Platón   do para adquirir conocimientos. O, ya en oriente, nos deja oír
          diría que sí puedo elegir de un menú acotado por los cuatro   las órdenes de los funcionarios chinos de antes de Nuestra
          costados, en realidad, al parecer, por ser mujer, normalmente   Era exigiendo destruir todos los libros que “defendían el re-
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          para leer en Grecia mis posibilidades serían mínimas , aun-  torno al pasado”, aunque también lo hicieron sus descendien-
          que, el mismo Platón fue el primero en incluir a las mujeres   tes hace menos de un siglo, nuevamente huyendo del pasa-
          en un proyecto pedagógico. Con todo, ¡cuánto me resuena el   do… de modo que este proceder de censura y biblioclastia
          nombre de “República ideal” en el título de la famosa novela   agujera la historia oriental de muchos modos y ha impedido
          de Aldous Huxley Un mundo feliz! Por supuesto, en ambas la   que los grandes esfuerzos creativos de producción literaria,
          “felicidad” y el “ideal” pasan por un control extremo de quie-  que increíblemente se han sobrepuesto al exterminio, vayan
          nes tienen el poder para decidir qué se lee y qué no:  demasiado lejos.
                                                                Por su parte, el investigador presenta a la conquistadora
             ¿Hemos de permitir, pues, tan ligeramente, que los niños es-  Roma como un mundo de bibliotecas perdidas y saqueadas;
             cuchen cualesquiera mitos, forjados por el primero que llegue,   pero al parecer el cristianismo, desde sus orígenes, actuó aún
             y que den cabida en su espíritu a ideas generalmente opuestas   con más virulencia destructora, de lo que es muestra el asesi-
             a las que creemos necesario que tengan inculcadas al llegar a   nato de Hipatia, la gran científica y pensadora de Alejandría.
             mayores? 4                                      Tiempo después, Constantinopla, sede del Imperio Romano
                                                             de Oriente, estimuló de todas las formas la bibliofilia, pero
             ¡Claro que no! Señala Platón en su República. Huxley   una y otra vez, a lo largo de doscientos años (730, 781, 802,
          representa el control extremo en la imagen de “El Director”,   807 d.C.), el fuego cobró un impuesto demasiado alto.
          quien después de someter a un grupo de bebés a electros-  Y vinieron los iconoclastas, y con la quema de imágenes,
          hocks mientras acariciaban flores e interactuaban con bellos   quemaron libros. Y las Cruzadas, arrasaron libros; poco
          libros ilustrados exclama aliviado:                después llegaron los turcos, quienes finalmente vencieron
                                                             Constantinopla, la saquearon y la incendiaron por tres días y
             —Crecerán con lo que los psicólogos solían llamar un odio   también ellos acabaron con sus libros. Una sola cita del libro
             instintivo hacia los libros y las flores. Reflejos condicionados   ilustra esto: “Según Gibbon 120 mil manuscritos impropios
             definitivamente. Estarán a salvo de los libros y de la botánica   de la fe de Mahoma fueron apilados y, al concluir la violenta
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             para toda su vida.   5                          jornada, quedaron flotando en el mar hasta hundirse.”  Y con
                                                             esa invasión acabó definitivamente el Imperio Romano.
             Independientemente de las consideraciones platónicas,   El reflector de Báez alumbra también la destrucción de
          en Grecia la realidad apartaba a las personas de la poesía, y   libros en el mundo árabe de la Antigüedad; el Medioevo y
          de los libros en general, por métodos más burdos. Para em-  su fanatismo se ilustra perfectamente con “La hoguera de las
          pezar, la alfabetización estaba reservada a los varones libres   vanidades” en la que, por orden de fray Girolamo Savonarola,
          cuyas familias podían costearla y era más bien escasa. Por   ardieron en Florencia libros de poetas, espejos, perfumes, arpas,
          otro lado, Báez data minuciosamente los muchos ataques   juegos de ajedrez, obras de arte plástico, etcétera, quema que fue
          que sufrió la Biblioteca de Alejandría antes de derrumbar-  además celebrada festivamente con cantos y bailes. Asimismo,
          se del todo, como el gigante faro de conocimiento que fue,   vemos las persecuciones y destrucciones librescas en la España
          mayor por mucho que el mismo faro que llevaba su nombre.   Musulmana; los códices quemados en Tenochtitlan junto con




          3   Como curiosidad, sí había unas cuantas mujeres lectoras en la época de Platón, como Aspasia, filósofa esposa de Pericles, versada en las artes
            de la guerra y de la retórica.
          4   Platón. Op. cit, p. 377.
          5   Aldous Huxley. Un mundo feliz. México, Editores Mexicanos Unidos, 1992, p. 30.
          6   Báez. Op. cit., p. 129.

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