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Por Jezreel Salazar
Este texto forma parte del libro Sentido de fuga. La ciudad, el amor y la escritura, que pronto
saldrá a la luz bajo el sello editorial de la UACM. El libro obtuvo el Premio nacional de crónica
urbana “Manuel Gutiérrez Nájera” 2007 que otorga nuestra Universidad. Vaya pues una probadita
para nuestros lectores.
Foto por erika ruiz Vitela
quién culpar? Esta vez no se trata de los malos conductores, la de fijar su camino hacia el centro de la tierra. Se ha abierto un hueco
¿A ausencia de señales o un semáforo descompuesto. Es simple- en la prisión. No importa nada. Ni el tráfico, ni el claxon de los coches,
mente el mar cayendo sobre el asfalto. La ciudad es un puerto cerrado y ni los niños descalzos refugiados debajo de un cartón. La escarcha es
congestionado; mil barcas quieren partir pero estorban sus destinos las mágica y bella. Como la nieve del Nevado de Toluca, formando el torso
unas a las otras. Estoy tras el volante, atrapado en un traje gris, escuchando de un muñeco sobre el cofre del auto de mis padres. Como los aretes
las blasfemias habituales de un locutor de noticias sordo. Junto a mí, pero de concha de esa niña en Boca del Río. Como el vestido que nunca se
a infranqueable distancia, otros cientos de conductores como yo piensan puso Rebeca. De pronto, sí, todo se ha vuelto recuerdo, nostalgia de
lo mismo: qué hago aquí, cómo salgo de aquí. Sobre el cofre cae el maná otro tiempo, en medio de la ciudad que es ahora, por un solo instante,
frío, el blanco golpeteo del agua-piedra. El metal recuerda tambores de un querido infierno blanco, hasta que empieza a disminuir la lluvia, ca-
otras épocas, estruendos que son mensajes cifrados: “somos de un mundo llan los golpeteos metálicos, los coches comienzan a avanzar y hay que
distinto”, “en este instante podrías estar en otro lugar”. Se intensifica el lati- meter primera para finalmente llegar a casa, donde nadie espera.
do de la lluvia mientras a los costados del automóvil avanza un hermoso
río blanco. Crece y engulle lo que está a su paso: hormigas, ramas secas,
polvo, bolsas de aluminio. No veo más. Sólo una pared de agua blanca, Jezreel Salazar es un voyerista consumado, lo que lo ha llevado a ver la ciudad como si fuese un set
como un bordado en movimiento, un rápido hilado vertical que no cesa de espectáculos irreverentes y mágicos. imparte clases en la UaCM y en la UNaM.
Palabrijes 01 primavera 2008 33

