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Una Palabra, bien visto, es algo intangible, como Un gemido, como Un

              erUcto Perdido en Una cantina atestada de borrachos delirantes.
          una de tantas conversaciones, entre un tinto y un Piel Roja, tienen
          una extraña fijación con la Ch. “Pachucos, cholos y chundos/                                   de estos sud-
          chichinflas y malafachas/ acá los chómpiras ri-                                          americanos. Esto lo
          fan/ y bailan tíbiri tábara”, pensé in-                                         comenté, por supuesto, con Ale-
          mediatamente, y  asentí.                                              jandra, y ella respondió que cosa similar le ha-
          Los colom-                               bianos  tie-  las chingaderas en general, cuando estuvo en México.
                                                                      bía ocurrido a ella con los güeyes, pendejos, cabrones, chales y
                                                                  La última noche que pasamos juntos, al son de un ron Caci-
                                         nen una extraña fijación  que y jugando un juego de cartas que se llama cabeza de mierda,
                               con  la vaina, respondí, y le recordé  reflexionamos sobre el papel identitario que juega el discurso oral
                      que alguna vez un profesor nos había comentado,  -con todas sus variables posibles, que son infinitas- en la fijación
          en tono de broma, pero muy en serio, que la vaina es para los co-  de significados al interior de una comunidad, y cómo esta ora-
          lombianos lo que el ser es para Heidegger. Ignoro qué pensó ella,  lidad puede transformar las partes más sensibles de un entorno
          pero soltó una risotada y asintió -supongo que aceptó de buen  cualquiera. Pensamos en el significado de un grito de auxilio, en
          grado la analogía, ya que ella también, entre otras cosas, había  la palabra socorro, en particular, que pronunciada en el contexto
          estudiado algo de filosofía. Continuamos conversando sobre las  equivocado y con el tono equivocado, puede dar a entender que
          peculiaridades semánticas regionales y ambos concluimos que la  estás llamando a alguien con ese nombre; pensamos en la palabra
          palabra no es más que la expresión en sonidos de patologías per-  pendejo, en particular en la oración cuando yo era un pendejo, que
          sonales o comunitarias.                              dependiendo del país en el que estés puede significar, cuando yo
            Mi experiencia en tierras sureñas fue, entre otras cosas, una  era un niño, o bien cuando yo era un imbécil; pensamos también en
          experiencia oral -en el doble sentido del término. En todo el  la palabra vieja, que en Chile denota a la madre y en México a
          tiempo que rolé por allá me divertí sobremanera uniendo campos  la novia, de modo que decir mi vieja, puede significar cosas ra-
          semánticos entre las expresiones y conceptos locales y las expre-  dicalmente distintas y perversamente similares; pensamos en lo
          siones y conceptos chilangos, así como entre los fluidos bogotanos  que culero, güey o cabrón pueden significar dependiendo del tono
          y los chilangos. Uno de los conceptos más notables y de riqueza  que se les da en la enunciación, ya sea de amistad o de desprecio;
          incalculable es, sin duda, la verga, concepto que los sudamerica-  y pensamos, sobre todo, en la significación política que tiene toda
          nos -particularmente los venezolanos- explotan con una vastedad  palabra que se pronuncia, en la impronta identitaria que tiene la
          envidiable y una serie de matices expresivos que, en México, quizá  palabra al interior de las comunidades, como la vaina, la verga y
          sólo pueden compararse con la chingada. La verga tiene, en el sur,  la chingada.  El uso que le damos a la palabra, con todo y su fu-
          connotaciones que rebasan el pobre y desgastado uso falocéntrico  gacidad, finalmente, nos arraiga a ciertos usos y costumbres, nos
          que solemos darle en el D.F. y que, quizá, tan sólo en algunas par-  genera un espacio de pertenencia a una comunidad determinada
          tes del sureste mexicano se alcanzan a rozar. Vergación es tal vez la  y nos abre espacios de sentido determinados por ella misma; el
          instanciación más notable de este concepto, que se utiliza, más o  mundo que nos circunda, y las relaciones que establecemos con
          menos, como para decir que ya se chingó la cosa.     él, dependen de las palabras con las que nombramos ese mundo
            Las palabras, sin embargo, palabras son. Apenas se emiten,  y los actos que en él acaecen.
          desaparecen -salvo en el discurso escrito, pero esa es arena de   Hablar, me parece, es una cosa paradójica, pues al mismo
          otro costal y tema de otra reflexión. El discurso oral es una cosa  tiempo que conserva la lengua, la actualiza, renueva, regenera y
          rara, inasible más que por la memoria -y eso, contando con las  transforma. La palabra hablada da cuenta de cómo pensamos y
          trampas que ésta suele jugarnos, no es ninguna garantía. Una pa-  sentimos al mundo. De aquí su radical importancia, pues su vas-
          labra, bien visto, es algo intangible, como un gemido, como un  tedad o su pobreza denotan siempre nuestra vastedad o nuestra
          eructo perdido en una cantina atestada de borrachos delirantes.  pobreza; los matices y las inflexiones con las que nos desenvolve-
          Mirando cuidadosamente, podemos advertir que el discurso oral  mos en la vida se expresan prístinamente en nuestra lengua ha-
          es siempre un acto singular, pues se pronuncia en un aquí y un  blada. La lengua es una cosa abierta, siempre abierta a sí misma y
          ahora irrepetibles -como un ósculo, que también es oral y nunca  a lo que queramos hacer de ella -y de nosotros mismos.
          se da de la misma manera. A pesar de que lleva en su seno la larga   Cuando volví a México, después de mi calidoscópica expe-
          cadena de repeticiones lingüísticas que le brindan algún sentido,  riencia y con una cruda de los mil diablos, no podía más que pen-
          la oralidad resignifica constantemente el lenguaje, pues el contex-  sar, desde el ensanchamiento de mi vocabulario -es decir, desde
          to, el tono y la vehemencia de la pronunciación, alteran siempre  el ensanchamiento de mi mundo-, que, en efecto, Bogotá es una
          en algún sentido su significado.                     ciudad del putas n
            Entre manes, panas, chamos, vergas, triples-mal-paridos, y vainas
          -sin descontar, por supuesto, el reguetón, el ballenato, y el contoneo
          delirante de los cuerpos transcurrió mi fascinación por el lenguaje   Además de neurótico, maniático y liviano, Bily López es maestro en Filosofía y escritor miscélaneo.
          Palabrijes 00 otoño 2007                                                                              21
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