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Fiscalizar textos y autores bajo lógicas

              i         policiacas tiene efectos contrarios a los
                        buscados.












          presupuestos del realismo socialista, de esas escrituras “correc-  castigo. ¿Alguien recuerda las políticas de tolerancia cero
          tas”, pero acotadas, superficiales y absolutamente olvidables?  (y su “teoría de las ventanas rotas”) implementadas por
             En cualquier caso, el fenómeno tiene múltiples aristas y   el alcalde Rudolph Giuliani a principios de los noventa
          ha generado un ecosistema que reduce las formas de lectura   en Nueva York? Se trata de un enfoque represivo contra
          y escritura a un maniqueísmo simplificador. Obras bienpen-  cualquier ruptura de la norma, por mínima que sea, con la
          santes vs. obras incorrectas; autores ideológicamente puros vs.   finalidad de que funcione efectivamente el imperio de la ley
          autores cancelables; formas de vida aplaudibles vs. compor-  y se reduzcan los delitos desde su más bajo escalón. Traigo
          tamientos censurables. No digo que la corrección política no   a colación la tolerancia cero porque la cancelación de obras y
          tenga un valor, ni que no exista el derecho a la denuncia y a   autores no es otra cosa que una ampliación a la esfera de la
          la protesta. Lucía Lijtmaer escribe en su libro Ofendiditos un   producción artística, de dicha política pública, que no ata-
          alegato en contra de quienes critican la corrección política y   caba las bases profundas de la delincuencia (la desigualdad
          tachan de censura a quienes la practican. Y en cierto sentido   del conjunto social), sino sólo sus síntomas (los comporta-
          tiene razón: mucha de la derecha más reaccionaria rechaza lo   mientos ilícitos de cada persona), de modo que establecía
          políticamente correcto para justificar las distintas formas de   un enfoque punitivo e individualista. Y por supuesto, alen-
          dominación de las cuales participa (Trump es un ejemplo claro   taba el antagonismo, los estigmas sociales, la persecución, la
          de esta postura). Además, la lucha por la desestigmatización   descartabilidad humana y el ideal de higiene social propio
          de los sujetos subalternos y el derecho a que se representen sus   del neoliberalismo y de la cultura ultraconservadora. Evitar
          formas de vida en la ficción y los medios masivos es incuestio-  la contaminación, preservar la pureza y rechazar a todo
          nable. El problema con la perspectiva de Lijtmaer es que deja   aquel que se lea como amenaza… ¿no son justamente esos
          fuera todas las posturas intermedias, como si toda crítica a la   los valores que se derivan de la práctica de la cancelación?
          corrección política viniera de la derecha. Y no, la han plan-  ¿Hay realmente cultura humanista en ella?
          teado feministas, defensores de derechos humanos, filósofos   Me parece que, además de cultura antidemocrática y
          de izquierda… con argumentos muy diversos. Por eso digo   deshumanización, hay en todo esto un disciplinamiento del
          que es necesario entender que el fenómeno artístico es muy   deseo. Cuando se establecen formas de escribir permitidas
          complejo (su creación, circulación y recepción implica diversas   y prohibidas no tardan en aparecer policías de la moral.
          capas de sentido) y que acotarlo a dicotomías tajantes y exclu-  Están por todas partes, consideran válido irrumpir en la
          yentes, sin gama de grises, tampoco ayuda. Y, sobre todo, no   vida privada ajena (como cualquier régimen autoritario)
          permite comprender cómo las luchas por las libertades, contra   y nos dicen quién, cómo y por qué debe ser expulsado de
          las violencias y a favor de los derechos, paradójicamente, han   las librerías, las redes y los círculos de afines —ese cielo de
          contribuido a aumentar los niveles de sensibilidad y el umbral   los justos. Utilizo este vocabulario con toda intención. Las
          de intolerancia a través de lógicas punitivas.     políticas de la cancelación tienen una fuerte carga religio-
                                                             sa, remiten al sectarismo devoto y a la excomunión. No es
          Policías de la moral                               extraño que en una cultura política tan religiosa como en
          En su libro El conflicto no es abuso. Contra la sobredimensión   la que vivimos se adopte la cancelación como mecanismo
          del daño, Sarah Schulman afirma que estamos en una época   de exclusión, represión y castigo. Hay una dimensión reli-
          con una fuerte crisis político-afectiva que ha propiciado   giosa, aún sin reflexionar, en el resorte punitivo. Claro, no
          un estado generalizado de sospecha, un incremento de la   es la primera vez que se reducen las libertades creativas, las
          regulación social de los códigos, un antagonismo morali-  representaciones corporales, las transgresiones estéticas con
          zante vinculado al triunfo cultural de las nuevas derechas   la finalidad de controlar el deseo desde posturas inquisito-
          y, sobre todo, un mayor control de los comportamientos   riales. Tampoco es la primera vez que la persecución de las
          a través de formas de criminalización que privilegian el   palabras debe ser combatida.

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