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oscuras del alma” (como las llamaba Breton) tanto del   presar del mejor modo, nuestro pensamiento y nuestra forma de rela-
          autor como del lector y eso funda la experiencia estética   cionarnos con el mundo. Hablar, escribir, leer… no son sólo maneras de
          -que es siempre un excedente de sentido. Cuando lee-  expresar y activar el pensamiento, no sólo nos capacitan para discernir.
          mos entablamos una relación con la otredad que va más   En realidad fundan juicios sobre el mundo, crean criterios y principios,
          allá de las palabras, pero que depende de ellas.  posibilitan la reflexión crítica y la imaginación creativa.
               El placer que proviene de la lengua tiene que      Las palabras son siempre una búsqueda y a veces un hallazgo. Ilu-
          ver entonces con un re-conocimiento. ¿De qué? De los   minan un camino al final del cual, con dedicación y pasión, es posible
          otros, pero sobre todo, de nosotros mismos. Me expli-  encontrar cierto sentido (expresivo, existencial, político…). Octavio Paz
          co. Las palabras designan el mundo, responden a él y   lo expresa en estos términos: “No escribo para saber lo que soy, sino lo
          lo representan. El lenguaje es abstracción, pero es abs-  que quiero ser”. Nuestra responsabilidad frente al lenguaje radica en
          tracción de una realidad en la que estamos insertos. Es   volverlo un puente que nos acerque a los otros, de modo que podamos
          decir, se trata de una abstracción de eso que somos y de   asumir sus palabras como un valor. Hablar y escribir son vías de acceso
          los lazos que establecemos con los otros, con las cosas   al rostro íntimo de los otros, a la mirada peculiar de alguien que ve el
          y con nosotros mismos. Más atrás decía que concibo el   mundo de otra manera.
          lenguaje como un territorio, un lugar donde es posible      Visto así, el lenguaje puede ser un territorio para el encuentro, pero
          el encuentro con experiencias ajenas, con seres desco-  también una forma de liberación interior; en buena medida implica un
          nocidos. Pero ese encuentro con los otros es también   lugar de comunión y, por lo mismo, un método de salvación. Por ello,
          hallazgo propio. José Emilio Pacheco escribió “No lee-  además de constituir un placer imprescindible, los libros siguen siendo
          mos a otros: nos leemos en ellos/ Me parece un milagro/   uno de los pocos espacios de resistencia donde el compromiso con la
          que alguien que desconozco pueda verse en mi/ espejo”.   lengua sigue vivo, donde el lenguaje sigue teniendo espesor y sentido, y
          Algo parecido ocurre cuando escribimos. La escritura,   donde somos capaces aún de comunicar verdades humanas. Los libros
          en tanto crea discursos, estados de ánimo, modos de   siguen siendo, a fin de cuentas, la posibilidad de recuperar ese asombro
          hablar… permite tomar conciencia de nuestro estar en   infantil que nos abre las puertas a un contacto más humano y más go-
          el mundo y al mismo tiempo hace posible proyectar-  zoso con el mundo n
          nos sobre él. En una entrevista Louis Timbal-Duclaux
          decía que “escribir es nacer de nuevo. Darse a luz uno   Jezreel Salazar es adicto a la literatura, el cine
          mismo. Recrear el goce. Es, en fin, ser doble”. El len-  y la ciudad. En sus ratos de ocio imparte clases en
          guaje transforma lo que toca, y lo primero que toca es a   la UACM y en la Facultad de Filosofía y Letras de la
          quien escribe. Según Octavio Paz “en el momento de la   UNAM. Obtuvo el Premio Nacional de Ensayo “Alfonso
          creación, aflora a la conciencia la parte más secreta de   Reyes” por su libro La ciudad como texto. La crónica
          nosotros mismos. La creación consiste en un sacar a luz   urbana de Carlos Monsiváis. Adora los aforismos,
          ciertas palabras inseparables de nuestro ser”.  especialmente los de Kafka, Wilde y Lichtenberg.


            IV. Placer y responsabilidad
            Toda experiencia estética implica una actividad
          ética. El placer siempre conlleva una responsabilidad.
          Cada vez que nos acercamos al lenguaje, ya sea oral o
          escrito, nos enfrentamos a esa frontera que colinda con
          la moral. En la medida en que las palabras conforman
          nuestro mundo y hablan de lo que somos y desea-
          mos, es ineludible establecer un compromiso
          con ellas. Si las palabras tienen significa-
          dos que pueden ser ambiguos e incluso
          contrarios, nuestro deber                                                  ¡Qué rica es la
          es clarificarlos para                                                    lengua española!
          poder ex-










          Palabrijes 00 otoño 2007                                                                              11
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