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Infantilizar a los lectores es una tradición
autoritaria: los libros adquieren su lugar y
su valor en la historia a partir de lecturas
recurrentes.
reproduciendo juicios instantáneos y participando de lecturas de la intransigencia, obra que nos ayuda a comprender mejor
acotadas que todo lo reducen al bien y el mal absolutos? lo que hay de reaccionario en los discursos. Algo que enseña
La tecnología (o cierto uso masivo de ella) nos ha vuelto Hirschman es que tanto las retóricas que detentan valores
sujetos deplorables. La experiencia de instantaneidad vincu- conservadores como aquellas que sostienen ideas progresistas,
lada a la velocidad de las redes (existen setecientos mil posts pueden ser igual de intransigentes y gestar regímenes de opre-
por minuto) limita los tiempos y los espacios de reflexión sión (ya lo vimos durante el estalinismo) debido a las formas
sopesada para pensar, con complejidad, formas críticas que de enunciación que contienen y los modos en que excluyen la
vayan más allá de la inmediatez. Pongo un ejemplo: se de- discusión, el diálogo y la polémica.
nuncia a un escritor, las librerías deciden dejar de vender En cualquier caso, es peligroso que concibamos la crítica,
sus libros, las redes sociales lo celebran, quienes repostean la lectura y la literatura en general como tecnologías puni-
el asunto obtienen prestigio en el proceso (por solidarizar- tivas. (Quizá esté ahí una de las razones de la crisis de las
se ante una buena causa). Todo parece íntegro, virtuoso y humanidades). Existen otras formas de lidiar con la violencia
conducente. Sin embargo, y es algo que no podemos olvidar, simbólica y también con las agresiones que van más allá de
estamos ante un ejercicio de censura discursiva. ¿Ese silencia- los textos, sin caer en la prohibición. También deberíamos
miento produce culturalmente algo más que autocomplacen- abandonar la actitud paternalista que hace de los lectores
cia, superioridad moral, acumulación de prestigio y la perma- sujetos que es necesario proteger. Confío en que los lecto-
nencia en el círculo de los puros? ¿Puede haber otros modos res tienen agencia para apreciar y discutir lo problemático
de lidiar con la violencia derivada de la cultura letrada más de un texto. Sostener esto es apostar realmente en favor de
allá de esas respuestas automatizadas llamadas punitivismo, la lectura, no sólo como experiencia individual, sino como
supresión y ostracismo? gestación de una comunidad deliberativa que polemiza y
debate. Infantilizar a los lectores es una tradición autoritaria:
La lectura crítica como política cultural los libros adquieren su lugar y su valor en la historia a partir
Decía Brigitte Vasallo que si algo necesitamos son las palabras de lecturas recurrentes, diversas y cambiantes a lo largo del
y las obras producidas por los violentadores, y que, en lugar tiempo, no por la censura gestada a partir de las intenciones
de excomulgarlos, deberíamos estudiar sus escritos con el fin moralizantes de un presente específico.
de detectar los fundamentos de las prácticas contra las cuales Imaginemos un mundo en el cual Mario Levrero, Jorge
deseamos vivir. Hay que entender que también los textos con Ibargüengoitia o François Rabelais, esa suma de desenfados
violencias simbólicas son útiles para pensar la realidad, son y provocaciones, desaparecen. Esto no está muy lejos de
fundamentales para problematizarla. Más allá de la moral de existir, sus obras pueden ser cancelables de acuerdo con las
los autores y de los textos, lo que vale la pena remarcar es la lógicas del momento. El efecto liberador del humor, nos dice
libertad de los lectores para darle otros usos (críticos) a las Umberto Eco, depende de su capacidad de transgresiones
obras. Y no olvidar que todo artista tiene derecho al error y morales. Si algo quedará muerto, en principio, gracias a los
requiere espacios de diálogo para los posibles aprendizajes excesos de la corrección política, será el humor y la ironía, tan
derivados de la crítica y la autocrítica. No digo que cada vio- fundamentales para la crítica y la denuncia. Por eso, más que
lentador será capaz de asumir autocríticamente los juicios en pensar en limpiar las obras de rasgos machistas, gordofóbi-
su contra, por supuesto. Pero la simple cancelación nos arre- cos, coloniales o etarios, habría que proponer maneras de leer
bata esa posibilidad y tantas otras, además de cercenar lo que e interpretar que permitan miradas críticas no maniqueas,
también es el relato de un otro, incluso el relato de quien es que posibiliten valorar los sentidos de realidad que cada obra
nuestro adversario político. Y que acaso se parece más a noso- abre, sin dejar de cuestionar aquellos que le fueron vedados.
tros mismos de lo que imaginamos. Alguien que sabía bastante La batalla cultural depende de la complejidad de la lectura,
sobre esto fue Albert O. Hirschman, quien escribió Retóricas no del simple acceso o no a los textos.
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