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por su detención. Con esta escena, un tanto chusca, Park Chan-wook lo-
          gra atraparnos con una especie de “catarsis  cómica”. Sin embargo, poco
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          dura este efecto ya que, al igual que su personaje, no dejará al especta-
         dor ni un minuto de respiro en este thriller con tintes de tragedia griega.
            Inesperadamente, el director nos lleva a un sólo escenario: un pe-
         queño cuarto, sucio, sin ventanas, cuyo único ojo es una cámara por
          la que es observado Oh Daesu, quien ha sido secuestrado al salir de la
         oficina de policía y apartado de todo contacto humano por alguien y
         por algo.
            Una televisión será el único lazo de este personaje con el exterior,
         con aquella realidad que un día vivió; una realidad de la que fue aparta-
         do hace quince años. Por este medio, aprende una vez más a “hablar”;
         adquiere el lenguaje, las palabras, los modismos. Se vuelve su amante,
         su confidente. Repite una y otra vez las frases salidas de esa pantalla
         como si ese acto fuera la única posibilidad de sentirse humano y vivo
         una vez más.
            Somos nosotros, los espectadores, los únicos testigos de la transfor-
         mación de Oh Daesu, de su silencio y su envejecimiento paulatino. Aho-
         ra sólo escuchamos sus pensamientos; su voz ha desaparecido: “¿Por
         qué?, ¿qué hago aquí?, ¿a quién he dañado con mis palabras? Aunque
         no soy peor que una bestia, ¿no tengo derecho a vivir?” Para mitigar esta
         angustia y aferrarse a lo poco que le queda de humanidad, Oh Daesu
         comienza a escribir un diario donde hará el recuento de aquellas perso-
         nas a las que tal vez hirió con sus palabras o actos.
            Justo antes de olvidar su esencia, de dejar de ser humano, de perder
         aquellas últimas palabras aprendidas por el televisor, sorpresivamente,
         después de quince años de encierro, Oh Daesu es liberado y abandona-
         do en una azotea por su propio raptor.
            Un celular, un reloj, un traje, dinero y un sólo tip, recordar aquellas
         palabras que en un tiempo remoto salieron de la boca de Oh Daesu, son
         los elementos que el raptor le ofrece para descubrir el porqué de esta
         historia de venganza y odio. De aquí en adelante no podrá escapar a su
         fatídico destino.
            Old boy es una película impresionante, no sólo por la historia sino
         por la fotografía, la música, el vestuario, los escenarios y efectos espe-
         ciales. Muy recomendable la trilogía completa. Se puede conseguir en
         formato DVD en tiendas especializadas en cine de arte.



          1 (Del gr.                  , purga, purificación). entre los antiguos griegos se llamaba catarsis a la purificación ritual
          de las personas o cosas que tenían alguna impureza. Posteriormente, en la tragedia griega, era el efecto que se
          causaba en el espectador al suscitar y purificar la compasión, el temor u horror y otras emociones al sentirse   Elena Román  es teatrera de formación, amante del cine, la música, la danza y la literatura; se ha
          reflejado en el personaje trágico.                   dedicado a la difusión  y promoción cultural. actualmente es profesora-investigadora de la UaCM.
          Palabrijes 01 primavera 2008                                                                          35
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