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“La corrección política engendra arte infame. Hoy, para
                                       e          escribir, hay que tener en cuenta los señalamientos,
                                                  prerrogativas y coerciones políticas de la época”.
                                                  Ariana Harwicz










               En 1959, Carlos Fuentes publicó Las buenas conciencias   procesos de lectura, sus matices y las discusiones que puede
           para criticar a una sociedad altamente conservadora como la   provocar la literatura, sino que comenzaremos a escribir
           mexicana. Años después, esa misma sociedad censuró otro de   obras para no herir sensibilidades. Ese es un fenómeno que
           sus libros, Aura, en un escándalo bien conocido. Todo ocurrió   ya está ocurriendo.
           durante el sexenio de Vicente Fox. El entonces Secretario   Hoy en día editoriales y autores buscan evitar, en los
           del Trabajo, Carlos Abascal, sustentó razones morales para   textos que publican, ofensas potenciales vinculadas con la
           hacerlo; según su punto de vista, la obra iba en contra de las   diversidad sexual, la raza, el género o la clase social. Para ello
           buenas costumbres, la dignidad y el respeto, pues hablaba   contratan a “lectores sensibles”, una profesión en auge que se
           implícitamente de sexualidad. El cardenal Norberto Rivera   especializa en detectar posibles vulneraciones a la corrección
           y la primera dama Martha Sahagún apoyaron el retiro de los   política. De ese modo buscan eliminar cualquier incidencia
           libros de las escuelas públicas del país. Como suele ocurrir   racista, patriarcal o discriminatoria. Se trata, por supuesto, de
           con la censura, el episodio desató un boom de ventas de la   una autocensura y un modo preventivo de evitar la cancela-
           obra. Lo que llama la atención es que, leída desde la correc-  ción… y el fracaso en ventas. En efecto, esto está incentivado
           ción política de nuestros días, muchos sectores progresistas   por agentes literarios, editores (cada vez más convertidos en
           no tendrían reparos en reproducir la postura de Abascal,   publicistas) y departamentos jurídicos de los grandes sellos
           criticando el texto no por sus referencias sexuales, sino por   editoriales. Mientras algunos autores se pliegan de inmediato
           la cultura patriarcal que está en su fondo. Y llamarían a can-  a estos lineamientos del mercado contratando sensitive rea-
           celarlo. ¿En qué momento la búsqueda de transformación   ders, otros se resisten a los excesos de corrección política im-
           se dio la mano con las tradicionales formas de hacer política   plícitos en tales dinámicas. Dice la escritora Ariana Harwicz:
           de la derecha? ¿Por qué vemos cada vez más afinidades entre
           colectivos de sectores sociales progres y grupos conservadores   La corrección política engendra arte infame. Hoy, para escribir,
           que actúan desde instancias gubernamentales? Esto me pare-  hay que tener en cuenta los señalamientos, prerrogativas y coer-
           ce igual de grave cuando hablamos de obras artísticas. Vuelvo   ciones políticas de la época. Una gran perversión. ¿Por qué uno
           a Tabarovsky: “¿quién dijo que la literatura tiene alguna rela-  debería acoplarse a la mentalidad de su tiempo? El arte existe
           ción con el respeto? No falta mucho para que a la literatura   para tener la libertad que no se tiene en la vida civil, para que
           se la llame Educación Cívica. Estamos en el tiempo en que la   no existan leyes ni moralidad. Yo no puedo pasar un semáforo
           novela hace de la concesión su norma, el tiempo de la política   en rojo, robar un negocio, desnudarme en la calle: si se le apli-
           literaria del café con leche”.                         can estos límites a la ficción, qué sentido tiene el arte; es como
                                                                  una copia mala de la vida. Defender buenas causas te legitima
           Hipersensibilidad y autocensura                        como ciudadano, no como escritor.
           Hace poco presenté en un congreso una ponencia sobre obras
           literarias que representan personajes con defectos de visión.   Una discusión similar existió cuando se hablaba de lite-
           Alguien me preguntó si tales textos no caían en un ejercicio   ratura panfletaria en los años sesenta y setenta. La política
           de capacitismo, es decir, en una discriminación contra las   cultural de los regímenes socialistas privilegió aquellos textos
           personas con discapacidad. Me pareció una lectura muy ses-  con contenido explícitamente revolucionario. Se construyó
           gada, pero me resultó altamente significativo que el resto de   así un canon en donde el valor estético era sustituido por
           la discusión girara en torno a ello y se dejaran de lado toda   otras intencionalidades y en el cual la literatura era un mero
           la serie de funciones simbólicas que las obras proponían y   instrumento para el combate político. Quien no se plegaba a
           yo había descrito. Si la crítica literaria consiste sólo en ver   ello, quedaba fuera del presupuesto y dejaba de tener lectores.
           hasta qué punto una obra cumple con todos los requisitos   Cuando escribimos o leemos con ojos policiacos (bien in-
           de la moral en boga, no sólo simplificaremos los complejos   tencionados, pero policiacos), ¿qué tan lejos estamos de esos

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